17/08/2000 | 677

Impongamos el nuestro

El gobierno lanzará esta semana un Plan de Empleo que constituye un vergonzoso ataque y una burla a los trabajadores en su conjunto. El ‘Plan’ promete elevar los planes ‘de empleo’ de los 107.000 actuales a 200.000, reservados a jefes de familias carenciadas. La cifra es naturalmente insignificante frente a los cuatro millones de desocupados y subocupados, pero las características pérfidas de la iniciativa van mucho más allá de esto.


Los planes Trabajar originales fijaban una retribución de 200 pesos por una jornada de seis horas, por un período de seis meses, sin cobertura social alguna. Ahora, el gobierno de la Alianza ha fijado un monto de 160 pesos por una jornada de 6 horas y de 120 pesos por una de cuatro; una rebaja del 20% sobre las cifras de miseria que percibían los desempleados. En el momento actual, todos los trabajadores de los planes están siendo ‘reconvertidos’ a las nuevas condiciones, por lo que un monto considerable de las partidas que se destinan al «plan social más grande de la Alianza» provienen del ‘ahorro’ sobre los montos de iniquidad que percibían hasta ahora los trabajadores de los planes.


¿Pero 200.000 trabajadores recibirán el ‘beneficio’, así como así? Para recibir un plan de empleo se requiere que una unidad regional del Ministerio de Trabajo «apruebe» el proyecto, lo que somete al desempleado a la «dictadura de los punteros» o «de las empresas y organizaciones no gubernamentales (por ejemplo Cáritas)». Pero esto no es todo porque el que presente el proyecto debe «contar de antemano con fondos para comprar materiales; muchas veces nosotros tenemos la plata para los planes Trabajar, pero los municipios no tienen plata para comprar materiales para hacer la obra» (Flamarique, ministro de trabajo, Clarín, 14/8). Es decir, se ofrece mano de obra ‘regalada’ a 1,11 pesos la hora que «será parte», según se anunció, del programa de Infraestructura que tiene el beneplácito de los Roggio y los Techint.


El gobierno de la Alianza ha anunciado así su nuevo «salario mínimo», lo que revela la inmensa bancarrota política de la burocracia que le pide «cambiar el rumbo». Lo que corresponde es «ir por lo nuestro», poner en la agenda de nuestra lucha diaria el reclamo de los 600 pesos de salario mínimo, una reivindicación que, combinada con la vigencia de la jornada de ocho horas, significaría para la mitad de los trabajadores una mejora del 50%. Arrancar los 600 pesos y un seguro al desocupado, impedir que los capitalistas hundan nuestro salario basándose en la desesperación del desempleado. Apoyemos la campaña que ha iniciado un conjunto importante de dirigentes y activistas sindicales de la clase obrera a favor de un Congreso de delegados con mandato, para darle una salida «nuestra» a la crisis.

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