17/10/1996 | 515

La ‘ética’ capitalista lleva a la corrupción

Para la oposición centroizquierdista- radical, la corrupción es la causa de todos los males sociales de la Argentina. Si se la eliminara, repiten a diario los Chacho Alvarez y los Terragno, se podría solucio­nar el drama de la desocupación, aumen­tar los salarios y las jubilaciones y hasta reducir los impuestos al consumo. En resumen, toda la ‘sapiencia’ frepasista- radical no se eleva más allá de lo que enunciara hace ya varios años el ‘recontra chupa medias’ Barionuevo: “si todos dejáramos de robar durante dos años… ” Los frepaso-radicales pretenden un “capitalismo sin corrupción”, lo cual es, en el mejor de los casos, una ilusión. El motor del capitalismo es el beneficio y ningún capitalista dejará de utilizar los recursos que tenga a la mano -incluidos la corrupción, el contrabando, y las coimas a los funcionarios públicos- para aumentar­los a costa de-sus competidores. Más aún cuando lo que está en juego, como conse­cuencia de la agudización de la crisis capitalista, es la propia sobrevivencia.


Supongamos por un instante, sin em­bargo, que esta utopía se hiciera realidad y que los capitalistas antepusieran la ‘éti­ca’ al ansia de acumular beneficios.


Este ´paraíso’ de los frepaso-radica­les aun sería un infierno (sin comillas). El medio fundamental del que podrían va­lerse los capitalistas para ‘competir’ se­ría la superexplotación de los trabajadores: alargar las jomadas, reducir los sala­rios, aumentar los ritmos de producción, aumentar la competencia entre los obre­ros mediante el incremento de la desocu­pación, serían los únicos medios a dispo­sición de los capitalistas para desplazar a sus competidores del mercado. El conte­nido de clase de la propaganda ‘ética’ de los radicales y frepasistas resulta claro.


Paro tampoco esto acabaría con la corrupción. Porque, ¿cómo podría esta burguesía ‘ética’ enfrentar a los trabaja­dores si no es, como ha hecho a lo largo de toda su historia, corrompiendo a las direcciones de los sindicatos? Pero para corromper a la burocracia sindical hay que corromper al funcionariado estatal; la represión eleva de categoría a los re­presores que pasan a reclamar su tajada de los negocios. La corrupción que ha­bíamos ‘eliminado’ en la ‘competencia’ entre los capitalistas resurge agravada, bajo la forma de fascismo, como una necesidad de la lucha de los patrones contra los trabajadores. En otras pala­bras, no es posible acabar con la corrup­ción sin acabar con el capitalismo.


El ‘capitalismo ético’ que propagandizan los opositores no existe… pero su verso busca mantener a los trabajadores -atados al carro de la burguesía.

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