21/02/2013 | 1257

La Amia y Antonini Wilson

Por Jorge Altamira Publicado en el diario Perfil

El memorando acordado por el gobierno argentino para establecer “la verdad” sobre el atentado a Amia, ha sido presentado por la oposición parlamentaria y los dirigentes de la Daia como una capitulación de Argentina ante el gobierno teocrático de Irán. ¿No es más bien otra cosa: la sanción de un “punto final” que absuelve a la “conexión local”? Estamos ante una “verdad” negociada que deja en el camino la responsabilidad del Estado argentino en el encu- brimiento del atentado. Nos referimos al “establishment” de seguridad, judicial, militar y político de Argentina, ligado por diversas vías con la masacre. Se trata de una trama que remonta a la dictadura militar y que involucra a Estados Unidos e Israel. El memorando, más allá de sus ambigüedades interesadas y de sus límites, entierra en el olvido a la “conexión local”, o sea a varios pilares del Estado nacional. Es este motivo, no los alegados por los opositores, por el que el memorando debe ser rechazado.


Horacio Lutsky, ex director del periódico Nueva Sión (no el negacionista Ahmadineyad) denuncia ese “pacto” de complicidad en su libro-investigación, Brindando sobre los escombros. Allí reclama “revisar esos acuerdos clandestinos entre israelíes, argentinos e iraníes, que llegan hasta los mismos días de los atentados en la Argentina, la trama argentino-israelí de venta de armas, el factor nuclear, el involucramiento de la dirigencia judía argentina y de un embajador de Israel en los negocios del menemismo…”. En estos días verborrágicos se ha dejado convenientemente de lado el acuerdo de financiación de armas, “Irán-contras”, con el que Reagan trianguló con los ayatollas la intervención norteamericana en Nicaragua, o el apoyo de Israel a Khomeini, durante la lacerante guerra que Estados Unidos y la Unión Europea fomentaron entre Irak e Irán en la década del ‘80. Nunca hubo una divergencia de principios entre las “democracias” americana y sionista, de un lado, y la teocracia que lapida mujeres, por el otro. Se ha mencionado poco, si es que algo, la apasionada defensa que hicieron la dirigencia de la Daia y el gobierno sionista de “Fino” Palacios, ya admitido destructor de pruebas del atentado. El memorando que reivindica el gobierno nacional es un salvoconducto para toda la trama de responsabilidades locales.


El gobierno K construyó el escenario de la responsabilidad de Irán, luego de consumada la impunidad durante la farsa del juez Galeano y la destrucción sistemática de pruebas. La delegación de Argentina se retiró del recinto de la ONU cuando le tocó discursear a Ahmadineyad. Fue entonces que hicieron su aparición Canicoba Corral y Nisman. De acuerdo con un columnista del diario israelí Haaretz, “la mayor parte de la información confiable suministrada a los investigadores argentinos provino de fuentes israelíes de inteligencia”. Horacio Verbitsky, que aporta esta cita, agrega de su cosecha que el idilio anti-iraní del gobierno K con Estados Unidos quedó suspendido cuando el gobierno Obama atribuyó el destino de los 800 mil dólares introducidos por el venezolano Antonini Wilson, a la campaña electoral de CFK (Página/12, 10/2). El “roce” tampoco duró mucho, porque “en febrero de 2008 (…) estaba volviendo a la normalidad”. Los que atribuyen la “comisión de la verdad” a una inconveniente influencia de Hugo Chávez, deberían extender la mirada a otros confines.


Tan importante como rechazar el memorando por su condición de “punto final” para el Estado argentino, es repudiar la campaña de la seudo oposición, que además de coincidir con el oficialismo en encubrir la responsabilidad del Estado argentino en la masacre, se alinea con la política del imperialismo mundial contra los movimientos nacionales y las revolu- ciones sociales en el Medio Oriente.


16/2

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