08/08/2002 | 766

Ganó el ACAMPE

A pesar del cerco a Plaza de Mayo y de una enorme presión policial, el miércoles por la noche las organizaciones piqueteras instalaban su acampe frente a la Casa Rosada.


Más tarde, alrededor de las 19 horas, comenzaban a llegar las organizaciones y asambleas populares que una hora antes habían partido de Congreso.


Se cumplía de este modo, sin el menor atisbo de vacilación, una de las resoluciones fundamentales de la Asamblea Nacional Piquetera de obreros ocupados y desocupados.


A la misma hora, el cuerpo de delegados de Subterráneos de Buenos Aires obtenía una gran victoria al conseguir que la Comisión de Legislación Laboral de la Legislatura aprobara el proyecto de ley que reduce la jornada de trabajo en Metrovías a 6 horas.


Una reivindicación también de la Asamblea Piquetera.


Con el acampe se ha puesto de manifiesto una condición fundamental del movimiento piquetero: su carácter de representación soberana de los trabajadores en lucha frente al Estado capitalista. Los piqueteros ajustan su conducta a las decisiones de sus asambleas y pasan por encima de las disposiciones antagónicas del gobierno patronal.


El acampe no solamente está sellando cada vez con mayor fuerza la unidad de piqueteros y asambleístas.


Ha hecho algo más: cuando las tendencias que concilian con este régimen (y se suben al plan electoral trucho del continuismo) aprovecharon la visita del imperialista O´Neill para reducir el repudio a una exclusiva demagogia nacionalista, el acampe colocó al gobierno nacional frente a su propia responsabilidad de ejecutor práctico de la política del imperialismo y de los explotadores nacionales.


El acampe reclama la duplicación de los 150 pesos de los planes laborales, un salario mínimo indexado de 600 pesos y un subsidio al desocupado de 500 pesos, la expropiación de las empresas ocupadas en beneficio de la gestión obrera, la libertad de Castells y el desprocesamiento de los luchadores, el cese del pago de la deuda externa, la nacionalización bajo control obrero de la banca, que se vaya Duhalde, y el gobierno de los trabajadores.


La burocracia de la CTA aliada al Ari, junto con la CCC, usaron el repudio a O´Neill para escamotear la lucha contra el régimen y la cuestión del poder. El acampe presentó a los piqueteros con su planteo de poder frente al gobierno que se arrastra ante el imperialismo yanqui.


La perspectiva se refuerza para reunir en un Congreso nacional a las organizaciones piqueteras, a las empresas ocupadas, a los sindicatos combativos y a las asambleas populares, para luchar por echar a Duhalde y sustituir a este régimen político por una Constituyente con poder.

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