14/09/2020

Macri busca volver al centro de la escena

Entre la "anticuarentena" y los aprietes a la Justicia.

La columna de Mauricio Macri publicada en La Nación (13/9) logró hacer ruido. Es evidente que su objetivo es explotar los sucesos de la crisis política para reavivar la grieta con el kirchnerismo, y volver a posicionarse como cabeza de la oposición patronal al gobierno. En su texto, el expresidente acusa a Alberto Fernández de atacar sistemáticamente la Constitución, en particular con la Reforma Judicial, asegura que el aislamiento social tuvo como objetivo reforzar el control social, y expresa a su vez indignación por la reducción de la coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires. Como contracara, reivindica como grandes gestas las movilizaciones de «ciudadanos atentos que han ganado las calles» desde la crisis del campo y la muerte de Nisman hasta los banderazos anticuarentena.

Dentro y fuera de Cambiemos interpretaron que se trata de una jugada como reacción a la centralidad que ganó Horacio Rodríguez Larreta, a partir de la confrontación que tuvo eje en los fondos de la coparticipación, tras el recule del presidente y el gobernador ante el motín de la Bonaerense. Previo a estos chispazos, el rol del jefe de Gobierno porteño había sido de coordinación con el gobierno nacional, aunque sí se peleara para la tribuna con Axel Kicillof.

Algunos referentes de la «coalición» opositora salieron a bancar al exmandatario, como el presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, y el presidente del bloque radical en Diputados, Mario Negri. Pero otros lo cruzaron, como el senador porteño Martín Lousteau, o Emilio Monzó quien -fiel a su política- cuestionó la estrategia polarizadora argumentando que se debe ganar la adhesión de sectores ajenos al núcleo duro macrista para competir en las elecciones 2021 y 2023, en especial con puentes al peronismo, en la expectativa de que se agudicen los choques entre el pejotismo y el kirchnerismo. Es el dilema que carcome a Cambiemos, al menos mientras Alberto Fernández siga concentrando el sostén del grueso de la clase capitalista; a fin de cuentas, su gobierno arregló con los bonistas y negocia con el FMI el plan económico de su mandato.

El intento de levantar el perfil de una oposición más confrontativa busca empalmar con el sector que, en particular en la Capital, salió a movilizarse contra la cuarentena. La apuesta es a pesar de todo un tanto desafortunada, ya que la reciente concentración registró menor concurrencia que la del 17 de agosto. La apelación a la movilización de la clase media pretende fisonomizar una base social a partir de la apreciación de que se profundizará la tendencia a choques sociales en medio de un agravamiento de la crisis.

Este intento de dotarse de una base movilizada, ensayada también en la recta final de la campaña electoral del año pasado, pretende operar además como protección ante la complicada situación judicial que afronta el expresidente. En este terreno, los exfuncionarios macristas vienen de ser desprocesados en la causa de los peajes. Pero la soga sigue alrededor del cuello, por más que no apriete, ya que siguen activas otras causas como la de las escuchas ilegales de la AFI. En esta condiciones, se busca presentar a Macri como un perseguido político, y cualquier avance judicial como un atropello antidemocrático. El kirchnerismo tiene así un poco de su propia medicina. En definitiva, las causas de corrupción son usadas justamente, por unos y otros, para mantener a raya a sus adversarios.

Macri intenta levantar cabeza después de meses de silencio, vacaciones parisinas incluidas, en los que el rumbo de la oposición fue más errático. Habrá que ver cómo se desarrollan los acontecimientos, pero la polarización puede de a momentos jugar a favor o en contra de sus impulsores. El límite del operativo es que en los grandes temas de la agenda nacional no hay grieta: todos apoyan el rescate de la deuda externa y la suscripción de un nuevo programa con el Fondo Monetario.

Por eso, para derrotar el corazón de la hoja de ruta del gobierno de Alberto Fernández, hace falta una movilización obrera. El Plenario del Sindicalismo Combativo que ganará la calle el 17, uniendo los reclamos de ocupados y desocupados, abre una dirección a seguir, en medio de las masivas tomas de tierras por la vivienda, las movilizaciones de las organizaciones de derechos humanos por el asesinato de Facundo Castro y el centenar de casos de gatillo fácil, y de las concentraciones ambientales que rechazaron el acuerdo porcino con China. En ese terreno se juega la perspectiva de desarrollar una oposición obrera y popular para derrotar los planes fondomonetaristas del gobierno, cerrando el paso a los relevos derechistas que se postulan para capitanear ellos el ataque contra las masas.

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