10/04/2003 | 796

Esquel contra la depredación

El saqueo de la gran mineria

El domingo 23, el resultado del plebiscito en Esquel fue abrumador. Más del 80% rechazó el proyecto minero El Desquite con una concurrencia récord a las urnas. Convocado como «no vinculante», terminó por ahora obligando a la minera canadiense Meridian a suspender el proyecto, y hasta el gobierno provincial tuvo que «instruir a las áreas pertinentes para que evalúen posibles acciones a seguir».

El rechazo a la construcción de la mina se fue abriendo paso en los últimos meses a pesar de tener en contra a una de las fuerzas más poderosas del país y del mundo, el lobby de la gran minería. Basta recordar la prepotencia del intendente de Esquel que hace cuatro meses afirmó que si el Concejo Deliberante aprobaba la convocatoria del plebiscito él lo vetaría, y ahora tuvo que tragarse el plebiscito y su resultado. El gobernador radical, oriundo de Esquel, estaba a muerte por el «Sí» y había anunciado que no respetaría el plebiscito por no ser obligatorio, y ahora no tuvo más remedio que acomodarse al resultado. El Cofemin (Consejo Federal Minero), en el que participan el gobierno nacional y representantes de todas las provincias mineras, se había pronunciado la semana pasada por desconocer el plebiscito considerando que no puede estar por sobre las leyes mineras de la Nación y que se ponían en peligro futuras inversiones mineras. ¿Qué dirán ahora?

Inicialmente las cámaras locales se inclinaban por el «Sí», pero fueron reculando a medida que la protesta popular ganaba las calles de Esquel y de toda la zona cordillerana. Los plebiscitos en Lago Puelo y Epuyén, localidades vecinas, el mismo día, fueron más abrumadores que el de Esquel: 766 a 2 en Lago Puelo y 541 a 9 en Epuyén (Infobae, 24/3). Quien se mantuvo hasta el final por el «Sí» fue la filial de la Uocra, que fue aplastantemente desautorizada.

Depredación y saqueo

La campaña contra la minera canadiense se apoyó en el impacto ambiental que implica su funcionamiento. Por su cercanía a la ciudad (6 km), por el masivo uso de cianuro que requiere el método de separación del oro (lixiviación), por la previsible contaminación de las aguas en una zona de Parque Nacional, por la cantidad de explosiones diarias que implica el funcionamiento de una mina a cielo abierto, etc.

Pero es indudable que el alcance que tuvo la movilización y el resultado del plebiscito superan ampliamente los problemas ambientales. Como señaló uno de los partidarios del «No», «acá no es sólo el problema del agua, éste es un no al saqueo. Es que se llevan todo y pagan menos que un kiosquero» (Página/12, 24/3). Otro preguntaba: «¿Qué sacamos con esto? El pobre va para abajo y el rico para arriba. ¿O no es así?» (ídem). En una zona con una gran desocupación, la zanahoria de que la minería traería trabajo no alcanzó para convencer al pueblo.

El saqueo que implica la gran explotación minera se está abriendo paso en la conciencia popular. No es sólo la depredación. Es la depredación y el saqueo. En el proyecto de Esquel, las grandes agresiones ambientales tan cerca de una ciudad en medio de un Parque Nacional y con una afluencia turística considerable (acentuada con la devaluación) actuaron como detonante.

Pero lo que debe ponerse en debate es el saqueo de la gran minería en los términos en que está siendo explotada en el país a partir de las modificaciones en la legislación minera del menemismo. El «patagónico» y «nacional» Kirchner ha sido un agente de los pulpos mineros durante todo este período. El domingo 16/3 la Provincia de Santa Cruz sacó un suplemento especial en Página/12 destacando a la minería de la provincia como «herramienta de desarrollo». Y allí Armando Traba, presidente de Fomicruz, se enorgullece de que dicha sociedad del Estado provincial, «a través de directivas expresas del Poder Ejecutivo de la provincia, único asambleísta de esta Sociedad del Estado», lleva adelante como socio minoritario de la Anglo Gold (que posee el 92,5% de la sociedad) la explotación del yacimiento de Cerro Vanguardia, a 100 km de San Julián, en las mismas condiciones ambientales que la Meridian sólo que más lejos de la ciudad. ¿Y la contaminación con el cianuro? ¿Y la contaminación de las aguas?

Fomicruz reconoce que el 100% de la producción (la barra doré de oro y plata como la que pensaban extraer en Esquel) se exporta, y que de acuerdo a las últimas resoluciones del gobierno Duhalde, el 100% de las divisas quedan en el exterior. Fomicruz recibe sólo las migajas de las regalías, como le ocurre a la Provincia de Catamarca con Bajo La Alumbrera, que además utiliza gigantescas cantidades de agua para extraer cobre y oro en una de las zonas más desérticas del país.

El saqueo minero no se va a detener por el plebiscito de Esquel. Hay que tener en cuenta que Meridian, aunque no es un jugador de «primera A» en el mundo de la gran minería mundial, compró hace pocos meses el proyecto Esquel y sus acciones se derrumbaron en lo que va del año más del 50%, después de haber sido una vedette el año pasado por dicha compra. No se va a quedar de brazos cruzados.

Por su parte, Barrick (que sí es de «primera A») sigue adelante con los proyectos en la provincia de San Juan (Veladero en primer lugar, Pascua Lama – binacional con Chile – más adelante). Barrick tuvo además el olfato de asociar a Techint en la construcción de la mina, comprometiendo así al mayor grupo burgués del país. Algo similar había hecho la Anglo Gold en sus comienzos con Cerro Vanguardia, llevando a Perez Companc inicialmente como socio junto a Fomicruz, para terminar comprándole su parte y quedarse con toda la torta.

Argentina es reconocida en los medios mineros mundiales como un gigante dormido. En las actuales condiciones, la explotación minera en marcha o prevista representa un gigantesco saqueo de los recursos naturales y la depredación del medio ambiente. La movilización de Esquel puede ser el punto de partida de un reclamo nacional para convertir a las riquezas mineras del país – tanto las que están actualmente en explotación como las enormes reservas comprobadas – en una palanca para un plan nacional bajo control y administración obrero que priorice los proyectos que no generen daño ambiental, que son muchos.

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