27/12/2000 | 693

La izquierda y la intifada

Hermán Schiller, el periodista de Izquierda Unida que le contó a Lanata que vivía de la plata de los amigos, no participó de ninguna de las movilizaciones que tuvieron lugar contra la represión sionista al levantamiento nacional palestino. Tampoco lo hizo su Movimiento Judío por los Derechos Humanos, ni el Polo Socialista. ¿ No es por lo menos curiosa esta forma suya de oponerse a los fascistas del sionismo en nombre del sionismo democrático?


Ocurre que Schiller también está en contra del levantamiento palestino, algo que sí es perfectamente comprensible de parte de un sionista. A pesar de esto pretende, desde la invocación de los derechos humanos, formar parte de la izquierda antiimperialista en Argentina y por sobre todo ocupar las principales candidaturas electorales de una de sus fracciones.


Para Schiller, la «paz es revolucionaria», no el levantamiento palestino, es decir, no la lucha contra el sionismo con métodos revolucionarios. Clinton y Barak, por su lado, no piensan como Schiller que la paz sea revolucionaria sino que están firmemente convencidos que es contrarrevolucionaria, lo cual los hace todavía más «pacifistas» que Schiller, al punto que se prodigan en imponerla a sangre y fuego.


¿Pero cómo puede ser «revolucionaria» la paz entre el opresor y el oprimido? Hay que caer muy bajo en la escala de valores morales para afirmar semejante desatino. Clinton y Barak impulsan la «paz» precisamente para afianzar ese statu quo de opresión nacional. Todos los esquemas de paz que se discuten en el Medio Oriente tienen por finalidad preservar esa relación de opresión; un estado sionista financiado por el imperialismo mundial y superarmado versus un «estado» palestino que, en el mejor de los casos, no tendría más autonomía que la de la ciudad de Buenos Aires. La función de ese «estado» palestino sería la de ejercer la función de policía contra su propio pueblo a cuenta del estado sionista. Esta es la aspiración nacional de la burguesía palestina, radicada fundamentalmente en Ryadh y Londres. Es lo que estuvo haciendo hasta el estallido de la segunda intifada, con la intervención directa de oficiales de enlace de la CIA. ¡Qué revolucionaria que es esta «paz»!


Schiller cree haber encontrado en la afirmación de que «no hay nacionalidades buenas y nacionalidades malas», una fórmula que suena a marxista para justificar su inmoralidad política. Esto significa que pone un signo de identidad entre la libertad nacional judía y el sionismo, o sea que la libertad nacional judía significa la opresión palestina. Pero en esto consiste exactamente el fascismo *en valerse del nacionalismo para oprimir a otras naciones; en negar la libertad nacional de los demás en nombre del derecho nacional propio. Los sionistas que apoyan un estaduelo palestino en Gaza y Cisjordania, con acceso al 3% del agua de la región y circunvalado por guarniciones militares, quieren asegurarse mano de obra barata para competir en el mercado mundial.


La base nacional del sionismo es la confiscación económica y política de la nación palestina; la historia sionista de Israel es una historia de confiscaciones y expulsiones, muchas veces incluso por medio de masacres. De ningún modo habría podido acometer esta tarea sin el apoyo activo del imperialismo mundial. Sin confiscaciones, masacres y tutela imperialista, el sionismo no habría cobrado realidad efectiva. Como consecuencia de esto, el pueblo judío no goza de verdadera libertad porque está acechado por el odio de los pueblos que oprime. Para reconquistar la libertad, el pueblo judío deberá acabar con el sionismo, pero tampoco podrá realizar esto sin la alianza activa con los pueblos oprimidos por el sionismo. Schiller al igual que Sharon no defiende el derecho al retorno a su tierra de los palestinos expulsados desde 1948. Sabe como Sharon que eso sería el fin del sionismo. ¿Pero puede aceptar la izquierda argentina a un seudoSharon?


Desde los tiempos de Stalin, el partido comunista ha apoyado la existencia del estado sionista, al principio coexistiendo, no con un estado palestino sino con la monarquía jordana. Sigue en lo mismo; denuncia a Barak por «levantarse de la mesa» en Camp David (Propuesta, 19/10); Clinton, por ese mismo desplante, denuncia a Arafat. Es una diferencia de matiz. Pero al lado del estado sionista (y de la monarquía jordana), ningún pueblo gozará de libertad nacional en Palestina, los trabajadores árabes serán mano de obra barata y esclava del capitalista judío del Estado sionista. La posición de cuño staliniana del PC coexiste con la de Schiller.


Lo que llama la atención es la simpatía del Mst para con los andares de Schiller y la de Schiller para con los del Mst, si se tiene presente que éste insiste en «la destrucción del estado sionista» y en «el retorno de los casi 4 millones de exiliados a su tierra» (2/8). La explicación para estas contradicciones es la conveniencia electoral que supone que Schiller atrae a judíos progresistas o a electores sensibles a los derechos humanos. Pero si este es el caso, la crítica del Mst al sionismo es «para la gilada». De cualquier modo, vuelve a dejar constancia que la izquierda antiimperialista es incompatible con el sionismo, y que si lo acepta se transforma en proimperialista.


No solamente por estos pagos se asimila los derechos nacionales palestinos al reconocimiento de un estaduelo controlado por la CIA y el Mossad. Es tambien, por ejemplo, la posición internacional del Secretariado Unificado. De ninguna manera, el derecho nacional palestino es el de recuperar sus tierras, retornar a su nación; no es un derecho «histórico» que debiera reconocerse como dogma, sino un derecho por el cual lucha efectivamente el pueblo palestino. La realización de este derecho es incompatible con el sionismo y con el propio régimen capitalista.


Cualquier victoria o avance del pueblo palestino, en este contexto, sólo será un momento o aspecto de una lucha que no puede llegar a su fin sin una reorganización social y nacional que tenga por base el fin del Estado sionista. Los reclamos de la segunda intifada no plantean la destrucción del estado sionista; la relación de fuerzas es muy desfavorable para avanzar esta consigna y la dirección política del nacionalismo pequeño burgués o islamista, es hostil a este objetivo estratégico, debido a que empalma con la revolución social. Pero las reivindicaciones de: 1. Retiro incondicional de las fuerzas de ocupación militar; 2. desmantelamiento de las colonias en la zona ocupada y Gaza; 3. un estado independiente, y, 4. derecho al retorno; estas reivindicaciones son incompatibles con el estado sionista y plantean la perspectiva de una República palestina única, laica, democrática y socialista de árabes, judíos y cristianos.

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Reproducimos el artículo "Hace 20 años la CIA asesinaba a un gran revolucionario" publicado en Prensa Obrera 07/10/87
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