24/07/2008 | 1047

La CCC en los micros de la Rural

La vergüenza y el ridículo

«Los micros fletados por la Sociedad Rural de Jesús María al acto de Palermo representaban una de las caras de la Argentina: en el vehículo convivieron productores autoconvocados, señoras paquetas y militantes maoístas de la Corriente Clasista y Combativa (CCC)» (Clarín, 16/7).

«Uno de los micros hizo escala en Córdoba, donde subieron una mujer y dos estudiantes de la CCC que les explicaron a tres jóvenes y a este cronista que ‘estamos en una situación pre-revolucionaria, hay que avanzar con los campesinos y formar una vanguardia revolucionaria’ (ídem anterior)».

Se deduce de todo esto que la multitud congregada en los alrededores de la Rural de Palermo y la embajada norteamericana no llegó tan espontáneamente. O que la columna de La Matanza no tuvo esta vez que vender empanadas para llegar hasta el Monumento a los Españoles. De algún modo esa realidad quedó para la historia cuando la pantalla chica registró a Miguens levantando el brazo de Alderete en uno de los momentos de euforia.

Lo que resulta aún más grotesco es que con el «campesino» Miguens formemos una vanguardia revolucionaria.

Hay sin duda una colosal fractura del régimen kirchnerista; es claro que se rebeló una parte de la burguesía (la agraria) que lo sustentó hasta marzo; que el resto del capital se replantea ir también por todas sus cuentas pendientes: tarifas, precios, indexación «realista» de los bonos de la deuda pública, devaluación, restricción del gasto público y otras delicias. Pero esto suena más a una tendencia contrarrevolucionaria que a «situación pre-revolucionaria». En 2001, las cacerolas sonaron contra los bancos, hoy lo hacen al compás del capital (especialmente el terrateniente).

Un partido se puede equivocar, también se puede equivocar groseramente, el problema es magnificarlo durante ciento veinte días. Al cabo de ellos los «chacareros» De Angeli y Buzzi, y con ellos, toda la Federación Agraria, no hicieron más que reforzar la unidad con el gran capital agrario, y a ganarse a Urquía, Grobo y otros ‘nenes’ que arrancaron «fríos» en la disputa.

La CCC llegó al acto de Palermo como vanguardia, pero no de la Sociedad Rural. De Angeli, con su lomo a 80 pesos, hizo un planteo antiobrero de fondo: subsidiemos el osobuco y algunas harinas para el consumo interno de la peonada (garantizamos incluso los bajos salarios a la Unión Industrial), y liberemos el resto de los precios.

Buzzi fue más lejos que Reutemann en el tema de las «compensaciones» para los ‘pequeños’: planteó que, en lugar de Moreno, se encarguen de aplicarlas Cargill, Bunge y Born, Dreyfus, Nidera o Continental, los monopolios que dominan el mundo del cereal. De paso demostró la hipocresía de sus salteadas denuncias contra esos pulpos por embolsarse miles de millones de dólares que corresponderían al fisco, o sea a los contribuyentes.

El PCR hizo también su aporte, porque mientras las «entidades» dicen, después de la victoria, que alguna retención están dispuestos a pagar, el periódico «Hoy» se pronunció por la anulación completa de las retenciones en favor del impuesto a las ganancias, una idea que el propio De Angeli fue dejando para más adelante. Se trata de una propuesta suculenta, porque la evasión de ganancias supera por lejos la que se registra por retenciones (esto requiere exportaciones clandestinas).

Los adoradores de un argentinazo del que no participaron, para no voltear un «gobierno democrático»; los mismos a los que el Puente Pueyrredón los encontró en «mesa de diálogo» con Duhalde, ahora decidieron no perderse el tren de la historia y se subieron a los micros de la Sociedad Rural para compartir Palermo, esta vez con Chiche Duhalde, López Murphy, Pinedo, Carrió y Barrionuevo.

La situación puede ser más o menos pre-revolucionaria, pero lo que es seguro es que no se hará revolucionaria con la política no-revolucionaria del PCR.

Aliados a los cuatro jinetes del apocalipsis kirchnerista, el PCR y la CCC, entregan la clase media a la contrarrevolución democrática y pretenden llevar a la clase obrera en la misma dirección.

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