17/11/1994 | 432

La caída de la casa Macri

Aunque las informaciones están lejos de ser claras o completas, las conclusiones que se derivan de la pérdida de control de Sevel, por parte del grupo Macri, son perfectamente claras. Como ocurre con los bancos en México o con la jubilación privada y la Bolsa en Chile, los grandes capitales financieros internacionales también en Argentina pasan a dominar por completo los grandes negocios. El desplazamiento de Macri por la Fiat se junta a la inminente salida de Iberia de la mayor parte de las aerolíneas latinoamericanas, como otra manifestación de la tendencia señalada. Lo especial de la caída de Macri es que también anuncia un verdadero tembladeral con respecto al Mercosur y a la industria auto-partista argentina. Tal como se anuncian las cosas, la crisis industrial del 95 será para alquilar balcones.

El desplazamiento de los Macri de Sevel ya se podía prever como una consecuencia de los extraordinarios beneficios que estaba rindiendo la industria automotriz, gracias al régimen de protección especial establecido por Cavallo. Como el grupo Macri no era otra cosa que un testaferro, que operaba una licencia extranjera, el desenlace era previsible. Con la caída de Macri, la burguesía argentina pierde a uno de sus pilares y pone al desnudo su ninguna incidencia en las principales ramas industriales, ni qué decir de las de tecnología de punta. Pérez Companc, por ejemplo, acaba de anunciar que se no encuentra en condiciones de participar en las licitaciones de exploración de petróleo en alta mar, lo cual simplemente significa que va por el camino del ocaso. Los burgueses nacionales tendrán que bicicletear nuevos negocios para sobrevivir y con toda seguridad los encontraremos dentro de poco “llorando” sus desventuras y “recordando” sus orígenes nacionales y sus “sentimientos” patrióticos. Duhalde y Rico podrían convertirse en los canales políticos de estos reclamos de salvataje.

El diario Página 12, sobre este tipo de problemas normalmente no entiende nada, lo cual explica su apoyo al “Cavallo” Alvarez; para este diario, la cesión de acciones de parte de Macri sería nada menos que una gran avivada del ítalo-argentino, esto porque acabaría vendiendo su participación por mucho más de lo que le costó comprarla. Lo curioso es que el diario no tiene todavía idea de cuánto está dispuesta a pagar Fiat por el capital de Macri. Desde ya podemos asegurar que mucho menos de lo que se imaginaría el periodista centroizquierdista, ya que el pulpo italiano descontaría del valor del capital accionario los juicios que el Estado le entabló a Macri por evasión de impuestos; la deuda que Macri tiene con el Estado por incumplimiento de los cupos de exportación; y fundamentalmente, claro, la desvalorización del capital que produciría la desreglamentación y desprotección del mercado nacional. Todo sumado, Macri podría acabar pagándole a Fiat, algo que la Bolsa parece estar sospechando, porque luego de producir una suba del 10% inició una onda bajista cuyo piso se desconoce.

Pero la caída de Macri no responde solamente al hecho de que para los verdaderos dueños de Sevel, la industria protegida da ganancias. La novedad que se oculta detrás de este caso es que, contrariamente, la industria perderá su protección en función de una penetración más aguda de las grandes casas internacionales. El reciente desdoblamiento de Autolatina anunció la intención de la Ford de librar una batalla comercial internacional contra todos sus concurrentes, en el Mercosur, mediante una racionalización mundial que de aquí en más especializará a sus plantas en componentes separados  para la producción de autos “mundiales”. Lo mismo es lo que intenta hacer ahora Fiat, siguiendo, claro está, una tendencia ya establecida. El significado más general de todo esto es que las automotrices se harán cargo de la producción de sus auto-partes, o a lo sumo sub-contratarán con exclusividad a algunas grandes empresas autopartistas por vía de excepción. Es evidente que en estas condiciones no podía subsistir el régimen de protección de Cavallo, y de ello se ha encargado la Fiat acabando con los Macri y sus intereses especiales. Lo mismo habrá de ocurrir con el grupo Antelo, de la Renault, una vez que culmine la privatización de la casa matriz en Francia. De cualquier modo, Ciadea ya es en parte una sub-arrendataria de la General Motors, que ha anunciado su instalación en el país, al igual que lo ha hecho Toyota. Estos grupos ya no están interesados en la protección de los espacios nacionales sino al revés, en la posibilidad de importar libremente partes y unidades completas, esto en función de una división del trabajo dentro de sus grupos en una escala internacional. Hace algo más de un año, el “Súper-López”, de Volkswagen, había prodigado elogios ilimitados al régimen automotriz de Cavallo, pero por esa época los planes eran otros y estaban expresados en la unión de VW con Ford.

Todos estos acontecimientos permiten entender la crisis que se acaba de producir entre Cavallo y el brasileño Cardoso, un hecho que se presenta como indescifrable para la prensa argentina. Ocurre que Brasil no está dispuesto a que la industria automotriz goce de un régimen de excepción en el Mercosur y reclama el libre comercio dentro de las fronteras de éste y aranceles muy reducidos para las importaciones de fuera de la zona. Si Brasil impone su pretensión, y detrás de Brasil está toda la industria automotriz del mundo, los fabricantes de auto-partes de Argentina no podrán celebrar el tránsito entre el 95 y el 96. Los planteos de Brasil, es decir de los monopolios automotrices, anuncian la gran, gran, gran crisis metalúrgica de Argentina. A sus patronales no las salvará ya ni la flexibilización laboral, ni el “just in time”, ni la ley de empleo.

Lo que suena como “antinacional” para Argentina es perfectamente “nacional” para Brasil, primero porque su industria automotriz terminal no tiene Macris ni Antelos. Pero el planteo brasileño apunta, además, a convertir a Brasil en gran exportador extra-zona y , por lo tanto, convertir a su industria automotriz completamente extranjera, en gran demandante de su industria siderúrgica, metalúrgica (bienes de capital) y aun petroquímica. Sin embargo, es indudable que gran parte de la industria de autopartes de Brasil también habrá de concluir en la lona, pero entre el 96 y el 97.

El gobierno brasileño ofrece como compensación comprar productos agroindustriales de Argentina, un premio consuelo, que no tiene en cuenta, entre otras cosas, la guerra comercial que afecta también a este sector. Lo que aparece como perspectiva, entonces, es una crisis muy grande en el Mercosur, un fuerte desplazamiento de la burguesía nacional, una mayor crisis industrial —todo esto en medio de un proceso electoral que pretende, hasta este momento, la reelección de Menem. Dicen que Cavallo ayudó mucho a la elección de Cardoso, pero parece que la recíproca no es cierta.

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