08/04/2020

Escuelas municipales de Córdoba: sin controles de salubridad en la entrega de módulos alimentarios 

La distribución de módulos alimentarios en los barrios más carenciados de la ciudad de Córdoba constituye un imperativo económico y sanitario en el marco de la pandemia del coronavirus: los estudiantes de las escuelas municipales pertenecen en su gran mayoría a familias conformadas por cuentapropistas, empleadas domésticas, desocupades y trabajadores agrupados en organizaciones sociales que pelean por conseguir planes sociales para paliar el cuadro de extrema desocupación que se vive desde hace décadas. Muchas de estas familias sobreviven con la AUH y amortiguan la pobreza con el comedor escolar. Desde que está establecida la cuarentena, sobrellevan su pobreza con los módulos que reciben. La escuela cumple para ellos una función social indispensable. Porque sus docentes conocen a sangre y fuego esta realidad, la tarea de repartir los módulos constituye, además, un imperativo moral: lo realizan los equipos directivos junto a los auxiliares procurando que la menor cantidad de personal docente quede expuesto a situaciones de contagio para garantizar que todos los alumnos reciban el alimento.


El requerimiento de hacerlo bajo condiciones de seguridad estuvo planteado desde el día en que se efectivizó la cuarentena dispuesta por el ejecutivo nacional, refrendada por las autoridades provinciales y municipales. Cuando se realizó la primera entrega de módulos por parte de la empresa de comidas S.A.S.A. (servicios de alimentación, sociedad anónima) desde la Agrupación Fucsia advertimos que no estaban garantizadas las normas de seguridad ni protocolares para atender el despacho. En tal sentido, enviamos notas a las autoridades municipales y gremiales del Suoem para advertir que no podía repetirse este procedimiento sin garantizarlas, ya que la circulación del virus se intensifica con el correr de los días y el riesgo de contagio es mayor. 


Sin embargo durante esta segunda entrega de alimentos, a juzgar por los barbijos aportados por la empresa de comida, las medidas de seguridad brillaron por su precariedad. Telas más próximas a harapos que a barbijos y guantes descartables. SASA es una de las numerosas empresas a las cuales el Estado municipal terceriza desde hace años servicios estratégicos: tiene una enorme planta de empleados precarizados a los que contrata por años de manera mensual, por sueldos irrisorios, y los obliga a trabajar bajo condiciones de explotación sin que haya ningún control por parte del Ministerio de Trabajo provincial. Esta empresa es la que distribuyó barbijos de indigencia para las escuelas a las que provee el servicio de comida.


El incidente no es un simple error: pone de manifiesto que la calidad de lo que se entrega carece de los controles necesarios y bajo la mirada cómplice del poder de turno. Frenar la pandemia garantizando la cuarentena de los sectores más humildes exige las medidas de bioseguridad para quienes trabajamos junto a ellos. El dinero del estado se dilapida en las inmensas facturaciones que realizan a las empresas privadas de diferentes rubros, pero particularmente vinculadas a alimentos y limpieza, sin que ello signifique calidad que vuelva a las familias, a los trabajadores municipales o a los propios empleados de las empresas tercerizadas. 


La operación se completa cuando, para justificar el déficit municipal generado por los descalabros económicos que avalan, pretenden recaudar descontando salario a los trabajadores.


Responsabilizamos a las autoridades municipales por la falta de control en los insumos destinados a garantizar las medidas de seguridad frente a la pandemia y de las consecuencias que podrían acarrear para los agentes y para las familias del barrio. 


Exigimos que se provean todos los insumos comestibles e higiénicos para que las familias trabajadoras puedan realizar la cuarentena que demanda esta pandemia sin la presión de retomar al cuentapropismo y al trabajo precario. 


Advertimos a las autoridades que no se realizarán próximas entregas sin los materiales adecuados y denunciamos que un accionar imprudente o negligente puede motivar un contagio masivo del cual, sin dudas, serán responsables. 



 

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