08/07/2004 | 858

La marcha de la bronca debe ser nacional

Al momento de escribir estas líneas, gruesas columnas de trabajadores municipales, viales, docentes y estatales de Tucumán, junto a las organizaciones piqueteras de la CCC y el Polo Obrero, han comenzado la Marcha de la Bronca.


Parten desde los pueblos del Interior y tienen como destino la Plaza Independencia.


Van por un salario básico de 350 pesos y trabajo genuino.


El gobierno provincial, al que el gobierno K reconoce como su propia criatura, amenaza retirar los planes a los que se movilicen. Más de 2.000 policías fueron movilizados para impedir el paso de los manifestantes. Hasta armaron una “contramarcha” comprada a 10 pesos por cabeza y un bolsón.


La Marcha de la Bronca tucumana fue “preparada” por dos meses de paros y movilizaciones.


Por la fusión de una vanguardia obrera en piquetes y asambleas conjuntas de trabajadores ocupados y desocupados.


Los tucumanos paralizaron los intentos de quebrar su frente de lucha, rechazaron las negociaciones por separado con el gobierno y resolvieron que cualquier oferta sea tratada en asambleas generales de cada gremio y un plenario conjunto de delegados con mandato.


Paralizaron, hasta ahora, las maniobras de las burocracias de los gremios de la CTA para dividir el movimiento de lucha y salvar al gobierno. Como hicieron en la provincia de Buenos Aires.


La noticia no ocupa la primera plana de los diarios, que prefieren detenerse en la “pelea” de Kirchner con jerarcas del clero por la frase de un obispo que advirtió que el “conflicto social” está “saliéndose de madre”. Una pelea de impostores si se aprecia el lugar de Cáritas en el presupuesto público y el compromiso del gobierno K de defender la penalización del aborto como “cuestión de Estado”. Por eso, el Vaticano minimizó el choque: “Son cosas que pasan” (La Nación, 7/7).


Cada “embestida” del Presidente es un acto de engaño, la apariencia de una batalla decisiva que encubre un retroceso permanente.


Retroceso ante los acreedores y el FMI, para quienes se prepara una oferta aún más suculenta por el pago de la deuda en default.


Retroceso ante las privatizadas, a las que ofrece un tarifazo a plazo fijo.


Retroceso ante el Pentágono, con el envío de las tropas a Haití.


Retroceso ante la derecha, con la firma del petitorio Blumberg y el financiamiento de su “cruzada”.


Tucumán es clave porque adelanta un escenario nacional.


Expresa el tan temido “desembarco” de las organizaciones piqueteras en los sindicatos.


Esto, horas después de que el ministro Aníbal Fernández declarara que “el movimiento piquetero ha desaparecido” (La Nueva Provincia, 3/7).


El ministro no ha advertido que, mientras hace sus cuentas, el pueblo se “piqueteriza” cada día más. Como en Tucumán.


El movimiento piquetero existe porque concentra todas las contradicciones de un régimen capitalista en disolución.


Porque tiene un planteo de salida frente a un régimen social incapaz de dar de comer a sus esclavos y de dar satisfacción a las más elementales necesidades populares.


Porque reclama que el dinero del Estado vaya a un plan de obras públicas bajo control de los trabajadores y no a seguir llenando los bolsillos de los banqueros.


Porque reclama el control obrero para evitar los crímenes de los accidentes de trabajo, como en Río Turbio y en todo el país.


Porque reclama la disolución de la policía asesina, la elección popular de los jueces y el control de la “seguridad” por los trabajadores y las asambleas populares contra la masacre cotidiana del “gatillo fácil”.


Porque borró del escenario popular a la burocracia de los sindicatos y avanza a recuperarlos como organizaciones obreras de lucha. Como en los sindicatos docentes de Santa Fe o en la cuenca minera de Río Turbio.


Por eso sigue siendo una referencia del pueblo “amotinado”, a pesar de la feroz campaña en su contra.

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