22/07/2004 | 851

La crisis imparable y su salida

El país se encamina a una crisis política, que va a ser más que una crisis de gobierno. Es que la tentativa del kirchnerismo de producir una reestructuración económica sobre las mismas bases capitalistas que condujeron al colapso del 2001, está mostrando todas sus contradicciones. La circunstancia de que la producción industrial de abril hubiera retrocedido nada menos que un 3,9 por ciento con relación a marzo es un síntoma de ello, por la simple razón de que afecta uno de los pocos puntos fuertes del momento, que es la llamada ‘reactivación’. Esto ocurre en el marco de la crisis energética y del continuo impasse en la renegociación de la deuda externa que se encuentra impaga.


La expresión del empantanamiento oficial en el plano político es el recrudecimiento de las críticas de la oposición que encarnan López Murphy y Carrió, pero por sobre todo la conspiración ininterrumpida del duhaldismo. Se diría que los adversarios del gobierno, en el mismo campo patronal, huelen sangre. Una manifestación de este choque político es el inmovilismo en que se encuentra la cuestión de una nueva ley de coparticipación federal, a la que se opone una mayoría de gobernadores. La modificación de la ley es, sin embargo, una condición para poder pagar la deuda pública, no ya de la que está en ‘defol’, sino de la que sí se está pagando. Los gobernadores, por su lado, tampoco gozan de mucho margen de maniobra, como lo revelan las crisis provinciales y la incapacidad que tienen para satisfacer los reclamos salariales de los trabajadores del Estado.


Un factor que ha acelerado la crisis oficial es, por supuesto, la nueva crisis financiera que se proyecta en todo el escenario internacional. Aunque el gobierno niega que ella pueda afectar a la Argentina, con el argumento de que no está participando en el mercado internacional de capitales, la suba de las tasas de interés golpea a sus principales proyectos. Uno, es la necesidad, a partir del año que viene, de contraer nueva deuda en el mercado argentino para poder pagar la contraída a partir del 2002. El otro es atraer capitales para los Fondos Fiduciarios con los que pretende recomponer el crédito interno para financiar la actividad industrial y diversas obras de infraestructura. Con una Bolsa que ha caído un 25 por ciento en el año, no parece fácil que los Fondos puedan reunir allí el dinero que necesitan. Si como lo advierte una mayoría de opiniones, Brasil no puede evitar un colapso, las condiciones económicas del gobierno de Kirchner se habrán volatilizado.


En este marco, lo que el gobierno quiere hacer pasar por una política no resulta otra cosa que echar lastre. Ha firmado un convenio con Aguas Argentinas, pero sólo hasta fin de año, como si para esa fecha la situación fuera mejor que la actual. La renegociación del modelo de contrato menemista ha quedado en el olvido. Para yapa de los franceses, Kirchner les perdona las multas que deben pagar por incumplimientos.


El caso del gas ya es conocido: las empresas retienen el fluido y el gobierno las premia con un aumento en boca de pozo y con otro en la forma de ‘castigo’ al consumo domiciliario. Hace 24 horas se vanaglorió de haber frenado un aumento de la nafta, pero sólo después de una conversación con Alfonso Cortina (de Repsol), en la que se comprometió a anular el aumento que había anunciado de las retenciones a la exportación. Los pulpos incrementarán, entonces, las exportaciones, cuyos precios son hoy usurarios, repitiendo la maniobra que hicieron con el gas. También en el caso del petróleo, el kirchnerismo ha renunciado a modificar el modelo de contrato con las privatizadas que estableció el menemismo. Para los pulpos, esto constituye una victoria estratégica.


En todas estas idas y vueltas es el gobierno, no los pulpos, el que ha quedado en la condición de rehén. Los pulpos seguirán extorsionando con la oferta porque quieren el precio que recibían en los ‘90 para poder pagar su propia deuda externa y para poder contraer deuda nueva. Ningún pulpo tiene pensado invertir un solo peso propio. Frente a esta situación, los planteos de crear desde cero una empresa estatal de gas o de armar Fondos Fiduciarios para contrarrestar la falta de crédito, son manotazos en el vacío.


El empantanamiento del gobierno en sus propias contradicciones está provocando la desesperación de su ‘hinchada’: la CTA, el Partido Comunista o Patria Libre. Hay que decir, sin embargo, que son aún más cobardes que su líder. Lo prueba la campaña que despliegan contra la Asamblea Nacional Piquetera que, sin embargo, es la que ha encabezado la movilización contra los acaparadores del gas y reclamado la intervención del Estado en los pozos y a los pulpos. Apenas tibiamente, esta ‘hinchada’ reclama un plebiscito y lo hace del modo más vago posible –en torno al concepto de distribución del ingreso. Pero el recurso a un plebiscito, en el marco actual de la crisis, sólo podría tener algún sentido si es formulado como planteo de poder, o sea para oponer el electorado (las masas) al FMI, los pulpos, Duhalde y la oposición de derecha. La consecuencia de un plebiscito real que resultara victorioso, sería la disolución del Congreso y la renuncia de los gobernadores, y la convocatoria de una Constituyente. Pero precisamente porque ésta sería la única conclusión lógica de un referéndum, sus partidarios oficialistas lo plantean a escondidas, o sea para no confrontar con el Estado movilizando al pueblo.


¿Cómo enfrentamos el conchavo del gobierno con la ofensiva capitalista y cómo nos preparamos, al mismo tiempo, claro, para la crisis política que se avizora?


La ANT está llevando adelante un plan de lucha y lo está haciendo con la CCC, así como interviniendo en todas las luchas obreras, como las de docentes y estatales –es decir desarrollando un frente único que tiene por eje los reclamos salariales y de trabajo, y la ruptura con el FMI. El método político de este plan de lucha consiste en destacar las limitaciones insalvables del gobierno para hacer frente a la crisis capitalista desde un punto de vista popular y para enfrentar a los pulpos que quieren recomponer su posición previa a la crisis, pero en el marco de un colosal retroceso de las fuerzas productivas y los derechos obreros; y en desarrollar a partir de esta lucha y de este señalamiento político una alternativa de masas al poder de la burguesía.


Pero el desarrollo de la crisis y el crecimiento de las luchas están demostrando algo más. En una reciente reunión de la Asamblea Popular de San Telmo, en la que participaron los dirigentes del Polo de la Ciudad y Raúl Castells, se discutió la necesidad de una campaña nacional de discusión de un programa y una táctica política que permita construir un gran frente político de masas. Lo único que podemos decir del planteo, es que es acertadísimo.


Al lado de esto y empalmando con la experiencia de las crisis en Santiago, San Luis y Santa Fe, en Tucumán se está desarrollando una poderosa corriente de frente único, que abarca a numerosas organizaciones sindicales y que está ejerciendo una fuerte presión sobre algunos sectores de la burocracia sindical. De este proceso ha surgido el planteo de organizar una gran Asamblea Popular en un estadio. Para ello es necesario, sin embargo, que las principales direcciones populares se pongan de acuerdo. Hay que hacer una campaña en esta dirección. A partir de la Asamblea Popular de la provincia podrían desarrollarse otras tantas en todas las localidades e incluso arribar a un Congreso de asambleas de todo Tucumán.


Esto no ha salido de la cabeza del Partido Obrero. Es la conclusión que el Partido Obrero vuelca a los trabajadores a partir de la experiencia que nuestras masas van realizando en el marco de la imparable disgregación del capital.

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