19/02/1998 | 574

La masacre del pueblo de Irak ¿nos es indiferente?

El Estado que posee el mayor arsenal atómico y bacteriológico de la historia se apresta a ejecutar una nueva masacre.


El Estado que posee el mayor arsenal de destrucción masiva que alguna vez se haya conocido, se valió de él en reiteradas oportunidades. Dos bombas atómicas contra Japón; ataques químicos durante la guerra de Corea (1950/53); guerra química en Vietnam. Documentos recientes permitieron saber que Estados Unidos utilizó a seres humanos como cobayos en experimentos de guerra tanto atómica como bacteriológica. Amenazó con un ataque atómico a Cuba; lo mismo hizo la flota inglesa contra Argentina.


Este Estado tiene disposiciones legales que limitan decisivamente la inspección internacional de sus arsenales de destrucción masiva.


Es, sin embargo, en nombre de la lucha contra la diseminación de ese armamento, que Estados Unidos se apresta a masacrar literalmente a Irak. Desde hace ocho años lo viene matando de hambre junto a las otras potencias imperialistas, mediante sanciones que limitan a 2.000 calorías el consumo diario de cada habitante. En los diez años precedentes, el imperialismo anglo-sajón y sus aliados habían armado con material bacteriológico a Irak para que pudiera destruir al flamante gobierno de Irán surgido de la revolución contra el sha (1979). El nacionalismo iraquí creció bajo la protección y el impulso del imperialismo norteamericano, inglés y francés. Ahora que no le sirve, quiere barrerlo de la faz de la tierra.


Pero la masacre del imperialismo contra un pueblo oprimido es una masacre del imperialismo contra todos los pueblos oprimidos. Refuerza su dominación mundial sobre esos pueblos, para imponerles sus planes económicos; obtener privilegios para sus bancos; crear deudas externas inútiles a tasas usurarias; privatizar sus patrimonios y saquear sus recursos naturales.


El imperialismo yanqui necesita reforzar su monopolio del petróleo en el Golfo y en las naciones petroleras vecinas de la ex URSS, para impulsar la restauración capitalista en estos territorios en su exclusivo beneficio.


¿Esta masacre nos es indiferente? No es lo que cantan Gieco o la negra Sosa.


La masacre de Irak no nos es indiferente.


Claro, el inminente ataque de los yanquis crea algunos dilemas ‘inquietantes’.


La organización Memoria Activa, que lucha por el esclarecimiento de la masacre en la AMIA, ¿condenará la masacre inminente del pueblo iraquí?


Los centroizquierdistas que aseguran que la obediencia debida es irreversible para los genocidas del pasado reciente, pero que no debe serlo para los genocidios del futuro, ¿aceptan la obediencia debida de las fuerzas armadas argentinas al imperialismo, o proclaman el derecho a la des-obediencia y a la insubordinación contra las órdenes aberrantes y de lesa humanidad de Menem y de Balza, de apoyar en forma práctica la aniquilación de otro pueblo?


Porque apoyar el ataque a Irak es convertir a toda la Argentina en una suerte de ESMA ‘chiquita’ internacional.


Las organizaciones que se oponen en las declaraciones a la reforma laboral, los tarifazos, el impuestazo, los despidos en masa y la rebaja de los sueldos que impone el FMI, ¿no ven que tolerar la masacre yanqui contra Irak refuerza la capacidad de los autores de esas medidas para seguir desangrando al pueblo argentino?


Hay que salir a la calle a protestar contra el genocidio de los yanquis y de todo el imperialismo mundial que lo acompaña.


Hay que organizar manifestaciones y ¿por qué no? ‘apagones’. Se trata de enfrentar al imperialismo que está militarizando de nuevo a los regímenes latinoamericanos, para que, entre otras cosas, gasten sus escasos recursos en beneficio de los monopolios armamentistas internacionales.


Para salir de la asfixia mortal de la miseria que no para, hay que librar una lucha mundial contra el imperialismo.

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