03/10/1996 | 513

La función antisocial de los medios capitalistas de prensa

A propósito del ‘Caso La Prensa” y la movilización del 26/9

Uno de los mitos que circulan con mayor insistencia, es que en el mundo ‘globalizado’, le cabe un papel determinante a la ‘éti­ca periodística’ en el ‘hecho comunicacional’’, es decir, a la observancia, por parte del comunicador social, de una conducta ‘responsable’. Sobre esto, la Unión de Trabajadores de Pren­sa de Buenos Aires (UTPBA) ha hecho toda una profesión de fe.


Esta conducta ‘responsable’ estaría dada, según sus difuso­res, por el ‘compromiso’ del pe­riodista con el contexto social en el que le toca vivir. El periodista individual, y no la empresa-medio de comunicación en la cual trabaja, sería de esta manera, el responsable de la información que se le brinda al público lector, televidente o radio escucha.


Tanto énfasis en el problema ético encubre, sin embargo, la fal­sa premisa de la cual se parte: lejos de cumplir una función so­cial, los medios de comunicación capitalista cumplen un papel emi­nentemente antisocial, porque son encubridores ideológicos de la realidad social de clases enfrenta­das. Su función antisocial está dada porque, objetivamente, como empresas periodísticas capi­talistas, apuntan a contener y desviar el desarrollo de una con­ciencia de la situación real por parte de los trabajadores.


Está claro que ningún perio­dista individual podría modifi­car esta realidad por sí mismo a partir de su propia “ética”, y, por lo tanto, insistir en este as­pecto sólo sirve para justificar a las patronales que mandan al frente al periodista individual, para que éste responda con su responsabilidad civil y penal los cargos por ‘injurias’ y ‘calum­nias’, cuando se produce algún roce con funcionarios o autorida­des del gobierno. Mientras los periodistas son condenados a penas de prisión y deben respon­der con su patrimonio personal y el de su familia el resarcimiento indemnizatorio, por haber afec­tado el ‘buen nombre y honor’ de algún delincuente de guante blanco, la patronal del medio de comunicación del periodista que se trate, se cubre con el halo de prensa opositora, forrándose de guita los bolsillos.


Ocultamiento y tergiversación


Existe una ley de hierro en­tre los medios de comunicación: “entre bueyes no hay corna­das”. Los medios de prensa no son la única corporación capita­lista que aplica este principio, pero sí, en todo caso, la que lo lleva más lejos; precisamente, por ese carácter ideológico que reviste la ‘información’.


Es prácticamente imposible que un medio de prensa refléje el conflicto que trabajadores de prensa de otro medio sostienen con su patronal. La información es celosamente ocultada, encajo­nada y si por esas circunstan­cias, la movilización y denuncia de los trabajadores adquiere una envergadura tal que rompe el bloqueo informativo, la informa­ción saldrá inevitablemente par­cializada y tergiversada, al gus­to del paladar patronal.


El martes 24 de, setiembre me tocó vivir en lo personal un bloqueo informativo alevoso. En la sala de periodistas de la Con­vención Estatuyente, junto con un grupo de compañeros de la Comisión de Solidaridad y el se­cretario gremial de la UTPBA, Daniel Terreno, ofrecimos una conferencia de prensa para de­nunciar la persecución penal que ya se ha popularizado en el gremio como “El caso La Prensa” (a la cual se acercaron con su apoyo estatuyentes de todos los bloques opositores: Eduardo Jozami, Angel Bruno, Delia Bisuti, Carlos Oviedo, Mabel Piñeyro del Frepaso; Enrique Rodríguez y Antonio Elio Brailovsky de Nueva Dirigencia, Martín Hourest, Silvia Collins y Osval­do Riopedre de la UCR).


Los compañeros de prensa acreditados en dicho lugar, tam­bién estuvieron presentes en la conferencia de prensa: de La Na­ción, Clarín,DyN, Télam, Canal 9, Ambito Financiero, Radio


Municipal, FM Latinoamericana y Página 12. La cobertura periodística, sin ninguna duda, existió.


Sin embargo, salvo el caso de las radios, la información no sa­lió por ningún otro medio. En el caso de Canal 9, el reportaje que nos hicieron a Jozami, a Juan Carlos Capurro y a mí, no se emitió por el noticiero del canal.


Está claro que la transparen­cia informativa del ‘opositor’ Clarín se enturbia cuando apa­rece la verdadera lucha sindical, porque tampoco publicó nada sobre la conferencia de prensa que dimos el martes 24 en la Estatuyente.


El pulpo periodístico más im­portante del país acaba de ganar­le —gracias a esta justicia mene- mista a la cual ‘critica’— un juicio de desafuero a uno de mis abogados, Pablo Llonto, quien se desempeñaba como secretario general de la interna del diario propiedad de la viuda de Noble. Fue alevoso observar cómo una de las empresas de este multime­dio, Canal 13, al informar sobre la concentración del jueves 26 en Plaza de Mayo omitió de manera indisimulada enfocar, con sus cámaras, a la columna —por le­jos— más nutrida y bulliciosa de la izquierda, la del Partido Obre­ro, para mostrarla únicamente —a la manera de los servicios de Corach— en el momento en que inevitablemente se producen em­pujones al desconcentrar una marea humana de cien mil perso­nas, mientras un ‘ético’ periodis­ta del canal gritaba histérico: “Los del Partido Obrero se pelean entre ellos. No se pue­de creer”.


Lo que se puede entender, sí, perfectamente, es la perfidia mercenaria de los medios de comunicación capitalista. Para ellos somos los enemigos políti­cos a vencer, porque somos los únicos que proponemos una sali­da obrera a la crisis. Esto resalta aún más la importancia de nuestra Prensa Obrera, y la necesi­dad de pegar un salto político que nos transforme en el Partido Obrero de masas que los trabaja­dores necesitamos.