14/07/2021

La campaña electoral empieza con el puño izquierdo

Federico Imas - Ojo Obrero Fotografía

En estas semanas los aprestos para la campaña electoral comenzaron muy velozmente en las filas del Polo Obrero. Se realizaron asambleas masivas en las barriadas, con un gran componente de compañeras y compañeros que recién se suman a la organización. En otros casos, incluso, participaron de las mismas vecinos y trabajadores que no integran formalmente el Polo Obrero, pero que se vieron interpelados por la convocatoria, que apuntaba a fomentar un debate político que superaba las cuestiones reivindicativas cotidianas. En esas instancias, que en algunos casos cobraron la forma de actos de masas y en otras asambleas más pequeñas, emergió un proceso de transición política que se vive en las entrañas más profundas de nuestro pueblo en el que vale la pena detenerse.

Un resumen de este proceso se vive en las actividades al momento de sacar las obligadas fotos que todos requieren al final de los actos o las asambleas. En lo personal me tocó participar de varias instancias similares y noté un hecho que se repetía: cuando estaba por sacarse la foto alguna compañera o compañero arengaba a los presentes diciendo “el puño arriba”. Ante esto una parte de los presentes seguía la indicación sin problemas, levantando su puño izquierdo. Pero para otra parte de los presentes la cuestión era, como suele decirse, “más compleja”. No sabían bien cómo cumplir el pedido y mucho menos si el puño a levantar era el izquierdo o el derecho. A veces con un poco de vergüenza miraban a otros buscando ayuda, y siempre llegaba alguna voz solidaria que en tono bajo le decía “es la izquierda, no la derecha”. Los que habían aprendido el gesto reclamaban que la foto se saque nuevamente, para que la postal los muestre en la posición correcta.

Aunque me tocó presenciar en varias oportunidades situaciones similares no le di mayor importancia y mucho menos se me ocurrió referirme al hecho o escribir un artículo al respecto. Sin embargo, en la movilización realizada por el movimiento piquetero la semana pasada reclamando que el salario mínimo no puede estar debajo de la canasta de pobreza sucedió un hecho que me hizo cambiar de parecer. Al llegar a la acción de lucha me acerco a saludar a Eduardo Belliboni y Romina Del Plá, que estaban charlando entre ellos. Y escucho que ambos estaban comentando su experiencia sobre el “puño izquierdo”, relatando situaciones similares a las que a mí me tocó vivir. ¡Y a ellos les había causado la misma impresión que a mí, sin que nunca hayamos hablado del tema! Fue así que concluí que no estábamos ante una casualidad o un hecho aislado sino ante un proceso más profundo, que debíamos ponerlo de manifiesto. Después de todo, la simbología tiene en la política una importancia extraordinaria. Que al menos una parte de las masas de nuestro país abandone la V de la victoria y pase al puño en alto vale más que mil artículos -incluso este, claro- ya que expresa un pasaje subjetivo hacia la izquierda.

La intención de las nuevas compañeras y compañeros en aprender la simbología de la nueva organización a la que han decidido integrarse marca, además, que no lo viven como un hecho pasajero sino definitivo. A su modo refleja un proceso más amplio de acercamiento, ya que en las filas del PO (pongo la abreviatura porque vale para ambos PO, Polo y Partido) se acercan militantes que provienen de otras organizaciones y que a partir de su propia experiencia concluyen que deben estar en el PO. En una reunión que tuvimos con los delegados del Polo Obrero de CABA realizado el pasado 9 de julio concluimos que esto podía caracterizarse como una “elección mutua”. Y en un acto de masas realizado el día siguiente en la Villa 31, del que participaron casi 500 compañeras y compañeros, lo corroboramos con creces, ya que formalizaron su integración al Polo compañeras y compañeros de otras agrupaciones, y lo hicieron en un acto político y no en una actividad reivindicativa.

El proceso político subjetivo que se vive en un sector de nuestro pueblo tiene una importancia vital para una construcción política revolucionaria. Hace unas semanas atrás lo abordaba a su modo el escritor y periodista Jorge Asís en un reportaje en Infobae. Allí decía: “el otro día hubo una manifestación del Partido Obrero que fue numerosísima. Si toda esa gente estuviera con el Partido Obrero y con los militantes de Izquierda, te diría que en la Argentina está en una situación prerrevolucionaria. El problema es que el 85% de la gente que va con ellos son votos de la doctora” (en referencia a Cristina Fernández de Kirchner). La afirmación no deja de ser interesante, sobre todo porque viene de un observador que nada tiene que ver con la izquierda pero que le plantea un desafío, o mejor dicho EL desafío: conquistar políticamente al pueblo explotado para la causa del socialismo. En su comentario, Jorge Asís también le advierte a la clase capitalista que hay un peligro latente y al que debe prestarle atención. Después de todo nadie puede ocultar que el señala una contradicción: si se movilizan contra la “doctora” en un momento la van a dejar de votar y, lo más importante, se van a organizar sobre una base política opuesta al peronismo y la conciliación de clases.

Los puños izquierdos que se van levantando en las barriadas de todo el país, a la luz de la campaña ya lanzada por el Partido Obrero y el Polo Obrero, son el fenómeno más disruptivo de la presente etapa política en el país. La campaña electoral del PO y del Frente de Izquierda debe estar en función de desarrollar esa perspectiva y ampliarla a los sectores más activos de los trabajadores, las mujeres y la juventud. Nuestra propuesta de convocar un Congreso del Frente de Izquierda-Unidad parte de esta construcción política y del reconocimiento de sus limitaciones, ofreciendo una vía para superarlas. Que el FIT-U lo tome de conjunto sería un hecho de importancia extraordinaria, y que lo haga como parte de una campaña electoral sería una lección de aprovechamiento revolucionario de las elecciones.

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