11/03/2004 | 841

Kirchner «le pone el pecho»… y la guita a la Lockheed

“Fin de una larga renegociación millonaria(…) Después de muchos meses de incertidumbre y cerradas tratativas, el ministro de Defensa, José Pampuro, anunció finalmente ayer la firma del contrato renegociado con la empresa Lockheed Martin Aircraft Argentina, para que construya en su planta de Córdoba 12 aviones de entrenamiento Pampa y siga realizando el mantenimiento de aeronaves estatales y de la Fuerza Aérea” (Clarín, 6/2).


También dicen al unísono Clarín y La Voz del Interior que “el primer impacto económico que producirá la firma del convenio entre el Gobierno nacional y la Lockheed Martin es asegurar la vigencia de los 900 puestos de trabajo”.


Pero, en realidad, Kirchner acaba de consagrar una monumental estafa.


Lockheed obtuvo, en 1995, la concesión de la planta de la Fábrica Militar de Aviones (más conocida como el Area Material Córdoba, AMC) por 25 años. A la par, “obtuvo” un contrato de trabajo por cinco años con el Estado, para realizar el mantenimiento de aviones y de partes. Es ese contrato de trabajo con el Estado lo único que le ha interesado antes y ahora a la Lockheed. Sin él, ni la planta (de alta tecnología) ni sus trabajadores le importan un comino. Es importante el detalle, pues se presenta a la Lockheed como un “gigante internacional que vino a invertir en la Argentina” (La Voz del Interior) y que se vio afectada por la “inseguridad jurídica” de la devaluación. La Voz del Interior, que dedicó ríos de tinta a este tema, dice (el viernes 6/2) que “Lockheed reabre el lunes, con contrato hasta 2007”. Eso habría salvado a los 905 trabajadores. Pero, ¿y la concesión hasta el 2020? ¿Y los clientes internacionales, los contratos con otras empresas y hasta con otros Estados, que se anunciaron con gran resonancia cuando llegó la Lockheed? Esto, supuestamente, iba a crear miles de puestos de trabajo directos e indirectos, con la creación de un polo aeronáutico, donde el Estado era apenas un cliente más.


Todo esto es falso, como lo es la defensa de los puestos de trabajo. A Lockheed le bastó perder contratos oficiales en Turquía y Arabia Saudita para cerrar sus plantas, dejando a miles de trabajadores en la calle.


La primera medida de Lockheed Martin Aircraft Argentina, el 1° de agosto de 1995, un mes después de “hacerse cargo de la empresa”, fue despedir a 1.000 de los 2.000 trabajadores altamente calificados que trabajaban desde hacía años en la ex AMC; claro que las indemnizaciones fueron pagadas absolutamente por el Estado.


La empresa, de origen estadounidense, llegó y despidió al 50% del personal, y al otro 50% lo puso a hacer las mismas tareas que hicieron siempre, y por esos “servicios” prestados “el Estado nacional pagó alrededor de 550 millones de dólares sólo para el mantenimiento de aeronaves militares” (Clarín, 6/2). En realidad, de esa cifra sólo unos 250 millones corresponden a la reparación de aeronaves y el resto fue un trabajo especial: la puesta en funcionamiento de aviones A4 que compró el Estado. Pero, según fuentes de la empresa, el AMC realizaba esas mismas tareas ¡¡¡“facturando” dos tercios menos!!!


Si bien los contratos se amparan bajo el “secreto militar” y las “razones de Estado” para no tomar estado público, “trascendió la cifra de 201 millones dólares (por el nuevo contrato hasta 2007)” (La Voz del Interior, 6/2). Es la misma escandalosa cifra que “pagó” Menem por el contrato anterior.


Dice Clarín que “el acuerdo incluye además la conformación y desarrollo de un polo aeronáutico en Córdoba. Su eje sería la producción de 12 monorreactores de entrenamiento avanzado Pampa AT63. Participarían siete subcontratistas (…) que facturan aproximadamente 50 millones de dólares al año”.


“Esto del polo aeronáutico es una truchada –nos cuentan trabajadores de la planta de la ex AMC–, son todas empresas truchas y los dueños son todos militares retirados de alto rango, como en AOG”, una de las empresas citada por los diarios.


Lo cierto es que la novela de la renegociación entre el gobierno y Lockheed, que demoró varios meses, ha tenido muchos actores en la trastienda, todos ellos “nacionales y populares”. Es un secreto a voces (nos dicen una vez más en la fábrica) que Kirchner quería firmar un acuerdo con Embraer de Brasil, pero eso duró hasta que lo llamaron al orden desde EE.UU. También Cirieli, de Apta, y Basteiro, de APA (dos de los sindicatos que actúan en la planta), presionaron para desplazar a Lockheed y crear una compañía mixta entre el Estado y “capitales nacionales”. Se “despejó el temor de que el Ejecutivo pretendiera reestatizar las tareas que hoy realiza Lockheed”, comentó La Voz del Interior del viernes 6/2. La otra puja ha tenido lugar al interior de la Fuerza Aérea, entre un sector que “no quería saber nada con Lockheed porque incumple todo el tiempo los contratos de mantenimiento” y el sector que ganó la puja, con fuertes vinculaciones con las subsidiarias de la Lockheed.


Como se ve, en algo tenía razón Kirchner: donde metés el dedo te salpica la pus. Claro que el más infectado es él mismo y todos sus aliados “nacionales”.


Sólo una completa reorganización del país bajo la dirección de la clase obrera podrá poner las cosas en su lugar: los estafadores en la cárcel y las fábricas en manos de sus trabajadores, produciendo e investigando y desarrollando al servicio de la gran mayoría del pueblo. La próxima ANT apunta en ese sentido y los trabajadores de Lockheed Martin Aircraft Argentina han sido invitados a participar

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