06/12/2001 | 732

En el Frenapo apoyan el «Cavallazo»

No bien se conocieron las medidas de congelamiento financiero, hubo un banquero que salió con los tapones de punta a apoyarlo: Carlos Heller, gerente general de Credicoop, miembro del Instituto Movilizador, auspiciante y visitante asiduo de los programas de Aliverti y, por último, miembro del Frenapo, que impulsa la «consulta popular».


«No comparto la idea *dijo el banquero «progre»*, que se trate de un congelamiento (de los depósitos), sino que se trata de lograr que no haya fuga del sistema» (¡ah!). Pero no sólo esto, porque además «se quiere dar definitivamente un paso muy fuerte en el sentido de blanquear al máximo la economía, evitar la evasión y mejorar la recaudación» (La Nación, 2/12). ¿Qué tal? ¿Cavallo en el gobierno; Frenapo y el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos en el poder?


Es obvio que la opinión de Heller está dictada por sus intereses de clase de banquero. En los momentos decisivos, esos intereses le dictan las opciones «ideológicas». Pero ésta es la clase de «aliados» que la CTA ha elegido para la «consulta popular». Heller parece estar de acuerdo con el subsidio de 380 pesos para jefes de familia desocupados, siempre que no arruinen el «paso muy fuerte» dado por Cavallo.


Heller, sin embargo, no está solo porque igual que él opina un frenapista de último momento, Aníbal Ibarra. Para el intendente porteño, pero por sobre todo jefe máximo del Banco Ciudad, «las medidas… tienen aspectos positivos, porque limitan la fuga de capitales al exterior y promueven forzosamente el blanqueo y la bancarización» (Página/12, 5/12).


Lo que estos planteamientos dejan en claro es que el Frenapo apoya el rescate capitalista del sistema bancario. No solamente lo hace forzado por la amenaza de bancarrota sino también en defensa de los banqueros locales frente a la exigencia de una parte de la banca extranjera para que se declare el «default». El enfrentamiento entre «locales» y «foráneos» tendría una expresión inminente en el alejamiento del Banco Galicia de la ABA y su ingreso a Abappra (donde están el Credicoop y el Ciudad). Sólo haría falta, ahora, que Escasany ingresara al Frenapo; después de todo, él e Ibarra ya hicieron frente común en la reciente conferencia de la Unión Industrial.


El ala «jacobina» del Frenapo no opina muy diferente de Ibarra y Heller. Claudio Lozano, de la CTA, también califica a las medidas de Cavallo de «imprescindibles», aunque denuncia su «bastardeo», por la adopción simultánea de la «dolarización» (Página/12, 5/12). Saluda el «control de cambios» y las «medidas restrictivas financieras», pero escamotea que responden a un salvataje en beneficio de los banqueros, tanto «locales» como «extranjeros». No ignora, sin embargo, que la «dolarización» es un compromiso de última instancia para que los «extranjeros» y el FMI no provoquen el «default» y la devaluación, los cuales harían fracasar las medidas «imprescindibles» tan caras a Lozano y descargarían la crisis financiera principalmente sobre la banca «local». Cuando reprocha a «las medidas», «el modo de resolver conflictos… por rentas extraordinarias (entre) las fracciones del poder económico», simplemente oculta que algunas de ellas están en el Frenapo o tienen compromisos con ese «poder».


Lozano plantea resolver la crisis con métodos, no anti-capitalistas, sino capitalistas, es decir que preserva el orden existente con medidas fuera de lo corriente, como acaba de hacer también Cavallo. Por eso no plantea una medida «nacional» por excelencia, la estatización sin pago de los bancos y el cese del pago de la deuda externa. También por eso defiende los «instrumentos» de Cavallo, pero «puestos al servicio de una estrategia que potencie el uso del peso desvalorizando la economía nacional». Pero la desvalorización de la economía nacional significaría una redistribución regresiva del ingreso mundial, en perjuicio de Argentina, y lo mismo dentro del país contra los salarios.


En esto concluyen los defensores de la redistribución del ingreso.

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