25/06/2020 | 1599

Kosteki y Santillán, 18 años de vigencia de una lucha

El 26, todos al Puente Pueyrredón

El 26 de junio, cuando hayan transcurrido 18 años del crimen de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, estaremos movilizados en el Puente Pueyrredón, aún en la cuarentena, aún en esta fase de escalada del virus.


Los motivos son muy profundos. La crisis capitalista, y su descarga sobre las masas, ha puesto nuevamente en primer plano un movimiento que, en rigor, no perdió vigencia en los 18 años que han pasado. Trescientos mil nuevos desocupados se sumaron, en el primer trimestre de este año, al alto nivel crónico de la desocupación argentina. Aún antes de la cuarentena, llevando el índice de desocupación arriba de los dos dígitos, cuando todavía no habíamos entrado en la actual depresión económica del segundo trimestre que termina.


Veinte años después del “Argentinazo” de 2001, el hambre volvió a la agenda de la clase obrera ya a finales del año pasado. El Polo Obrero fue encargado de ponerlo en la calle en plena transición del cambio de gobierno, que no cambió la recesión, los despidos y el agravamiento de la miseria social.


El XXV y el XXVI Congreso del Partido Obrero, en pleno macrismo, fueron escenario de un debate donde caracterizamos que se pondría en el orden del día un reverdecer del movimiento piquetero. Aquel que protagonizara el Argentinazo, junto a las asambleas populares y más tarde la gesta del Puente Pueyrredón, enfrentando el giro represivo del gobierno de Duhalde. Aquel que derrotó su operación masacre en los objetivos políticos de acabar con el movimiento y abrió paso al comienzo del fin de su gobierno.


Hoy, como hace 18 años, enfrentamos la cooptación de las organizaciones que canalizaron aquel movimiento de los “fogoneros” y los “piqueteros” que irrumpieron en Tartagal y Cutral Có en la segunda mitad de los ’90 contra la noche menemista. Porque Duhalde, antes de su operación masacre del 26 de junio, había cooptado a la Federación de Tierra y Hábitat de la CTA y a la CCC a su “Consejo Consultivo” y a la “Mesa de Diálogo Argentino”, que tendió junto a la Iglesia. Las versiones de la época del Comité de Crisis constituido hoy con los mismos actores y otros que se sumaron como Barrios de Pie y el Movimiento Evita. Este último, un movimiento estratégico de preparación de la contención asistencial en la propias filas del peronismo. Lectura profunda de la burguesía opositora a Macri, puesto que la autoridad de los punteros tradicionales que desafiaron los piqueteros no se recompuso nunca.


El movimiento piquetero de los años de Maxi y Darío, que ellos simbolizaron con su juventud rebelde y militante, cumplió un papel revolucionador en el movimiento obrero. Fue su fracción desocupada que se puso al hombro una tarea de organización de millones de trabajadores, asombrando al mundo internacional del movimiento obrero. Los sindicatos, como hoy, usurpados por la camarilla de la burocracia sindical, ignoraron a sus trabajadores despedidos, y los antiguos delegados de fábrica, de pozos petroleros o de los socavones de las minas, se pusieron al frente de las asambleas barriales y los cortes de ruta.


El Partido Obrero combatió la tesis del “nuevo sujeto histórico” que suplantaría a la clase obrera: consideramos al movimiento piquetero como parte integral de la clase obrera. Los autores de esas tesis, de un modo general están absorbidos en el gobierno de Alberto Fernández, empeñado en el repago colonial de la deuda que, hoy como ayer, tuvo al FMI monitoreando la debacle nacional. El Polo Obrero, en cambio, ha vuelto a ser un canal de masas de los reclamos contra el hambre, por trabajo y contra la precarización y el trabajo en negro, basado en la independencia política de la clase obrera, en la asamblea, el delegado revocable y el piquete, integrando los desocupados a los ocupados. Como ayer, en las siete Asambleas Nacionales de Trabajadores, hoy forjando esa unión en el Plenario Sindical Combativo y contribuyendo a que el Frente de Lucha Piquetero siga ese camino de unidad de clase. Otra vez, la izquierda que no mete las patas en el barro de este sector profundo de la clase obrera se queda en la banquina.


Los 80 mil empadronados por el Polo Obrero en el inicio de la cuarentena fueron el anticipo de otros muchos que se empadronarían y organizarían en nuestras filas y de los 12 millones de personas anotadas para la IFE. Como ayer, refutando el Plan Jefas y Jefes de Hogar de Duhalde, hoy planteamos un seguro al parado y a todos los “sin ingresos” de 30.000 pesos, que se financie rompiendo las cadenas de la deuda, mediante un impuesto progresivo a las grandes rentas y fortunas, como parte de una reorganización económica y social bajo la batuta de los trabajadores.


El gobierno de Fernández ha venido a cumplir una función reaccionaria, como la de Duhalde frente al Argentinazo. Por eso, no resulta casual su pacto social, que emula al Consejo Consultivo del caudillo de la derecha peronista de Lomas. Por eso cuenta con su apoyo, por eso lo tiene a Felipe Solá de canciller, a Aníbal Fernández en sus filas, como a tantos otros. Los Berni de hoy, son los Vanossi y los Soria de ayer, quienes planificaron la operación conjunta de tres fuerzas para balear a los miles de compañeros que fuimos al Puente Pueyrredón aquel 26 de junio.


Este aspecto político debe ser considerado por los trabajadores que hoy se vuelcan a la lucha, al igual que el abierto maridazgo del Trío San Cayetano con Carolina Stanley. Todo un armado -que denunciamos en la Cámara de Diputados- mediante la ley de emergencia social, que diseñó los mecanismos de contención durante el propio macrismo. Así pavimentaron el recambio pejotista-kirchnerista evitando que Argentina se sume a la saga de rebeliones populares de 2019 en América Latina, cuando arreciaron las devaluaciones y el default en estas tierras.


Pero no han resuelto la crisis, la agravan cada día. Entonces, para el Partido Obrero, este 26 de junio tiene un contenido especial. Porque recordamos a Darío y Maxi proyectando sus banderas de luchas en las lecciones históricas que nos dejó la etapa. Hace casi diez años, otro joven militante socialista del Partido Obrero sería asesinado, esta vez por una patota de la burocracia sindical: Mariano Ferreyra. Luchando junto a los tercerizados del Ferrocarril y al Polo Obrero. Levantamos sus banderas para encarar esta etapa de agudización de la lucha de clases y acabar con el régimen social que armó las manos sucias de sus asesinos.



 

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