09/06/2011 | 1180

Frente progresista: ‘vaca yendo’ gente al baile…

El frente de centroizquierda que estarían por lanzar entre Binner, Solanas, Stolbizer y Juez despertó en el gobierno un entusiasmo que no tiene mucho fundamento y que se diluye ante la crisis política que genera el desbarranque de su sociedad con la fundación de Schoklender. La fractura definitiva de la oposición de cuño patronal entre Alfonsín y De Narváez, de un lado, y los centroizquierdistas, del otro, podría asegurar el triunfo oficialista en primera vuelta, pero primero deberá pasar la prueba de las elecciones provinciales en Córdoba y Santa Fe, donde una derrota del gobierno a manos del centroizquierdismo podría inaugurar una nueva polarización política. Todo lo que se puede decir es que se han echado las cartas: el bloque sojero que enfrentó a los K por la resolución 125 presenta ahora su ala derecha y su ala izquierda. Si Alfonsín fuera lo consecuente que pretende ser en materia de ‘realismo electoral’, ahora debería invitar a Macri y a Duhalde a participar de una interna común. Los progresistas justifican la ruptura en términos de principio (y se han ganado la adhesión de un ‘clásico’ de la UCR, Federico Storani), pero se empeñarán en hacer una campaña de derecha como les acaba de enseñar Ollanta Humala y, antes que el peruano, Lula y el uruguayo Mujica. El editorialista de Clarín, con sólidas razones, se animó a llamar al naciente Frente Progresista como una fuerza «entre moderada y conservadora» (8/6), porque Binner gestiona Santa Fe en función de los intereses del gran capital instalado en la provincia. En 2010, Binner suscribió el acuerdo de «base programática» con Duhalde, Macri, Alfonsín y Sanz, con la bendición de la Asociación Empresaria Argentina. Si se concreta el Frente encabezado por Binner, el Frente de Izquierda deberá enfrentar una nueva polarización política y la necesidad de un mayor rigor en la campaña electoral.

Que se bajen todos

Si la nueva alianza es funcional a los intereses electorales del gobierno, como insinúa Clarín, estaría expresando una división del trabajo entre ‘progres’, por un lado, y ‘nacionales y populares’, por el otro -los primeros en el gobierno de dos provincias y aventurando en la Ciudad, quienes colaborarían con el gobierno nacional. El proceso electoral sería el prólogo de una nueva maniobra del kirchnerismo (otra más), cuya consecuencia sería acentuar la crisis en el pejotismo y con la burocracia sindical. Si la crisis interna del oficialismo erosiona el potencial electoral de CFK, el nuevo de frente de Binner debería pactar un acuerdo con el por ahora repudiado Alfonsín. Las opciones están abiertas en el caso de que el PS y Juez avancen en sus distritos y De Narváez se quede con la provincia de Buenos Aires y Macri con la Ciudad. Gobernar desde la Rosada con los cuatro principales distritos bajo la batuta de una oposición, por dividida que esté, sería como recorrer el último tramo de la aventura que comenzó en 2003. Adónde irán a parar, en este escenario, los Sabbatella, Heller, Yasky y ‘Carta Abierta’: quedarán reservados al interés de los ratones de biblioteca.

Solanas ha tenido dos actitudes de prudencia: se puso corbata y declaró que el propósito del frente progresista son los distritos de Santa Fe, Córdoba y la Capital; podría perder en los tres. También prudente, Juez ya entabló negociaciones con la Cámara de Comercio y coquetea con los K, los que podrían romper con De la Sota. Principios o no, a los candidatos patronales los guía el más craso oportunismo personal.

Perspectivas

En cualquiera de las variantes que se ofrecen, la transición «sin sobresaltos» después de octubre es una fantasía. La crisis de Santa Cruz parece muy lejana, pero concentra todas las cuestiones de la etapa que se viene. La fuga de capitales y el agravamiento de la crisis fiscal y comercial comienzan a instalarse en el escenario de la campaña electoral. El gobierno del «desendeudamiento» tendrá que salir a tomar deuda en 2012 para solventar, entre otras cosas, la carga creciente de la deuda pública, pero antes deberá ‘sincerar’ la inflación y el tipo de cambio -es decir, un ‘ajuste’ o una devaluación.

La campaña del Frente de Izquierda se desarrolla en este rico terreno político. Por eso es esencial que desarrolle su independencia política de los bloques patronales que se caracterizan por su composición social pequeño burguesa y sus lazos con sindicatos combativos e intelectuales críticos. Una polarización a partir del surgimiento de un ‘frente progresista’ funcionará como un factor de crisis en la izquierda y de delimitación política. La movilización de la CTA, una colateral de Proyecto Sur, el miércoles 8, muestra una acción decidida a jugar su destino sindical en el campo del frente progresista. La línea convulsiva que sigue el proceso electoral debe alertar al Frente de Izquierda para explotar todos los esquinazos de la crisis para reclutar, crecer y avanzar.

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