30/04/1998 | 583

Indemnización para todos los trabajadores inundados

De las inundaciones pueden decirse muchas cosas, excepto una: que son ‘una imprevisible catástrofe natural’.


¿Imprevisible? Hace por lo menos ocho meses el Inta alertó sobre el peligro de grandes inundaciones. Tan previsibles eran que, desde octubre pasado, hay zonas enteras de Chaco y el norte de Santa Fe bajo las aguas y el promedio mensual de lluvias viene subiendo persistentemente en las cuencas del Paraná y el Uruguay.


En realidad, hay pocas cosas tan previsibles como una gran inundación. Por eso, desde hace más de veinte años están proyectadas las obras necesarias para impedirlas. Durante la gran inundación de 1983, se anunció que ‘cuando bajen las aguas’, se iniciarían las obras. En la gran inundación de 1992 se dijo lo mismo. Hoy volvemos a escuchar la misma mentira.


La vergonzosa explotación política de las inundaciones y la lucha descomunal por el monopolio –y hasta el arrebato– de la ‘ayuda’ a que se lanzó el régimen menemo-aliancista tiene como principal objetivo ocultar estas responsabilidades.


¿Una ‘catástrofe natural’? El famoso fenómeno de ‘El Niño’ se encuentra potenciado, según el especialista Alberto Viladrich (Página/12, 18/4), por el ‘calentamiento global’, provocado por la utilización de sistemas de producción contaminantes pero más ‘rentables’ para los capitalistas que los que no dañan la atmósfera. «Pero no son éstas las únicas (causas) ni las más graves, continúa Viladrich. La más grave es que, por la deforestación en toda la región —Brasil, Paraguay, Argentina— el nivel de escurrimiento de las aguas es cada vez mayor. Toda el agua que cae va a parar a los ríos»(ídem).


La ‘deforestación’ va de la mano del agudo proceso de concentración de la propiedad agraria en toda la región. A fines de marzo, los dirigentes de la Unión de Personal Civil de Chaco «acusaron al empresario de multimedios Eduardo Eurnekian de haber talado ilegalmente grandes extensiones de bosque autóctono en los campos que posee en esa provincia» (La Nación, 23/3). Eurnekian, junto con el especulador internacional Soros, es uno de los grandes capitalistas que se han adueñado en los últimos tiempos de grandes porciones de tierra chaqueña. La propia Dirección de Bosques provincial constató «a través de imágenes satelitales y otros medios técnicos, la más dantesca destrucción del monte nativo» (ídem). ¡Pero Eurnekian es apenas uno más de los grandes capitalistas que están devastando los bosques en todo el Cono Sur y el Amazonas!


La catástrofe que está destruyendo la vida de decenas de miles de inundados tiene un carácter enteramente social: la anarquía capitalista de la producción y el insaciable apetito por el beneficio, que no repara en la devastación de los recursos naturales y de la propia naturaleza, son los responsables.


Millones para los especuladores, nada para los inundados


La naturaleza capitalista de esta catástrofe explica por qué el gobierno menemista (al igual que su antecesor radical), no invirtieron un mango en las obras necesarias para impedirla.


Los inundados no son especuladores, banqueros, capitalistas, o chupasangres del trabajo ajeno. Para estos parásitos hay subsidios; obras de infraestructura y ‘seguros’. Las obras no se hicieron porque la plata fue al pago de la deuda con los usureros internacionales; al sostén de los bancos durante el ‘tequilazo’; a la financiación de la fuga de capitales; a bancar la especulación inmobiliaria; a subvencionar a los concesionarios de los ferrocarriles privatizados; a financiar la rebaja de los aportes patronales.


Página/12 denunció que el Banco Mundial y el Eximbank de Japón habían otorgado un crédito de 320 millones para obras contra las inundaciones del que se usaron, apenas, 700.000 (el 0,22%). Es fácil ver por qué. El gobierno menemista está dispuesto a ‘aceptar’ los préstamos que los organismos internacionales le ‘colocan’ cuando tienen fondos ociosos; también está dispuesto a engordar al capital financiero pagando los ‘intereses punitorios’ por la no utilización de esos créditos. Aquel crédito no está dispuesto a utilizarlo por una razón de clase: porque reserva el 100% de su capacidad efectiva de endeudamiento a contraer préstamos para pagar los intereses de la deuda pública o para sostener la especulación financiera.


Cuando el gobierno menemista tiene que endeudarse para armar la ‘red de seguridad’ bancaria, la plata aparece rápido. Cuando se trata de prevenir las inundaciones, no hay un peso. Dos medidas, dos varas: para los explotadores todo; para los explotados, nada. Esta es la realidad que las inundaciones ponen brutalmente ante la vista de millones de trabajadores.


‘Soluciones’ que agravan la catástrofe


Menem y Palito recorrieron las zonas inundadas prometiendo millones de pesos de ‘créditos baratos’ para los inundados, lo que equivale a descargar el costo de la reconstrucción sobre los propios afectados.


Las pérdidas materiales –sin contar la pérdida de la capacidad productiva de los suelos– se estiman en más de 2.500 millones de dólares. ¿El gobierno pretende enchufarle una deuda por ese monto a los pequeños productores quebrados, a los trabajadores y a los desocupados del Litoral? Para el chacarero inundado, para el trabajador que gana un salario de miseria, y para el desocupado, el crédito es una soga al cuello. Ahoga al trabajador y al desocupado y prepara la ruina del pequeño productor y su expropiación por los grandes especuladores de tierras. Es lo que ha sucedido en las pasadas inundaciones, cada una de las cuales fue seguida por una nueva ola de concentración de la propiedad agraria.


El pequeño productor y el trabajador que ha perdido su vivienda deben ser indemnizados, no endeudados. Que el Estado, como representante político de los grandes capitalistas, pague la reconstrucción: indemnización a los que han perdido todo; subsidio de 500 pesos a todo trabajador desocupado mayor de 16 años.


Que paguen los que provocaron la catástrofe


La CGT menemista y el gobierno impulsan el descuento compulsivo de un día de trabajo para ‘solidarizarnos’ con los inundados.


Grandes zonas del Gran Buenos Aires ya se encuentran bajo el peligro de las aguas. ¿Pretenden que los inundados de Quilmes o los de Tigre aporten un día para los del Litoral? ¿Qué los del Litoral aporten para los de Chubut?


Pero hasta ahora la solidaridad de los explotados de todo el país con sus hermanos de clase en el Litoral y en Chubut ha sido enorme y no necesitó de los ‘consejos’ de la burocracia ni del gobierno. Al contrario, el único temor popular es que esa solidaridad que tanto le cuesta sea ‘desviada’ o directamente afanada por el gobierno y sus ‘punteros’. Motivos no faltan.


La solidaridad popular es, en realidad, lo único que sostiene a los inundados. Lo revela el hecho de que «las tres cuartas partes de las donaciones son ropas, un quinto alimentos y sólo el resto (el 5%), los muy necesarios medicamentos» (Buenos Aires Herald, 26/4). Como señala este mismo diario, la ropa es la donación ‘típica’ de la población; son los capitalistas y el gobierno los que deben proveer los alimentos y las medicinas que ellos fabrican. ¡Precisamente lo que falta!


Ni una hora de descuento de los ya miserables salarios de los trabajadores. Que la ‘ayuda’ y la reconstrucción la paguen los capitalistas, los especuladores, los banqueros, Telefónica y Telecom y los grandes pulpos mediante un impuesto de emergencia.


La ayuda y la reconstrucción no pueden quedar en las manos de la clase social y del régimen político que por su imprevisión, su desprecio hacia los explotados y sus intereses de clase es responsable de la catástrofe. Que se abran los libros y los registros del Estado para saber dónde va la ‘ayuda’ y qué parte del presupuesto se destina a los inundados y cuánto va a la deuda externa y al subsidio a los capitalistas. Que se abran los libros de las empresas para terminar con la evasión. Control obrero de la ‘ayuda’ y de las obras de reconstrucción.


Movilizarse en defensa propia


Las aguas del Litoral se desplazan hacia el sur, hacia Rosario, Santa Fe, Zárate y toda la región costera del Gran Buenos Aires –desde Tigre a Quilmes. Las grandes concentraciones obreras del cordón industrial bonaerense están amenazadas por el agua.


Antes de que llegue, hay que inundar las intendencias con movilizaciones populares para imponer planes mínimos de obras públicas —realizadas por los desocupados de la zona; que la ‘ayuda’ sea canalizada, desde ya, por las comisiones de vecinos, y que se otorgue un subsidio de 500 pesos a todos los desocupados.


La responsabilidad por los cien mil evacuados, por los muertos, por el peligro de epidemias, por las pérdidas materiales recae por entero sobre el régimen social capitalista y sus representantes políticos. La experiencia muestra que no podemos confiar el cuidado de nuestras familias, de nuestras viviendas, de nuestros empleos en el gobierno de los capitalistas. Es necesario tomar en nuestras propias manos la lucha contra las inundaciones.

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