06/04/2000 | 661

«Felices pascuas»

Todo terminó como estaba previsto. Rico se amotinó durante varios días, según es su estilo pero por sobre todo como un acto de autoridad del aparato represivo frente al cacareado ‘poder civil’. Como Alfonsín en su momento, Ruckauf toleró la insubordinación de su ministro por las mismas razones de éste –para no mellar la autoridad de los represores. El final fue el mismo de hace quince años: Rico se volvió a sus cuarteles de San Miguel pero se aseguró de dejar el lugar a un cabal representante de la Bonaerense, el comisario Verón. Como en las Pascuas del ’87, los demócratas han saludado este resultado como una ‘victoria’. El pacto De la Rua-Ruckauf sigue en pie; el pacto de Ruckauf y el Frepaso bonaerense lo mismo; e Ibarra sigue prometiendo resolver los problemas de seguridad mediante la prohibición de la publicidad informal, el encarcelamiento de los que hagan graffitis y por sobre todo de los que corten rutas y calles para protestar contra la creciente explotación y exclusión sociales.


Por una vez, Prensa Obrera y La Nación coinciden: «Se fue Rico –dice el diario antiobrero–, no su política».

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