06/12/2001 | 732

La Pobreza del Frente Nacional

Los «modelos» están de moda. Los economistas y sociólogos que ordenan la producción teórica del Frente Nacional de la Pobreza y que militan en las filas del ARI, del CTA o de Izquierda Unida, tienen el suyo. Es para demostrar que se puede financiar una subsidio de 380 pesos por mes a los jefes de familia sin trabajo, más 60 pesos de asignación familiar por cada hijo. Para esto imaginan la reasignación de partidas presupuestarias y la eliminación de algunas exenciones al impuesto a las ganancias. Aun sin este último recurso presupuestario, el mentado modelo supone que el incremento del consumo proveniente del propio subsidio crearía una fuente de ingresos tributarios que acabaría por autofinanciarlo.


Pedagogía y algo más


Los detalles técnicos del asunto no importan aquí. Es claro que sacando con un impuesto un poquito de aquí y poniendo un poquito de dinero allá se puede construir un ejercicio matemático para ilustrar el nivel de concentración de la riqueza y la disparidad de ingresos. El peligro es reducir los antagonismos sociales a un problema… de impuestos. La cuestión impositiva es ciertamente un problema mayúsculo, y lo ha sido históricamente. Pero a nadie se le ocurriría convertir a la historia en un problema tributario.


Los grandes antagonismos sociales se resuelven precisamente en batallas por el poder, en el desplazamiento más o menos violento de las viejas clases dominantes. En la concepción del Frenapo, en cambio, las cosas se presentan patas para arriba. Lo fundamental en la propuesta difundida sobre el «seguro de empleo» es la pretensión de que podría resolverse el problema de la pobreza apelando a la ingeniería tributaria y fiscal sin alterar las relaciones sociales de explotación. Se trataría, según sus autores, del pasaje de una variante de capitalismo prebendario, corrupto, desregulado, etc., a otro que se imagina compatible con la solidaridad, la participación y… la erradicación de la pobreza. El subsidio sería así una suerte de piedra filosofal. Por esto mismo se trata de un «frente nacional», es decir, que une a todas las clases sociales del país.


La piedra filosofal


En esto reside lo que los ideólogos del Frente consideran su mérito fundamental: superar el horizonte de la lucha de clases y no plantear la eliminación de la pobreza en los términos de una revolución social sino al revés, de un compromiso entre los obreros y los capitalistas. Este planteamiento fundacional del Frente condiciona la propia reivindicación: los 380 pesos del seguro de desempleo sólo serían para los jefes de familia *que sólo son un 25% de los desocupados* y muy alejado del salario mínimo para cubrir las necesidades elementales de una familia trabajadora (1.200 pesos). Así, sus mentores suponen que es compatible con una reactivación capitalista de la economía, es decir, con lo que estiman serían las condiciones de explotación necesarias para el capital. Por eso mismo, el Frente es «contra la pobreza… por el trabajo y la producción», lo que quiere decir que su finalidad estratégica es recobrar la «normalidad» del capital en crisis.


Por otra parte, la enunciación genérica de «trabajo… y producción» es de por sí engañosa. Porque los productores son los trabajadores y la distinción sólo sirve para hacer pasar la idea de que un patrón «produce» por el sólo hecho de detentar un derecho de propiedad sobre los medios de producción expropiados a los primeros.


Pobres y desocupados


No menos notable es que el Frente de marras se concentre en resolver con un seguro de empleo el problema… de los «pobres». ¿Por qué no se los denomina directamente desocupados? La razón es que esto implicaría un atisbo de análisis en la dirección correcta. Porque desocupado es una denominación conceptualmente muy distinta a la de pobre. La palabra misma *desocupado* sólo adquiere un significado preciso en el siglo XX. En el siglo XVIII, el término todavía no existía como tal: se denominaba pobres, indigentes, mendicantes a las personas que no podían subsistir sin apelar al socorro privado (de la Iglesia por ejemplo) o público (con recursos estatales). Las expresiones señaladas designaban, en consecuencia, la incapacidad de los individuos que no podían satisfacer por sí mismos sus necesidades y no la privación de trabajo o empleo.


Curiosamente, sin embargo, el análisis de los frentistas nacionales pretende «aggiornarse» volviendo a las categorías de una época pretérita: ya no se habla de desocupados sino de pobres, de indigentes, de miserables, de excluidos. Junto a este retroceso teórico aparece también en escena el socorro privado con la Iglesia o el socorro público en sus diversas formulaciones y que los frentistas alientan piadosamente, como se revela en la visita que realizaran semanas atrás al Episcopado. Este es el modelo del Frente Nacional. Una especie de filantropía, que nunca deja de ser un ejercicio más o menos cínico de la hipocresía. Es como se expresa en la política del Vaticano en lo que respecta a su «opción preferencial por los pobres» o en los documentos del Banco Mundial, que abundan hasta el hartazgo en la «lucha contra la pobreza».


La «pobreza» es hoy, sin embargo, el mote encubridor de la miseria social provocada por el capitalismo. Los «pobres» no son, sin embargo, discapacitados para el trabajo, sino fuerza de trabajo, fuerza productiva social desahuciada por el capital. Desde el punto de vista oficial, se registra a las familias que subsisten con un ingreso por debajo de un determinado límite (y que en la actualidad es de 480 pesos para el caso tipo de matr imonio con dos hijos). Por lo tanto, buena parte de las familias con trabajo, dados los salarios de hambre, son también pobres a pesar de que están excluidos del «seguro de empleo». El problema, entonces, es la explotación capitalista, un tema que jamás es abordado como tal en los textos del Frente Nacional.


Descomposición capitalista


La magnitud que ha alcanzado la desocupación en el mundo (según las estadísticas de las Naciones Unidas, afecta a una proporción que cubre entre el 30% y el 40% de la población del planeta) es una manifestación de la relación social capitalista… pero en descomposición. El capital no puede ya garantizar la explotación del trabajo y la producción asalariada. La degradación contemporánea del «mundo del trabajo» es indisociable de la degradación del capitalismo, en su más alto grado de desarrollo; pues revelan un agotamiento de la relación social.


El Frente Nacional reclama Trabajo y Producción, pero el capital sólo da trabajo bajo una forma específica que se identifica con la explotación del trabajador, con la expropiación de las condiciones de su actividad y de los resultados de esa actividad. El fin es la valorización del capital y no la expansión del horizonte vital humano. El capital, entonces, no puede dar cuenta del universo productivo que ha creado.


El carácter específico de esta explotación del trabajo humano permite el entendimiento del fenómeno empleo-desempleo, no como un antagonismo irreductible o excluyente, sino como la expresión de un fenómeno único e indisociable.


Política


Los teóricos del Frente Nacional vienen de una tradición política que siempre fue hostil a la lucha de clases. En el pasado, no obstante, sus frentes nacionales se planteaban «por la liberación», «por la emancipación nacional» y hasta por alguna forma de «revolución». Ahora, con la completa fundición del peronismo, han quedado desnudos. Operan con conceptos vacíos e inútiles, políticamente reaccionarios y antiobreros.


La lucha por un subsidio al desocupado, así como cualquier reivindicación salarial, sólo tiene sentido como parte de la defensa social de los trabajadores, como un aspecto de la lucha contra la explotación capitalista. Pero para esto debe ser una lucha, procesarse con los métodos propios del movimiento obrero, con sus huelgas, su acción directa, sus cortes de ruta, etc. Es lo que hacen los piqueteros, aun cuando pelean por los podridos ‘planes Trabajar’ de 120 pesos.


El «seguro de empleo» del Frente Nacional es concebido como el resultado de una tarea parlamentaria, de una papeleta que habilite una Consulta que con el tiempo se transforme en un proyecto de ley que quede sujeto al Congreso trucho de la Alianza y el PJ. No es una lucha sino una receta (inviable). Con el «seguro desempleo» se quiere recomponer un capitalismo «productivo». Con el voto por la «consulta popular» se postula avanzar hacia una democracia «participativa». Siempre sobre la base social y política del régimen existente. La revolución social contra la explotación moderna ha sido también convertida en su opuesto perfecto: el sostenimiento del orden reinante. Es la pobreza… del Frente Nacional.

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