02/05/1995 | 446

Gran acto del 1° de mayo

Más de dos mil personas participaron del acto del PO en el Parque Centenario, para celebrar el 1º de Mayo, bajo la consigna de la solidaridad política y militante con la huelga obrera-docente-campesina de Bolivia y por la libertad de los centenares de activistas y huelguistas confinados por la dictadura civil del cipayo Sánchez Lozada.


El acto comenzó con la vigorosa intervención del delegado perseguido, del diario La Prensa, Jorge Brodsky, quien hizo una descarnada denuncia de la represión patronal en el gremio, desde la Fortabat, del diario La Prensa, hasta el “progresista” Página 12, poblado de centroizquierdistas carneros. Brodsky denunció descarnadamente la complicidad de la gran prensa con el genocidio de la dictadura y destacó el hecho de que es la única cómplice de los militares que se hace la distraída en la competencia que han entablado uniformados y curas acerca del arrepentimiento.


Mientras circulaba entre los presentes al acto una alcancía del fondo de huelga de Página 12, Brodsky comprometió el esfuerzo de la agrupación Naranja en la resistencia de los trabajadores de prensa, contra el entreguismo sin límites de la burocracia de la UTPBA.


Cuando le llegó el turno a la UJS, su dirigente Pablo destacó la lucha de los secundarios y de la Coordinadora contra la represión policial y por la organización de los Centros de Estudiantes.


Catalina Guagnini efectuó una implacable denuncia de la posición de las organizaciones de derechos humanos centroizquierdistas, que han definido como “un paso adelante”  la maniobra de Balza, y ratificó, acompañada por la concurrencia, la consigna del juicio y castigo a todos los culpables.


Graciela Molle, candidata a vicepresidente del PO, disecó en su brillante intervención las razones que imposibilitan al capitalismo superar el flagelo de la desocupación y señaló los métodos y las reivindicaciones con que el movimiento obrero debe encarar la situación. La desocupación en masa es el punto límite del capitalismo, cuando todas las condiciones para su derrocamiento están reunidas. Graciela fustigó la desocupación en el Gran Buenos Aires, que supera el promedio nacional, y añadió que lo mismo ocurre con los indicadores de pobreza, enfermedades y epidemias.


Cerró el acto Jorge Altamira, comenzando con ejemplificaciones de cómo la conciencia de clase está presente en todo el mundo y cómo el socialismo está presente en el subconsciente de los explotados y en el programa de su vanguardia.


En lo referente a la situación política nacional, dijo que “el desenlace de la actual crisis económica y política no tendrá lugar en la primera o segunda vuelta electorales, sino después de las elecciones, cuando, sea Menem o Bordón, descarguen a fondo el paquete suscripto con el Fondo Monetario Internacional”. Para preparar esa “lucha decisiva”, hay que votar al Partido Obrero, porque la victoria en ese tercer turno, dijo, depende de una fuerte dirección política de los trabajadores. Las elecciones no resolverán nada, insistió, debido a que sólo están sirviendo para postergar el verdadero impacto del derrumbe del plan económico y el inevitable enfrentamiento con los trabajadores.


Altamira se mofó del plan quinquenal que anunció el presidente Menem, recordando que sólo en 90 días se fugaron del país unos 6.000 millones de dólares y que, junto a la corrida bancaria, ha dejado a la economía sin crédito. Menem —ironizó Altamira—, “promete terminar con la desocupación en el mismo momento en que el derrumbe del Plan Cavallo asegura un horizonte de recesión y despidos masivos”. Para Altamira, el incremento de la desocupación se encuentra previsto en los acuerdos firmados por el ministro Cavallo con el FMI, los cuales fueron avalados por José Octavio Bordón en una reciente carta a las autoridades del Fondo.


Estas perspectivas económicas y políticas, insistió Altamira, refuerzan la actualidad del eslogan del PO: “Que la crisis la paguen ellos”. El significado de esta consigna es que se deben suprimir los impuestos al consumo y establecer un impuesto de hasta el 70% sobre los beneficios de los grandes capitalistas. Asimismo, exhortó a oponerse a la reducción de los salarios, reclamando en su lugar el cese del pago de la deuda externa, lo que permitiría volcar los 15.000 millones de dólares que vencen en 1995 a la reactivación de la economía y a la inversión en obra pública e infraestructura social. Esta política, sumada a la reducción de la jornada laboral a 6 horas, sin menoscabo del salario y de los beneficios sociales, permitirá crear un cuarto turno laboral y terminar con el desempleo, dijo con absoluta convicción.


Altamira  denunció la “autocrítica” del jefe del Estado mayor del ejército, Balza, a la que calificó como una maniobra destinada a evitar la trascendencia pública de las denuncias y revelaciones de los militares arrepentidos.  Altamira descalificó “ el apoyo del centroizquierdismo a las declaraciones de Balza”, denunciando que ese sector “hizo su carrera político-personal explotando el tema de los derechos humanos, para concluir pactando con los militares de la dictadura apenas consiguieron su anhelada trascendencia electoral y la aceptación de los capitanes de la banca y de la industria y del imperialismo norteamericano”.


En el tramo final, Altamira destacó que “la burguesía se apresta a abandonar el plan de convertibilidad, definitivamente fracasado, y a retomar el camino de la devaluación de la moneda, como lo está probando la continua emisión monetaria del Banco Central para solventar a los bancos en quiebra”.


Como consecuencia de ello, pronosticó una encarnizada lucha popular y la necesidad de una fuerte dirección política.

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