19/07/2001 | 714

La crisis final

La mentirosa política del «déficit cero» ha fracasado sin que fuera necesario ver sus resultados en la práctica. No solamente porque ha desatado una movilización popular de repudio que va creciendo de hora en hora. La manifestación de los estatales, del miércoles 18, y el paro general del jueves, son apenas la punta de lo que se viene. El vigor que irá cobrando la reacción popular está determinado, más allá de los atropellos, como el corte de salarios y jubilaciones y el pago en bonos, por el gigantesco desquicio social que provoca el derrumbe de este régimen y la fatal incoherencia de su política.


 


Los yanquis ya bajaron el pulgar


Más allá de todo esto, el hundimiento del nuevo experimento de Cavallo obedece a que sus propios mandantes le han bajado el dedo. Fundamentalmente la banca norteamericana y Wall Street. El diario Financial Times, vocero de estos intereses, ha sido harto claro (18/7). Luego de elogiar los cortes de sueldos y el megacurro, e incluso anticipar la posibilidad de un nuevo canje (postergación) de la deuda con vencimientos inferiores al año, dice que «de todos modos será muy difícil revitalizar la economía.» Los cortes, agrega, «deprimirán la demanda», de manera que «la demorada adopción de la ortodoxia fiscal sólo posterga la crisis».


Un día antes, el diario Bae se preguntaba si «Los Estados Unidos le soltaron la mano a la Argentina». Para su corresponsal, el Tesoro yanqui y el FMI no están dispuestos a salir en socorro de Argentina. Días antes, el Financial Times (14/7) había publicado declaraciones del jefe de asuntos exteriores del FMI y de la consejera de seguridad nacional de Bush, que rechazaban cualquier «ayuda» adicional. El miércoles 18, el propio Cavallo tuvo que admitir, ante el norteamericano The New York Times, que si los especuladores internacionales lo quieren, pueden provocar la declaración oficial de bancarrota, e incluso señaló en este cometido a «algunas inversores y analistas de Wall Street» (Página/12, 19/7).


 


Los buitres aceleran el derrumbe


Todos estos planteos orientados a precipitar la bancarrota formal de Argentina, tenían lugar cuando la deuda recientemente canjeada se estaba cotizando con una desvalorización del 40%. O sea que un título que había sido emitido a 100 con un 15% de interés, estaba valiendo 60 y el 15% se transformaba, en consecuencia, en un interés de casi el 30%. La caída de la deuda argentina era impulsada por los Fondos especulativos de Wall Street, que venden los títulos en su poder a la baja con la intención de recomprarlos a un precio aún inferior. El objetivo final de toda esta maniobra es precipitar la bancarrota oficial y obligar al gobierno a renegociar o reestructurar toda la deuda, con la expectativa de hacer elevados beneficios como consecuencia del mayor valor que tendría una deuda reestructurada respecto a la baja cotización que ya está alcanzando en el marco de la crisis.


En resumen, el elemento más dinámico del derrumbe capitalista de Argentina ha vuelto a ser la activa especulación internacional para provocar su bancarrota. Incluso el gobierno brasileño y muchos de los especuladores «vecinos», vienen de declarar la necesidad de que la quiebra argentina «se produzca cuanto antes» (O Estado de São Paulo, 17/7), esto con el argumento de que no quieren que sus efectos se hagan sentir en las elecciones presidenciales previstas allí para el 2002. La experiencia en curso vuelve a mostrar %


 


La lucha por el despojo


Existe, sin embargo, un elemento todavía más activo en esta dinámica de bancarrota capitalista, que es fácil de comprobar con algunos datos. Ocurre que mientras los bancos españoles, el Galicia y el francés Credit Agricole, tienen un 30% de sus activos invertidos en la deuda externa, sea nacional o provincial (porcentaje que es aún mayor en los bancos oficiales * el Ciudad llega al 40% de su cartera en títulos públicos), «el resto de los bancos creadores de mercado no estarían tan comprometidos», informa El Cronista (17/7). Entre esos «otros» están los norteamericanos Citibank, Bank Boston, Morgan Chase y Bank of America; el Deutsche Bank; y el inglés HSBC. Es decir que el derrumbe de la deuda argentina y una reestructuración que admita una quita del 30-35% de su valor, dejaría indemnes a los yanquis y compañía, pero podría representar un golpe mortal para sus rivales. A esto hay que agregar que los bancos españoles, el Galicia y los bancos oficiales, tienen una mayor exposición en materia de créditos al comercio que los norteamericanos, que virtualmente no participan en esta franja del negocio. El riesgo de incobrabilidad de los primeros, en medio de la depresión, es por lo tanto incomparablemente mayor. La política del gobierno norteamericano y del FMI está dictada por esta situación: una quiebra de los bancos competidores de los norteamericanos impulsaría el copamiento, por parte de estos, del sistema financiero * y hasta de los créditos sobre gran parte de la pampa húmeda y del negocio inmobiliario. Dice El Cronista: «…la crisis golpea con más fuerza (al) Galicia, Río y Francés. Las (acciones) del Grupo Galicia terminaron ayer un 50.68% más abajo que en enero…Las del Río, un 30% menos…Las del Francés, una caída superior al 50%…».


 


Guerra entre banqueros


Esta caída del valor del capital de los bancos españoles y del Galicia, los ha transformado en bocado para quienes quieran comprarlos. Según La Prensa (17/7) «el Bilbao Vizcaya (dueño del Francés) negocia una fusión con el Lloyds» de Gran Bretaña; el Financial Times ya había señalado que el Lloyds sólo podía avanzar en el mercado bancario con alguna compra importante en otro país (10/7). La revista Urgente (7/01) informa que el Citibank está detrás del Galicia, luego de haber derrotado al español Santander en la compra del principal banco de México. Como las acciones del Galicia se cotizan en la Bolsa de Nueva York, la posibilidad de que sea adquirido por un rival se ha facilitado considerablemente. En definitiva, la lucha de buitres entre los monopolios capitalistas es un fortísimo ingrediente del derrumbe financiero y económico de Argentina. Las recetas de los frepasistas y de la Carrió para «repartir»el ajuste se convierten en fantasía, cuando se comprueba cómo la dinámica de la puja intercapitalista destruye cualquier fórmula aritmética para equilibrar el presupuesto nacional o lo que fuere, sin recurrir a una fuerte intervención contra los grandes monopolios internacionales.


Los españoles la tienen bien clarita: «El ataque contra los mercados argentinos y, consecuentemente, los españoles, ya ha comenzado», dice El Mundo, citado por La Prensa. Para el diario español, «Los mercados claman por una devaluación del 20%», pronosticando «fuertes subidas bursátiles una vez que la medida se lleve a cabo». Es decir que los capitalistas españoles creen que lo que va a salvarlos de caer en manos de los yanquis, es una devaluación.


 


De la Rúa y Cavallo con los conspiradores


La concertación del gran capital internacional para provocar un derrumbe oficial de la deuda, el crédito y la moneda argentina, ya ha penetrado en el gobierno de De la Rúa-Cavallo. En efecto, según informa O Estado…, «El ministro de Economía, Domingo Cavallo, habría iniciado las primeras conversaciones para renegociar toda la deuda externa del país… 142.000 millones de dólares en valores de 1999. La información es de un alto jefe del gabinete presidencial». La voltereta de Cavallo es explicada por él mismo, según el diario, por el fracaso del blindaje y del megacanje. Para iniciar la renegociación total, el gobierno debe declarar antes la insolvencia del país.


La llamada «reestructuración de la deuda» significaría la aceptación por parte de los acreedores de una quita de su valor total del orden del 30%, para hacer viable la prosecución del pago de los intereses y para controlar un derrumbe financiero internacional, ya que Brasil y Argentina concentran el 40% de la deuda de todos los «mercados emergentes». Quienes especularon a la baja harían grandes beneficios, mientras que los bancos más expuestos podrían ser acaparados por otros, en especial norteamericanos. Pero más allá de esto, la reestructuración pondría sobre la mesa el destino del Pami, del Anses, del Banco Nación y del Provincia. Pero también significaría la devaluación del peso y una conmoción social y política que podría tener alcances revolucionarios. Los diarios del jueves 19 hablan de una derogación de los contratos en dólares en caso de producirse una devaluación, citando al presidente norteamericano Roosevelt que en 1933 desconoció los contratos a valor oro cuando devaluó el dólar.


Pero la devaluación simplemente abriría el capitulo más catastrófico de toda la crisis, esto porque obligaría a la burguesía argentina a tomar una decisión frente a la dolarización. La dolarización agravaría la depresión económica y acabaría con el Mercosur. En definitiva, la crisis ha llegado al hueso de todo el régimen social y político. La cuestión del poder está a la vista .


 


El Congreso Nacional de piqueteros


El déficit cero «con equidad», como salida a esta catástrofe, carece de cualquier sustento. Sólo pone de manifiesto la irrevocable incapacidad de la pequeña burguesía de centroizquierda para enfrentar al gran capital. Frente a las masas, es una pérfida tentativa de engaño. La Asamblea Nacional de Piqueteros y Luchadores, del próximo 24 de julio, debe desechar estas recetas inviables y plantear el cese del pago de la deuda, la estatización de la banca y de las AFJPs, el control obrero, un impuesto extraordinario a las grandes ganancias y capitales, el reparto de las horas de trabajo, el aumento generalizado de los salarios y jubilaciones. Un programa de estas características es incompatible con el gobierno y régimen actuales que conspiran abiertamente para destruir lo poco que ha quedado en pie: deben ser expulsados mediante la lucha y la huelga general, para que una Asamblea Constituyente convocada como producto de esta movilización se haga cargo del poder político.

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