19/12/2002 | 785

En las vísperas del 19 y 20

«Ustedes llaman a movilizarse el 19 y 20 para que se vaya Duhalde, por un nuevo Argentinazo y una Constituyente que reemplace al gobierno. ¿Cómo se lograría y qué sería esa Constituyente»? Cuando Marcelo Zlotowiajda, en el programa Periodistas del pasado domingo, hizo esta pregunta a Raúl Castells (Mijd) y Néstor Pitrola (Polo Obrero) estaba dando una medida de la situación política.


El periodista estaba dando crédito a la alternativa de poder planteada por un conjunto de direcciones piqueteras, Asambleas Populares, el Mijd y el PO (ver PO N° 781) frente al completo fracaso del gobierno en superar el derrumbe social y encontrar una salida a la descomposición política del régimen.


En el lapso de una semana el gobierno pasó de reclamar «la disolución del FMI», en boca del canciller Ruckauf, y alentar la «línea» de negociar por separado con el Banco Mundial y el BID, a admitir que no había manera de «puentear» al Fondo; luego dejó trascender una «sorpresiva coincidencia sobre cifras del plan económico que se viene» y volvió a anunciar la posibilidad de un acuerdo inminente (La Nación, 18/12). La estrategia de acordar con el FMI ha sido la viga maestra de la política del gobierno: ha destinado al pago de la deuda 4.800 millones de dólares «frescos» en el 2002 y asigna el 22% del presupuesto para el 2003 al pago de intereses. Pero al FMI le importa por sobre todo condicionar el proceso político y las propias elecciones.


El gobierno dice que ha puesto fin a la recesión, pero despues de una caída del 30% la suba de un 1 ó 2% no significa nada. No hay posibilidad de relanzamiento de la economía en un país donde el salario cayó un 30% y la canasta alimentaria un 73,8% en lo que va del año. El gobierno carece de candidato propio para el PJ, otra medida de la crisis.


Bancarrota nacional


Por esta agudización de la crisis política, la convocatoria a ocupar la Plaza de Mayo y todas las plazas del país de parte de las organizaciones piqueteras y Asambleas Populares ha adquirido tal fuerza y producido una delimitación política tan aguda. El gobierno de Duhalde, que usurpó el poder con el voto de una Asamblea Legislativa desautorizada por la rebelión popular, no ha podido cumplir con lo esencial del mandato que le confirió la clase capitalista: neutralizar y revertir la situación revolucionaria creada por esa rebelión. La instalación del 19 y 20 como una jornada de movilización por Que se vayan todos, Fuera Duhalde Ya, y aun por una Asamblea Constituyente, es una victoria política para el movimiento de lucha que se orienta a superar las acciones aisladas.


La campaña del gobierno por asegurar su supervivencia choca con la bancarrota nacional. Tres gobiernos provinciales (Entre Ríos, Tucumán, Neuquén) se encuentran en la cornisa, centros del crecimiento vertiginoso de la pobreza y de la descomposición política completa y absoluta de los estados (los municipales no perciben, en la provincia del Litoral, sus salarios desde setiembre). Pero decenas de municipios (Esquel, Berazategui, Centenario, Salta) están en los bordes de un estallido político.


La Mesa del Diálogo


Porque es conciente de que se encuentra frente a una crisis irresuelta de características excepcionales, el gobierno ha apelado a la propia Iglesia para tratar de atenuar las tendencias a la movilización popular. La convocatoria a la jornada «por la paz» el 18 de diciembre es una iniciativa dirigida especialmente contra lo que la prensa llama el «nucleo duro» del movimiento piquetero. Los impostores, así debe llamárselos, actúan a cuenta del gobierno y han recibido el apoyo de la Cta, la Ccc y la Ftv. Luis D’Elía es vocero prominente de esta maniobra política. La Ftv y la Ccc militan en el campo del Diálogo Argentino, cuyo gran objetivo es monopolizar el manejo de los planes sociales y los recursos del Banco Mundial.


Los convocantes al 18 llaman a jornadas por la «convivencia social pacífica» y declaran que «la paz se construye con la justicia y con los métodos no violentos», pero no dicen una palabra sobre los crímenes impunes de los 43 asesinados desde la rebelión popular, un papel que corresponde a los encubridores de los crímenes políticos guiados, en el mejor de los casos, con la anuencia de las cabezas del poder político.


Asamblea Constituyente


La convocatoria a una Asamblea Constituyente soberana se impone como la conclusión del reclamo democrático por excelencia del momento actual: «Que se vayan todos». Para las masas, la bancarrota del capital, expresada en la muerte cotidiana de los pibes por desnutrición, se presenta como una crisis de representación política. Y a través de esta crisis de representación política se plantea el problema del poder. La consigna de la Asamblea Constituyente plantea una unidad de propósitos entre la clase obrera en lucha, las Asambleas Populares, los ahorristas y los vecinos confiscados, en base a una consideración elemental: para lograr «que se vayan todos y no vuelvan nunca más» es ncesario destruir el poder de Duhalde y los gobernadores, porque sólo destruyendo este poder se puede elegir una representación popular nueva, no de los viejos punteros sino de asambleístas, piqueteros, obreros de fábricas ocupadas, estudiantes, jóvenes de los barrios.


La rebelión popular ha inaugurado una nueva etapa histórica, que está en pleno proceso de maduración. Sobre ésta emergerá una autoridad proveniente del movimiento de lucha capaz de convocar a una Asamblea Constituyente soberana.


Proponemos esta reivindicación, realmente decisiva en el momento actual, para superar las limitaciones del Argentinazo de un año atrás, las limitaciones que permitieron la usurpación de la rebelión popular.

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