07/07/2007 | 899

La izquierda se tropieza con la cuestión clerical


En la mesa de debates sobre el frente de izquierda para las elecciones de octubre ha aparecido un asunto que tiempo atrás habría resultado sorprendente: la postulación (o el asentimiento), para representar a la izquierda luchadora en el Parlamento, de tendencias y referentes políticos que se oponen al derecho al aborto e incluso a la llamada ‘salud reproductiva’, o a la distribución gratuita de preservativos. Se plantea la posibilidad de que el frente de izquierda que emerja de estos planteos se encuentre a la derecha de Ginés González García (o sea, del duhaldismo, lo que no es poco).


 


Un frente popular… ¿clerical?


 


La discusión del método político que habría debido servir mejor para que un frente de izquierda organice la representación de los trabajadores en lucha (por ejemplo, asambleas y elecciones internas, como propuso el PO) ha dejado su lugar a la pretensión de que los futuros representantes de un frente de izquierda en el Congreso y en las Legislaturas puedan provenir del campo clerical.


 


El “acuerdo político” que algunos partidos opusieron como alternativa a una elección interna para la designación de los candidatos ha pasado a significar la aceptación de candidaturas que comulgan con las posiciones de la Iglesia. Los operadores de prensa que escriben en Página/12 no hacen la menor alusión a esta nueva situación y siguen fingiendo que las divergencias dentro de los partidos de izquierda giran en torno a ‘las internas’.


 


Uno de los fogoneros de este planteo de frente clerical es el partido comunista. El partido comunista parece empeñado en hacerle pagar a la izquierda la factura del fracaso del Encuentro de Rosario, exigiendo que los náufragos de ese Encuentro encabecen las listas u ocupen lugares expectables en ellas, sin importarle para el caso su condición clerical.


 


Pero otro animador fundamental de este emprendimiento es el partido comunista revolucionario. El PCR, luego de haber integrado el frente menemista en las elecciones de mayo de 1989 (y de haber participado en un episodio electoral con el periodista Alberto de Renzis), ha sido sistemáticamente abstencionista —una posición que ha ratificado para las elecciones de octubre próximo. Sin embargo, estaría dispuesto a adoptar una posición concurrencista si la candidatura de Mario Cafiero ocupara un lugar importante en un frente. El PCR integra con Soberanía Popular (de Mario Cafiero y Alicia Castro), con la Democracia Cristiana y con el PSA, la Confluencia Popular. Como lo sabe la opinión pública y lo hemos destacado en estas páginas, Cafiero es uno de los más consecuentes militantes del clericalismo en Argentina, más allá de la presencia de la propia democracia cristiana en Confluencia. La estrategia abstencionista del PCR sucumbe ante candidatos afines a la Iglesia.


 


(Es verdaderamente inédito que un partido abstencionista participe de un frente con diputados y políticos electorales o que, participando de cooperativas financiadas por el gobierno, diga (Hoy, 11/5) que los que luchamos por un frente de izquierda para las elecciones de octubre queremos ‘retocar’ el sistema.)


 


La conciencia en paz


 


Debería ser claro para cualquiera que no estamos ante problemas que pudieran encarpetarse como asuntos reservados a la conciencia personal, pues son objeto de debate y enfrentamiento en el plano político. El tema de si la procreación debe ser una cuestión reservada a la decisión de la mujer o debe caer bajo la calificación del Código Penal es, por una parte, una cuestión política central y, por la otra, una cuestión social aún más fundamental. La intervención masiva de la mujer trabajadora en la actividad y la lucha sociales es un pilar fundamental para la victoria de la clase obrera contra el capitalismo.


 


La cuestión clerical tampoco se limita a la cuestión de la mujer. La privatización de la educación ha marchado a pasos acelerados y, dentro de ella, el control de la Iglesia. Sólo por esta razón es válido caracterizar que el clero cogobierna en Argentina; una educación clerical significa, a término, un Estado clerical, o sea, moldeado por el código canónico, las encíclicas y los obispos. Este cogobierno se manifiesta también en el sostenimiento de la Iglesia por parte del Estado (que nunca entra en default, como sí ocurre con la deuda pública); en la injerencia clerical en la asistencia social y en la organización hospitalaria privatizada e incluso estatal. ¡El aparato de la Pastoral Social ha pasado a copar en forma creciente las empresas recuperadas! Si prospera el frente que se está incubando, los izquierdistas que lo impulsan deberán entregar, programáticamente, algo más que el derecho a usar preservativos. La CTA ha demostrado tener una conciencia más clara de todo lo que está en juego, al lanzar una campaña por la despenalización del aborto bajo la consigna “Baseotto nunca más” (solicitada de la Federación Nacional de la Salud, Página/12, 9/5). Es decir que la cuestión del derecho al aborto plantea la cuestión clerical. Precisamente, el concordato que faculta al Vaticano a designar los capellanes militares demuestra, simultáneamente, que el Estado argentino es clerical y que para ello ha renunciado parcialmente a la soberanía política.


 


Es un escándalo que se niegue la cuestión clerical en la izquierda luego de lo ocurrido con las exposiciones de León Ferrari y en Córdoba, o luego de la reivindicación de los métodos de la dictadura por parte de Baseotto y de su defensa por el Vaticano. Está en carpeta el juicio político a Boggiano, quien goza del apoyo personal del nuevo Papa.


 


No es cierto que el planteo anticlerical se encuentre perimido y, peor, que juegue un papel distraccionista con relación a otros, supuestamente más importantes en las prioridades, como la lucha contra el imperialismo, por la independencia nacional o el no pago de la deuda externa. Sostener esto luego del papel jugado por la Iglesia en la restauración del capitalismo en la ex Unión Soviética y sus naciones satélites es sencillamente un desatino. El cardenal Sodano, como nuncio de Juan Pablo II en Chile, fue un sostenedor de Pinochet, en tanto que en Argentina la Iglesia fue pilar de la dictadura. La privatización de la educación y el desmantelamiento de las universidades del Estado es parte integral del pago de la deuda externa; esta privatización recicla capitales que se aplican a centros de investigación que se sustraen al Estado y que servirán como anexos de los grandes pulpos capitalistas. Perez Companc, el principal cajero de la Iglesia, ha sido uno de los principales beneficiarios del canje de deuda por empresas del Estado. ¡Las finanzas del Vaticano se encuentran invertidas en los mercados financieros de deuda! Confundir la demagogia social o nacional del clero con el antiimperialismo es otro desatino.


 


Progresismo vs. Marxismo


 


Es naturalmente necesario distinguir la cuestión clerical de la religiosa y al clero opresor del clero oprimido. Defendemos, por eso, a los clérigos musulmanes que luchan contra las tropas yanquis en Irak; o a los jeques palestinos que luchan por poner fin a la dominación sionista; o a los curas católicos que luchan por una Irlanda republicana unida e independiente. Pero no lo hacemos, ni siquiera en estos casos, con indiferencia o neutralidad hacia el clericalismo. En Argentina, la lucha por la separación de la Iglesia del Estado; por una educación estatal única, laica y anticonfesional bajo la dirección de los trabajadores; por la gratuidad de la salud pública, incluida la atención del aborto; forma parte de la lucha por la democracia y la independencia nacional.


 


La mayor parte de los gobiernos capitalistas se han visto obligados a considerar los temas de procreación y salud sexual, a partir de las calamidades sociales como el sida y los abortos juveniles o clandestinos. La función de este tipo de legislación es buscar contener o reparar los desastres del régimen social. La conexión entre la legislación que los estados impulsan o toleran con el negocio capitalista es tan estrecha, que la sanción de la “unión civil”, por parte de la Legislatura porteña, contó con el apoyo del ‘lobby’ de las agencias de turismo que compiten por el turismo gay con Río de Janeiro. Buenos Aires ocupa en la actualidad el primer lugar en ese tipo de turismo —lo cual significa, como es obvio, una gran inversión de capital.


 


No hace falta decir, entonces, que la mayor parte de estos derechos, por los cuales los trabajadores y los explotados luchan o van a hacerlo, son (contradictoriamente) la expresión de la posición de opresión que ocupan en la sociedad y una reafirmación práctica de esa opresión. El progresismo cataloga a esos derechos de otro modo: como una expresión del avance creciente de la civilización; de una sociedad con “más derechos”. Los socialistas tenemos en esto, con los progresistas, una divergencia de principios. El derecho al trabajo no es una manifestación del progreso humano sino el último recurso de sobrevivencia del obrero bajo el capitalismo. De un modo similar, para una masa abrumadora de mujeres el aborto es un recurso último ante la imposibilidad de la maternidad real en las condiciones de la pauperización capitalista. Luchamos por el trabajo libre y por la posibilidad plena de la maternidad. Apoyamos la lucha ‘negativa’ contra la opresión, explicando sin cesar la necesidad de abatir a la explotación misma.


 


Este es nuestro programa para un frente de izquierda.


 

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