23/03/2021

Entrevista a Eduardo Salas: la lucha de familiares de detenidos-desaparecidos bajo la dictadura militar

Militancia obrera y golpe militar- a 45 años

“Debemos rendir homenaje a miles de luchadoras anónimas que tuvieron un gran papel en la caída de la dictadura militar”. Este señalamiento, con el que Eduardo Salas concluye una emotiva entrevista, tiene el valor de realizarse desde una experiencia militante. El “Largo”, como es conocido en el Partido, participó durante la dictadura militar en la Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos de Quilmes, Berazategui y Varela, la zona sur donde vivía en aquel entonces.

 

En el video puede apreciarse cómo Salas describe el proceso político vivo que implicó el desembarco a una actividad organizada para cientos de padres, madres, hermanos, hermanas, y familias en general que no tenían una militancia previa. Se trataba de personas que se volcaron a la pelea en las condiciones dramáticas de búsqueda de un familiar secuestrado por el Estado. Al respecto, Eduardo comenta anécdotas muy significativas. Un recuerdo ineludible fue el de Cata Guagnini, histórica dirigente de Política Obrera y fundadora de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. La creación de nuevas organizaciones en plena dictadura militar, como Familiares o Madres de Plaza de Mayo se explica al calor de una importante lucha de tendencias políticas. Salas destaca que, en un primer momento, las principales organizaciones de derechos humanos eran la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y la Liga por los Derechos del Hombre. La primera tenía el límite insalvable de su ligazón a partidos patronales que habían sido cómplices del golpe, como la UCR o la Democracia Cristiana. En el segundo caso, se trataba de una organización orientada por el Partido Comunista. El PC no impulsaba una confrontación en regla con la dictadura, pues esbozaba la caracterización de que Videla era un “ala democrática”; a la vez,  estaba condicionado por su sumisión a los intereses de la burocracia soviética, que realizaba negocios con la Junta Militar. De ese modo, las organizaciones “tradicionales” no contenían las necesidades de las familias, que se abrieron paso con métodos históricos de la clase obrera, incluyendo la acción política y directa, de las cuales Eduardo recuerda importantes ejemplos.

El relato de Salas suma fuerza a un concepto que recorrió todas las entrevistas que realizamos en Prensa Obrera en esta sección por el 45 aniversario del golpe: desterrar el mito de una dictadura militar que avanzó “sin resistencia” e incluso con la “complicidad” de la “sociedad civil”. Se trata de un relato interesado, al servicio de limpiar culpas de los verdaderos protagonistas de una masacre social sin precedentes, que aun hoy están en la cúspide la sociedad, como propietarios de los medios de producción. Lo mismo vale para sus personeros políticos, incluidos aquellos que buscaron reinventar su historia a posteriori, cuando en tiempo real se dedicaban a los negocios inmobiliarios.

Como dijo Eduardo, el mejor homenaje para esos miles de luchadores y luchadoras, algunos más conocidos, otros anónimos, es movilizarse masivamente mañana.

 

 

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