12/07/2007 | 1000

La restauración del capitalismo y los pronósticos de Prensa Obrera

Prensa Obrera anticipó los procesos de restauración del capitalismo lanzados por las burocracias de la Unión Soviética y China, siguiendo en este punto la línea de análisis que ya expusiera el periódico Política Obrera a partir del golpe polaco en 1980.


Apenas Mijail Gorbachov, secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, anunció su programa de ‘reformas’ (“perestroika”) en 1986, Prensa Obrera anticipó, textual, que “la ‘era Gorbachov’ acentuará todas las contradicciones sociales. En ese sentido, la crisis se replanteará a corto plazo. Cabalgando sobre ella, un sector de la burocracia buscará salir del atolladero mediante un entrelazamiento con el capital imperialista y el desmembramiento parcial de la planificación burocrática” (PO N° 127, 6/3/1986).


La izquierda mundial, incluidos los ‘trotskistas’, saludó las ‘reformas’ de Gorbachov e hizo suyo el slogan del secretario del PCUS: “más socialismo y más democracia”. Prensa Obrera, por el contrario, fue muy clara al señalar que “objetiva y subjetivamente, la perestroika es antisocialista” (PO Nº 169, 28/1/1987).


En julio de 1987, Prensa Obrera insistía: “una perestroika antisocialista” (PO Nº 191, 22/7/1987). “La burocracia plantea un giro que la lleva a acentuar la colaboración con el imperialismo y a profundizar sus ataques a las bases sociales del Estado obrero (…) (Con la descentralización de las empresas) cada unidad se guía por la búsqueda de su ‘beneficio’; es decir, que entra en vigencia la anarquía de la producción” (PO Nº 191, 22/7/1987).


China


Prensa Obrera señaló, también tempranamente, el contenido restauracionista de las ‘reformas’ lanzadas por Deng en China y, muy especialmente, sus perspectivas estratégicas.


En 1984, comentando el acuerdo alcanzado entre el gobierno de la Thatcher y la burocracia de Pekín para la ‘devolución’ de Hong Kong, la joya de la corona británica, a China, Prensa Obrera anticipaba que “la integración de un Estado obrero a un territorio donde se mantiene la explotación capitalista, significa un principio de transformación de la burocracia en clase social, porque a partir de ese hecho el Estado burocrático pasa a ser una garantía de la reproducción del régimen capitalista. El pasaje (de la burocracia) a la defensa de un régimen de explotación capitalista de una parte del territorio (…) plantearía un cambio en la caracterización de la burocracia” (PO Nº 56, 17/5/1984). Por esto, Prensa Obrera pudo decir más adelante que “no es Hong Kong la que se reintegra a China sino, por el contrario, China la que se integra a Hong Kong como un inmenso reservorio de mano de obra barata para valorizar los capitales internacionales” (PO Nº 500, 27/6/1996).


“Estado socialista de derecho”


En 1988, Gorbachov lanzó la consigna de “construir un Estado socialista de derecho”. La izquierda mundial, casi sin deserciones, apoyó el planteo de Gorbachov, al que caracterizó como una tentativa de democratización de la URSS y de autorreforma de la burocracia.


Prensa Obrera denunció el “Estado socialista de derecho” como una manifestación del carácter restauracionista de la política de Gorbachov: “El derecho es un regulador de las diferencias y los antagonismos sociales en tanto que el socialismo es la progresiva desaparición de todo antagonismo social (…) Al hablar de ‘derecho’, Gorbachov pone de relieve la tendencia de la burocracia a asegurar sus privilegios sociales, que ya no logra mantener por medio de la arbitrariedad, sobre la base más sólida de la propiedad (…) Lo que ha sido presentado como un paso hacia la democracia política es, en realidad, un planteo de liquidación de las conquistas sociales de las masas de la URSS” (PO Nº 234, 20/7/1988). Al señalar que la burocracia buscaba un respaldo más sólido a sus privilegios por medio del derecho a la propiedad, Prensa Obrera estaba señalando, con la más extrema claridad, el contenido social restauracionista de toda la política gorbachoviana.


Tiananmen


Los pronósticos de Prensa Obrera volvieron a confirmarse luego de la masacre de Tiananmen (1989), cuando la burocracia china aplastó una rebelión estudiantil que comenzaba a ganar el apoyo de los obreros. La teoría oficial —que identifica el capitalismo con la democracia— pronosticó que la masacre frenaría la ‘apertura’; por la misma razón, Fidel Castro saludó la represión porque, supuestamente, ‘salvaría al socialismo chino’.


Contra estas dos posiciones, Prensa Obrera pronosticó que “una derrota estratégica de los trabajadores chinos acentuará cualitativamente el proceso de la restauración capitalista…” (PO Nº 292, 29/6/1989).


El desarollo posterior de la penetración del capital en China habla por sí solo de la calidad de unos y otros pronósticos.


El golpe de 1991 y la disolución de la URSS


El conjunto de pronósticos y caracterizaciones previos le permitieron a Prensa Obrera formular una caracterización certera del golpe lanzado en agosto de 1991 por la KGB contra Gorbachov.


El golpe de Estado era “la confesión del total fracaso de la ‘perestroika’, es decir, del intento de ‘auto-reforma’ pacífica y gradual, del régimen burocrático” (PO Nº 339, 29/8/1991).


La izquierda mundial se dividió frente al golpe. Una parte —como Fidel Castro— apoyó a los golpistas, calificándolos como ‘salvadores del comunismo’, al que identificaban con la KGB; otros, como el SU, se pusieron del lado de Gorbachov y Yeltsin, a los que identificaban con la ‘democracia’.


Prensa Obrera denunció a los golpistas como “pinochetistas” y llamó a combatirlos porque “el golpe no está dirigido contra Gorbachov sino a imponer por métodos terroristas los planes pro-capitalistas que éste no pudo llevar adelante por la resistencia de los trabajadores y los pueblos de la URSS” (PO Nº 339, 29/8/1991). El Partido Obrero fue la única organización política argentina que convocó a una movilización y un acto público contra el golpe y que los organizó efectivamente. Pero, al mismo tiempo, Prensa Obrera denunció la confiscación política de la victoria que las masas habían obtenido en la calle por el ala ‘reformista’ de Gorbachov (PO Nº 339, 29/8/1991).


En la misma semana de la victoria de Yeltsin contra los golpistas, Prensa Obrera caracterizó que “el viejo régimen burocrático, completamente agotado, ha sido reemplazado por un nuevo régimen burocrático de carácter restauracionista (…) La Unión Soviética, en tanto unidad estatal efectiva, ha dejado de existir, y lo mismo debe decirse de la URSS como un Estado obrero” (PO Nº 339, 29/8/1991). Dos meses más tarde, se producía la disolución formal de la Unión Soviética. En 1983, con referencia al régimen que se había instaurado en Polonia, Prensa Obrera ya había señalado que “no queda duda sobre el carácter no obrero del aparato del Estado y su semejanza extraordinaria con las dictaduras militares burguesas (…) Un régimen burocrático cuya función no esté vinculada al régimen de propiedad estatal no configura un Estado obrero” (PO Nº 43, 15/12/1983).


Prensa Obrera fue la primera, en todo en mundo (en la semana posterior a la victoria de Yeltsin), en señalar la desaparición del Estado obrero soviético, como consecuencia del “largo trabajo de destrucción de las conquistas sociales de la Revolución de Octubre por parte de la burocracia contrarrevolucionaria” (PO Nº 339, 29/8/1991). Contra los que pretendían que, a pesar de todo, el Estado obrero seguía existiendo porque la propiedad estatal continuaba siendo mayoritaria, Prensa Obrera señalaba que “aunque la propiedad estatal continúa en manos del Estado, este hecho está vaciado de contenido desde el momento que el régimen político es de carácter restauracionista” (PO N° 339, 29/8/1991).


Yeltsin y Putin


Con Yeltsin, la restauración capitalista asumió un ritmo acelerado. Prensa Obrera fue señalando sus etapas y las contradicciones explosivas creadas por la restauración.


En 1997, luego del estallido de la crisis financiera en Asia, Rusia amenazaba con caer en la cesación de pagos. En julio de 1998, un salvataje armado por Washington y el FMI intentó salvar a Yeltsin de la catástrofe. Prensa Obrera pronosticó: “El rescate del FMI no saca a Rusia del agujero negro” (PO Nº 594, 30/7/1998). Un mes después, Rusia decretaba la cesación de pagos.


Frente a la crisis, “Rusia entró en un sistema de economía dirigida (…) los economistas de mercado han decidido suspender el mercado para salvarlo” (PO N° 597, 20/8/1998). Este ‘dirigismo’ estaba anticipando un giro más general de la burocracia. Yeltsin designó como su segundo a Vladimir Putin, un joven oficial salido de la KGB. El último día de 1999, Putin tomó el poder mediante un operativo político que tuvo las características de un golpe de Estado.


Prensa Obrera caracterizó ¡en enero del 2000! que, con Putin, “todo el poder (había pasado) a manos de los servicios” (PO Nº 652, 6/1/2000). El objetivo de su gobierno, que rápidamente se llenó de ex miembros de la KGB y los servicios, era “poner un límite a la desintegración estatal de Rusia, la cual no sólo se explica por la crisis financiera sino, por sobre todo, por el proceso de la restauración capitalista, que tiene como eje la apropiación privada de los recursos del Estado” (PO Nº 652, 6/1/2000).


Para lograr este objetivo, Putin lanzó una nueva y sangrienta guerra en Chechenia, liquidó las libertades públicas, censuró la prensa y sometió férreamente a todos los caudillos regionales. En noviembre de 2003, Putin ordenó la detención del petrolero Jodorkovsky, propietario de la principal petrolera (Yukos), que intentaba obtener la privatización de los oleoductos y llegar a acuerdos por separado con Estados Unidos (pasando por encima de la burocracia). Prensa Obrera caracterizó que comenzaba un nuevo “reparto de la propiedad” (PO N° 825, 13/11/2003), que incluso asumió la forma de una reestatización parcial. Putin venía a salvar al proceso de la restauración de su propia crisis: “La nueva centralización del Estado, estrechamente precaria en su base económica (exportación de petróleo), es necesaria para salvar el ímpetu de la restauración capitalista (incluso salvarla del naufragio) (…) La burocracia busca recobrar la fuerza de arbitraje (…) Rusia se mueve en la dirección de China al restaurar el control y la dirección que parcialmente había perdido la burocracia estatal” (PO Nº 842, 18/3/2004).


Este registro, necesariamente escueto y sumario, de las posiciones de Prensa Obrera, muestra la enorme clarificación política que ha establecido nuestro periódico sobre uno de los acontecimientos fundamentales de nuestra época.

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