21/03/2002 | 746

Intervención de Jorge Altamira

(Versión taquigráfica de la sesión del 14 de marzo de 2002 en la Legislatura de la Ciudad)

Señora presidenta: Lamento que no haya habido, en el tratamiento de este tema, un debate más profundo sobre el carácter de lo que aquí llaman «la crisis económica, política y social». Ese necesario debate sobre cómo caracterizar esta crisis ha sido sustituído por una ficción: la de creer que existe un sistema de salud que recibe del exterior el impacto de una crisis económica y social, cuya característica no se define.


Naturalmente, todas las limitaciones del proyecto y las del análisis están dadas por esta caracterización. Y permite asegurar, sin ningún lugar a dudas, que éste es un proceso condenado al fracaso. Será olvidado mucho más rápidamente que otros de menor envergadura.


Estamos asistiendo a una quiebra económica y financiera generalizadas. Esto significa y presupone la existencia de un régimen de producción de mercancías y de acumulación de capital que se financia y sobrevive mediante el crédito y el endeudamiento. No podría haber quiebra ni suspensiones de pago ni devaluación de las monedas en un régimen social que no fuera éste.


Asistimos al hundimiento de este sistema. Observen simplemente una cosa -dejemos de lado un momento al sistema de salud-: ¿sobre qué tipo de cambio trabaja esta ley? ¿Sobre qué tipo de cambio estamos discutiendo? Han ignorado el problema del tipo de cambio. Seguramente, empezaron a discutir cuando el dólar estaba a 1,40 pesos. Ahora está a 2,50. Pero el Fondo Monetario Internacional pide que llegue a 4 pesos.


El proyecto de ley de la mayoría no establece la medida más elemental, la mínima, de protección del sistema de salud: esto es, la retrotracción al nivel de precios del 30 de noviembre o del 31 de diciembre del año pasado, previo a la devaluación. Fíjense: dispone distintas medidas, pero no retrotrae los precios de los medicamentos. ¡A cuatro pesos por dólar, hasta los genéricos van a ser más caros que los medicamentos de fantasía! No se establece siquiera lo que ya hizo Illia en su momento, con una ley de abastecimiento.


En el país se prepara una hiperinflación. Lean Ámbito Financiero de ayer, que publica conversaciones del representante indio del FMI con el presidente Duhalde, en las que le pide que deje llegar el dólar a cuatro pesos; que establezca un mercado libre y que se dispare todo. Ésa es, por lo tanto, la posición del FMI. Es la posición de Blejer. Es la posición del Banco Central. Pero no se establece esta medida elemental frente a los precios. Estamos asistiendo al hundimiento de un sistema en su conjunto; esto no se aplica solamente a los bancos. Quiero insistir en este problema del precio por un instante más. ¿Qué significa poner los precios al nivel del 31 de diciembre? Significa pesificar los precios. Ponerlos al nivel del peso. Los laboratorios con deudas han pesificado, y -si tienen deudas con el exterior- seguramente van a tener, como se está negociando hoy, un seguro de cambio. Han pesificado sus deudas, pero los precios tienden a dolarizarse.


¿Por qué no se pesifican los precios? ¿Por qué no se establece el precio al nivel que tenía con anterioridad a la devaluación del peso? Ésa es una medida elemental.


En la fantasía popular, la crisis del sistema económico y social se reduce a los bancos. Pero asistimos, en realidad a la crisis del sistema económico-social considerado en su conjunto.


En el caso de la salud, ¿en qué consiste la crisis? Todos sabemos que desde el año 1990 en adelante se ha establecido una política sanitaria de desregulación, liberación de precios y ley de patentes, impuesta por la presión de los grandes laboratorios internacionales. También impusieron el PRESSAL, el gerenciamiento de la salud pública con vías a privatizarla, la liquidación de las obras sociales como medicina solidaria; el establecimiento, primero a expensas de la solidaridad, de la prestación médica obligatoria, y ahora, la liquidación de la prestación médica obligatoria por una prestación mínima obligatoria. Dentro de poco vamos, a tener una olla popular de medicamentos.


¡Este sistema se vino abajo! La salida a la crisis es enfrentar los intereses que lucraron, y que siguen lucrando, con este sistema. Porque acá se ha dicho de todo sobre el decreto (de emergencia sanitaria) de Duhalde, pero lo esencial no lo dijo nadie.


El decreto de Duhalde es una canalización, un intento de conducir el proceso de concentración y de privatización que está produciendo el propio fenómeno de la crisis. ¿Cuántas prepagas n van a quebrar? ¿Cuántas obras sociales? ¿Cuántos laboratorios chicos? ¿Se va a concentrar la producción de medicamentos en los laboratorios? ¿Se va a concentrar la medicina prepaga?


Se van a hundir las principales obras sociales; algunas restantes quedarán absorbidas por el sistema de medicina prepaga y los propios hospitales sufrirán un proceso, primero de descentralización, y luego de privatización.


No se dice que el decreto de Duhalde pretende encaminar el carácter desordenado y caótico de este proceso. Le quita a las prepagas la obligación de cumplir con la prestación médica y le licúa un contrato o una obligación con derechos adquiridos. Está perfectamente claro. Lo mismo pasa con el PAMI.


¿Quién no sabe que el FMI exige la privatización del PAMI y de la ANSÉS para otorgar los créditos a los que aspira el Gobierno Nacional? Nadie ha dicho aquí que este famoso decreto -nadie lo denuncia, porque es esencial, sin embargo- establece, en el Artículo 3° del Título II, «El Ministerio de Salud promoverá la descentralización progresiva hacia las jurisdicciones provinciales y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las funciones, atribuciones y facultades emanadas del presente decreto.» Así como se liquidó la educación nacional, se la provincializó y municipalizó, y se la está privatizando, y se la ha privatizado, lo mismo ocurre con la salud.


No nos olvidemos de que, con todos los presidentes transitorios que ha habido hasta ahora, se planteó la eliminación del Ministerio de Educación a nivel nacional, y del Ministerio de Salud. ¡Ésta es la emergencia que sufre el pueblo! Éste es el problema esencial.


Señores diputados y señoras diputadas: el decreto del Gobierno no vacila en atacar a los discapacitados en la cuestión de la prestación mínima obligatoria. El Artículo 34 del Capítulo VI establece que hay que limitar a las prestaciones esenciales las previstas en la Ley 24.901, que es la que garantiza los derechos de los discapacitados. A partir de ahora, el servicio de kinesiología será considerado superfluo para un discapacitado, y solamente si está al borde del colapso va a ser atendido. Éste es el programa de ajuste de la salud.


Pero no es Duhalde el que realiza el ajuste, sino la crisis. Duhalde lo encamina, porque la función de un gobierno capitalista es darle un ordenamiento a las tendencias a la concentración y a la pauperización desde este ajuste económico. Esto es lo esencial. Lo demás no es voluntarismo, como dijeron algunos diputados: es verso.


Tomemos el problema de los genéricos. Antes de los genéricos, ¿es posible una salida sin intervenir contra el conglomerado de monopolios privados? Yo no creo que quien dijo que «hay que defender la industria farmacológica, porque todo no puede producirlo el Estado», esté equivocado. Creo que tiene razón. El Estado tiene que intervenir en la industria farmacológica privada. Es un desarrollo social general que es confiscado por el sector privado, pero el Estado tiene que intervenir ahí. El proceso de la medicina y de los medicamentos es de tipo social, no es un proceso privado. El sector privado lo expropia y se lo lleva. Ese proceso es creación de la universidad, de investigadores y médicos; es un proceso de tipo social.


Pregunto: ¿podemos salir de la crisis sin intervenir en los precios, los laboratorios o en la medicina prepaga? ¡Queremos hacer de los hospitales una olla popular, que es lo que dijo Ibarra aquí el otro día! Ibarra dijo: «Chau, Corporación del Sur, chau ciudad turística y financiera. Hay que atender las necesidades.» El año pasado dijo que había que convertir a la Ciudad de Buenos Aires en una ciudad turística y financiera, y ahora dice: «Muchachos: conformémonos con convertir a Buenos Aires en una olla popular».


Repudiamos aquello de la Ciudad turística y financiera, pero también estamos en contra de adaptarnos al retroceso de convertir a esta ciudad en una olla popular. Los hospitales no pueden ser una olla popular.


Si hablamos de genéricos, me pregunto ¿de qué estamos hablando exactamente? En primer término, ¿qué sucede con los genéricos si han sido producidos con posterioridad al año 1995 y están cubiertos por la Ley de Patentes? ¿Se pueden producir? Sólo se e podrán producir los genéricos previos a 1995.


Por eso, el proyecto del Partido Obrero plantea un laboratorio, plantea los genéricos -y esto lo he planteado en otra oportunidad y figura en el proyecto del Partido Obrero acerca de la Ley del Sida- pero no sin previamente intervenir en esta Ley de Patentes.


En este caso, ¡oh, sorpresa!, tenemos de nuestro lado a la Organización Mundial de la Salud y, por lo tanto, también, a las Naciones Unidas que han admitido que, frente a situaciones de emergencia, se puede infringir la Ley de Patentes como así también se puede infringir el derecho a la propiedad intelectual.


Nosotros estamos viviendo una emergencia y en la exposición de este proyecto -que en su forma tan franca agradezco a la compañera Vilma Ripoll- se dice que es un instrumento para las asambleas populares. Pero ese proyecto de la mayoría se detiene ante la inflación, ante los laboratorios, se detiene ante la Ley de Patentes, y se detiene ante todo lo que es la propiedad privada de este sistema que se ha venido abajo y que ahora quiere progresar por medio de la concentración y del ajuste. Ésta es la ley fundamental del proceso.(…)


«Si se produjeran todos los medicamentos genéricos, finalmente, esa producción llegaría a tener un precio similar a la de los medicamentos comunes. No basta con obligar al médico a que los recete; es necesario también producirlos. La obligación entrará en vigencia al día siguiente de promulgada la ley; producirlos, llevará un tiempo más; quizás, nunca se produzcan. ¿Cuáles son las medidas concretas para que se produzcan? ¿Dónde está la orden de crear un laboratorio y de concretar una producción? No existe. Incluso si existiera jamás podríamos cumplir con este proceso sin una intervención del sistema farmacéutico actual.


El diputado Campolongo -no lo quise interrumpir en su momento- aludió al extraordinario crecimiento de los precios en el mercado farmacéutico con anterioridad al año 1995. No quise interrumpirlo para decirle que el Secretario de Comercio que permitió todo eso es el señor Pedro Challu, actual Secretario de Comercio del presidente Duhalde, el jefe de los laboratorios nacionales y el que negoció la Ley de Patentes y terminó aceptándola una vez ajustados los negocios sobre cómo pagar las regalías, los royalties, sobre este proceso de patentes.


Sin intervenir en ese proceso no hay ninguna solución y tampoco hay genéricos, porque los genéricos están cubiertos por la Ley de Patentes.


Insisto: si este sistema sobrevive y objetivamente en nada lo afecta este proyecto que se está presentando ahora, la consecuencia natural de ese sistema es un proceso de concentración, ajuste y pauperización en los medicamentos. ¡Esto es real; es la única realidad, lo demás es testimonial!


Un proceso, un régimen establecido que tiende furiosamente a la concentración y a la pauperización de la masa de usuarios debe ser golpeado y modificado. De lo contrario, ese proceso tendrá lugar inevitablemente. Es lo que estamos discutiendo ahora. ¡Si no fuera así, no habrían surgido las asambleas populares; no habría caído un presidente y no habría habido rebelión popular; no estaríamos en una situación terminal, como dicen unos, o final, como dicen otros!


He defendido el reformismo 200 veces, ¡cuando se planteaba algún margen para reformas! ¡Ahora no hay qué comer y el sistema se cae a pedazos! ¿Qué significa que el Fondo Monetario Internacional le exija al presidente Duhalde la liquidación inmediata de los bonos a las provincias; le exija el dólar a 4 pesos; le exija la privatización del PAMI; le exija la salvación de la Corte y que no se juzgue a los banqueros? ¿Qué significa esto sino decir que hay que dar un golpe de Estado en la Argentina, suspender las garantías constitucionales y permitir que estos decretos, que hoy son de necesidad y urgencia, salgan simplemente como decretos, al menos por un año, hasta las supuestas elecciones de 2003? En estas circunstancias, y no en otras, estamos discutiendo el problema. (…)


¿Qué medida se toma acá que signifique un cambio? ¿Producir genéricos no patentados? ¿Qué cubre? ¿Y los medicamentos modernos? Esto forma parte de la idea de olla popular: abastecemos con lo que haya.


¡Claro que se trata de un programa de ajuste! Ya se mencionó el tema de la atención de la salud y no es la primera vez que se plantea. Aquí dice que los efectores de la salud y el subsector estatal atenderán de 8 a 20 para la atención programada. ¿Eso significa que se tomó personal? Aquí no hay ninguna disposición para tomar personal. Lo que se dice es que se garantiza la continuidad del servicio sin reducción del personal; o sea que el actual personal tendrá que cubrir todo el período.


Ya lo hemos visto con las enfermeras y los módulos. Las partidas liberadas, como consecuencia de la baja vegetativa, serán destinadas a las áreas asistenciales. ¡Las que vengan con la baja vegetativa! ¡Eso es chaucha y palito!


Es decir que aquí se plantea la flexibilidad laboral. Y esto tiene que ver con un sistema que se pretende proteger del hundimiento de la organización económica y social del país que también estructura el sistema de salud. No es que tengamos una organización económica y social compuesta por la bolsa, los bancos, los fondos comunes de inversión y Techint., por un lado, y la salud y la educación, por el otro. No: todo ello forma una unidad de la organización económica y social. Eso es absolutamente incuestionable, y ella misma traduce una organización económica y social.


La tendencia de todo el sistema, incluido el de salud, es a suplir al personal mediante la flexibilidad laboral, y el alargamiento de la jornada de trabajo.


Por ejemplo, acá tenemos una denuncia de médicos bonaerenses, por la cual se informa que se está dando de baja a un 70% de médicos concurrentes para ahorrar insumos. Las enfermeras, por su parte, están realizando horas extras en el distrito de la Capital. Toda la tendencia del sistema es a la flexibilidad laboral. En un sistema de estas características, el artículo debería decir que para suplir y garantizar el cumplimiento de este horario, necesariamente, debe tomarse personal; no sólo esto, sino que también debe indicar cuánto y qué personal se debe tomar, porque podríamos caer en la variante de que porque, eventualmente, no hay condiciones para tomar más personal, se caiga la intención de cubrir la totalidad de la jornada establecida. Pero éste es un artículo flexibilizador; es para el personal actual, que ya tiene una enorme cantidad de carencias, tal como aquí se ha dicho.


Les quiero citar un fallo que me parece muy importante. Una jueza acaba de ordenar al Hospital Álvarez a hacer una operación. El informe dice que hay 400 operaciones postergadas por razones de ajuste. La jueza le ordenó al Gobierno de la Capital Federal que designe a un profesional en histopatología para descomprimir ese servicio en el Hospital de Agudos, donde están pendientes unas 400 biopsias que, en algunos casos, esperan el análisis desde octubre del año pasado. Hay un solo médico encargado de esto.


La jueza hizo lugar a una medida cautelar presentada por la Asociación de Médicos Municipales, que llevó a la Justicia la alarmante situación que pone en claro peligro la salud de los pacientes, según evaluó la magistrada. Es que hay un solo profesional atendiendo ese servicio..


En el informe en que se denuncia el despido de los médicos concurrentes en la provincia de Buenos Aires, igualmente se denuncia que en hospitales como el Gandulfo de Lomas de Zamora, los turnos se están dando para dentro de seis meses. Es decir que el sistema actual requiere más personal. Si vamos a asegurar la atención desde las 8 de la mañana hasta las 20 horas, eso tiene que ser claramente establecido; si no, estamos ante el ajuste laboral.


Otro aspecto sobre el cual esta ley debe poner la atención -y esto lo contemplamos nosotros- es que en el Documento Final del Plan Urbano Ambiental que se encuentra en la comisión respectiva de esta Legislatura, se siguen considerando áreas vacantes al Moyano y al Borda. En plena emergencia, crisis, pauperización, exacción y desfalco, mantenemos la liquidación de dos neuropsiquiátricos. (..). Esto no está señalado, como tampoco lo está el tema del Malbrán y la producción de vacunas.


En definitiva, hay que intervenir en el régimen social que se derrumba y orientarlo hacia la necesidad de la mayoría. Hay que intervenir en el sistema de medicina prepaga. Hay que intervenir los hospitales, pero también hay que intervenir el sistema de los laboratorios.


Por ejemplo, la medicación para el SIDA también tiene genéricos; esos genéricos están patentados. El mérito de Sudáfrica y de Brasil no es haber producido genéricos, sino haber vulnerado la Ley de Patentes que prohibía la producción de esos genéricos (…). Según un informe, los genéricos de los laboratorios privados acaparan hoy en día en la República Argentina el 40 por ciento del mercado. Y no son tan baratos como los informes que hemos recibido de los talleres protegidos o de los laboratorios de las Fuerzas Armadas; pero para que bajen, hay que abrir los libros; para eso no hace falta expropiar, en todo caso, se resisten a la necesidad pública de mostrar sus costos, se podrá tomar una medida superior.


Evidentemente, la democracia consiste en que abran los libros, en particular en una situación de emergencia. Las situaciones de emergencia son las que plantean los cambios de fondo. Si los cambios de fondo son testimoniales en una situación de emergencia; entonces, en una situación normal, están «en el limbo» No sirven en las situaciones «normales», porque no hay nada que cambiar, o no se plantea la necesidad de cambiar. No sirven en las situaciones de emergencia, porque no resuelven el problema del día siguiente. Entonces, los planteos transformadores deberían quedar archivados en los recuerdos de los viejos socialistas… ¡De ninguna manera!.


Estoy de acuerdo con que hay que darle un instrumento a los trabajadores, a las asambleas populares, etcétera, pero el proyecto de la mayoría sólo le da un instrumento a la burocracia de la ciudad . La que le da el instrumento es el proyecto presentado por la minoría, que dice que vayan a los laboratorios, que vayan a los hospitales, que establezcan un comité de control, que se movilicen.


Doy un ejemplo práctico: la asamblea de Paternal, luego de golpear a las puertas de un laboratorio y hacer un «escrache», logró que ese laboratorio privado acercara medicinas para el Instituto Lagleyze. Este es un instrumento.


En realidad, le agradezco a la diputada y compañera Vilma Ripoll el abordaje franco que ha tenido en la diferencia. ¿Por qué? Porque es inusitado. Escuchar a la diputada y compañera tener esa franqueza y discutir con esa amplitud, es positivamente inusitado, pero es inusitado.


Por su intermedio, le llamo la atención a la compañera, una vez explicadas las sustanciales y decisivas diferencias con el proyecto que ella va a acompañar. Porque en una crisis política como la que estamos viviendo, ella está integrando un bloque que va desde la izquierda hasta la derecha de esta Legislatura, cuando el pueblo quiere que se vayan las actuales instituciones y pide un recambio político general.


En una cuestión tan decisiva como el destino de la salud se ha formado este bloque, lo cual no me parece positivo. Prefiero a Vilma Ripoll apoyando mi proyecto, modificándolo y reforzando lo que tiene que ver, a los ojos de la opinión pública, con una alternativa socialista de la izquierda y no con una alternativa que englobe al bloque del diputado Mercado, del diputado Busacca, del justicialismo, etcétera, es decir, una gran unión nacional detrás de una cuestión decisiva.


El mensaje (de Ripoll) es el siguiente: «se puede avanzar con todos los demás bloques, con los diputados que la gente «escracha», con los partidos que la gente estaría rechazando». Pero es falso que se pueda, así no sale ninguna clase de medidas. No es el mensaje que tenemos que darle al pueblo. (Aplausos).

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