09/06/2005 | 903

Kirchner e Ibarra son lo mismo

Hace poco más de un mes, solamente, los diarios informaban acerca de la decisión del gobierno nacional de “traspasar más poderes a Aníbal Ibarra” (Ambito, 25/4).


“Esto se reflejará —continuaba el diario— en que el gobierno creará un ente para que la Capital pueda tener el control sobre subterráneos, trenes y transporte de pasajeros, que actualmente tiene la Nación.”


“Este paso es tan importante como el traspaso de la Policía a la Ciudad”, aseguró el secretario de Infraestructura de Ibarra, Roberto Feletti, convertido ahora al kirchnerismo.


Macri también quería un Ibarra más fuerte; es así que le cedió para secretario de Seguridad a Diego Gorgal, miembro del grupo Sophia, que dirige el conocido macrista Rodríguez Larreta, un viejo funcionario de Cavallo en el manejo de la recaudación impositiva.


Todo este conchabo indecente fracasó cuando los familiares de las víctimas de Cromañón reaccionaron en la calle contra la libertad de Chabán; cuando los secundarios cortaron las avenidas para protestar contra el derrumbe de colegios; cuando los piqueteros volvieron al ruedo para rechazar la anulación de planes sociales; en definitiva, cuando los trabajadores de los hospitales, del Colón, de las reparticiones del municipio y otros volvieron una y otra vez a la huelga para reivindicar un aumento salarial.


La masacre de Cromañón nunca separó a Kirchner de Ibarra; al contrario lo juntó a él todavía más.


Lo que Kirchner no ha podido evitar es que Ibarra se convierta en “un cadáver político”, como se lo aseguró una mamá de las víctimas en una de las interpelaciones.


Kirchner está organizando un golpe contra Ibarra porque necesita sacarse un peso muerto de encima.


Macri lo secunda organizando un juicio político en una Legislatura que no representa a nadie ni resuelve nada.


La Comisión de juicio político de la Legislatura está dominada por macristas y kirchneristas.


Para que Cromañón salga del plano político.


Para que nada cambie.


Kirchner necesita un golpe para organizar el ‘plebiscito’ en la Ciudad.


Kirchner parece ignorar que el francés Chirac organizó, no uno sino dos  plebiscitos en los últimos cinco años, sólo para perder los dos.


Para asegurar su poder Kirchner necesita desorganizar el poder; realiza, a su pesar, un trabajo revolucionario.


Por eso no se atreve a ir hasta el final en nada; ni contra el centroderechista Duhalde y la pandilla de intendentes punteros, ni contra el centroizquierdista Ibarra y su pandilla de arribistas.


Ibarra representa no sólo un gobierno, sino un régimen de gobierno que tiene otras patas, como la Legislatura, tan cómplice como parasitaria y, más importante, como la pata de los grandes grupos capitalistas que acaparan los negociados del distrito más rico del país.


Se tienen que ir todos.


Los tiene que echar el pueblo, no el gobierno fondomonetarista que conspira con Bush contra la lucha boliviana.


Fuera el golpe de Kirchner y sus punteros Fernández.


Fuera Ibarra y la Legislatura cómplice. Por la entrega del gobierno de la Ciudad a una Constituyente soberana para que reorganice la Ciudad sobre nuevas bases sociales y políticas.

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