20/10/1994 | 430

Hay que echar a Cavallo

Domingo Cavallo ha lanzado una furiosa campaña contra los trabajadores que se han jubilado desde abril de 1991 hasta la fecha, acusándolos poco menos que de saboteadores del destino nacional. Les reprocha defender ante los tribunales un reclamo que sería el responsable de un déficit mensual de 300 millones de pesos  de las Cajas de Jubilaciones. Los denuncia con poner en riesgo la estabilidad, el crecimiento e incluso la prosperidad de las futuras generaciones.


La tercera edad ha pasado a encarnar la subversión en este fin de siglo. De la bancarrota financiera se hace responsables a los trabajadores. Ante la situación, Cavallo reclama la plenitud de los poderes, la dictadura financiera —como si hasta ahora hubiera gobernado con otros métodos. Exige al Congreso el voto inmediato de los artículos 14 y15 de la ley de presupuesto, que lo habilitarían para despedir en masa a los empleados públicos, proceder a allanamientos domiciliarios por razones impositivas, derivar los fondos del PAMI y del ANSSal hacia fines diferentes a los que tienen establecidos, aumentar impuestos, decidir el destino de los bancos de provincia, proceder a privatizaciones sin recurrir a licitaciones, congelar todas las claúsulas salariales.


Esta es la finalidad de la campaña de terrorismo financiero desatada por Cavallo. Le acaba de decir a Clarín que quiere ser jefe de gabinete, es decir, asumir los atributos del presidente para hacer frente a una bancarrota que él mismo ha creado y que a él mismo podría significarle sus buenos años de cárcel.


El déficit de las Cajas es, sí, descomunal; ocurre lo mismo, por lo tanto, con el déficit de presupuesto. El plan está amenazado, sí; por eso Cavallo estima inminente una crisis política. No quiere pagarla él, sino hacérsela pagar a sus adversarios y fundamentalmente a los trabajadores.


El déficit es descomunal porque se le han transferido a las AFJP 200  millones de pesos al mes, o sea 2.600 millones de pesos al año. Es descomunal porque se han reducido los aportes previsionales patronales por el equivalente a los 600 millones de pesos anuales, que cuando se extiendan a los servicios producirán una merma de 1.500 millones de pesos. Es descomunal porque se han pagado retiros militares, con los fondos de las Cajas, por 2.200 millones de pesos, y porque se han pagado Bocones en forma anticipada por 1.300 millones de pesos. Es descomunal también porque el traspaso de las Cajas de provincias, con vistas a privatizarlas, agrega otro pasivo de 740 millones de pesos.


En síntesis, el negociado de la jubilación privada y la liquidación de los aportes patronales, sumados a las prebendas a los milicos y a los tenedores de bonos; todo esto es responsable de un pasivo de 10.000 millones de dólares anuales.


¿Qué reclaman los trabajadores que hacen juicios? Que se les reconozca una jubilación acorde al salario que tenían al momento del cese laboral, y no en función del salario de abril de 1991, como exige Cavallo. La tramoya de Cavallo contra estos trabajadores también debe anotarse como dinero no pagado que sirvió para financiar a los especuladores.


Hay que echar a Cavallo. Ya. Porque Cavallo reclama una dictadura financiera para terminar de hundir al pueblo y poder subsidiar a los exportadores, quienes a razón de 250 millones de dólares al mes pretenden cobrar más en concepto de subsidios que por el valor de la producción que venden. Cavallo quiere la dictadura porque está en bancarrota. Por eso el FMI se abrió  —para no asumir la responsabilidad por los atropellos y por los delitos políticos y no políticos que el ministro pretende ejecutar.


Los medios para imponer su dictadura financiera se lo ofrece el proyecto de ley de presupuesto. Hay que impedir su aprobación. Hay que echar a Cavallo. Hay que exigir los 450 pesos de jubilación mínima. Hay que defender el cumplimiento del 82 por ciento móvil. Hay que derogar la “jubilación privada”. Los patrones tienen que aportar a las Cajas. Hay que eliminar los subsidios a los exportadores y reducir los impuestos que afectan al consumo, es decir, al salario. Hay que echar a Cavallo. Para ello es necesario ganar la calle, ir a la huelga general, retomar la Marcha Federal.


Todo esto es una necesidad objetiva; de lo contrario pagarán los jubilados, los empleados estatales, los trabajadores, la educación, la salud. Cavallo o las conquistas y los derechos. Fuera Cavallo.

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