17/09/1999 | 642

La situación tucumana

Los diarios del martes 14 anuncian la inminencia de la renuncia de Bussi, como consecuencia de su decisión de vetar la llamada ‘super-ley’ que acaba de ser aprobada por la Legislatura. Este engendro jurídico es una condición impuesta para el otorgamiento de un crédito de 60 millones de dólares del Banco Nación, cuya mayor parte recién se haría efectiva luego del 29 de octubre, cuando está prevista la asunción del gobernador electo, el justicialista Julio Miranda.


El crédito serviría para descomprimir la crisis fiscal. Ocho intendencias se encuentran ocupadas, varias rutas están cortadas y cuatro gremios realizan una huelga indefinida con manifestaciones callejeras constantes, debido a que los salarios no se pagan desde mayo y a que la provincia está inundada de bonos y cheques diferidos que pierden su valor con el paso de los días.


La ‘super-ley’ otorga poderes ilimitados al futuro gobernador, es decir inconstitucionales, pues puede derogar cualquier norma legal vigente por medio de decretos de necesidad y urgencia que no sean rechazados por la Legislatura. También condiciona el pago de salarios a los ingresos del Tesoro provincial, autoriza despidos y ‘retiros voluntarios’, la posibilidad de intervenir organismos públicos; es decir que da vía libre para un ajuste despiadado. La sanción de la ‘super-ley’ fue posible por la alianza del justicialismo con el sector bussista del vice-gobernador Topa y con el sector radical de los diputados Alperovich y Nemeh Schej. Debido a este pacto, las municipalidades de la Capital y de la Banda del Río Salí, que están dominadas por estos partidos, han sido excluidas del ajuste, lo que provocó asimismo la adhesión de las direcciones sindicales correspondientes de Osvaldo Acosta y Luis Prina. Los municipios del interior verán disminuida por partido doble su participación en la recaudación provincial. Bussi está decidido a vetar la ‘super-ley’ para no pagar el costo político de ella en vísperas de las elecciones nacionales de octubre y porque inclina brutalmente la balanza dentro de su partido en favor de Topa. Pero incluso la Federación Económica se ha pronunciado contra el engendro mencionado, por la simple razón de que deja a los proveedores del Estado a merced del capricho de la camarilla de turno. El diario La Gaceta, los ingenios y los bancos apoyan, en cambio, la ‘super-ley’, porque ella implica un violento ajuste contra las masas.


De concretarse la renuncia de Bussi, debería asumir el vice Topa y se constituiría un gobierno de la coalición que votó la ‘super-ley’. La crisis política entraría en una nueva fase, ya que la lucha popular debería continuar, pero ahora contra un gobierno integrado por el justicialismo ganador de las elecciones provinciales del mes pasado. El impacto de todo esto sería muy grande a nivel nacional, porque radicalizaría la lucha contra los nuevos planes de ajuste del FMI, mucho antes de las elecciones del 24 octubre e incluso más todavía de la asunción del próximo gobierno nacional.


La capitulación, prevista, de Acosta y Prina, señala también el ingreso a una nueva etapa, porque subraya la necesidad que tienen las masas de una dirección adecuada a la agudeza del momento y de las cuestiones en juego. La sanción de la ‘super-ley’ va muchísimo más allá del atraso en el pago de salarios; cuestiona la posibilidad misma de la sobrevivencia de miles de trabajadores. Ante semejante elevación de la apuesta, se acentúa la necesidad de la huelga general indefinida —por la derogación de la ‘super-ley’ y por el pago integral e inmediato de los salarios.


La huelga indefinida necesita, a su vez, de una organización que la sostenga, porque esta huelga significará un enfrentamiento profundo con el poder. Se necesita entonces que se elijan delegados con mandato en todos los lugares de trabajo para que, con los delegados ya existentes, se forme un comité de huelga provincial responsable ante las bases.


De todas las provincias que han entrado en la lid de las grandes luchas, Tucumán es, históricamente hablando, la más avanzada. Por eso, su vanguardia tiene que ponerse a la altura de las circunstancias.

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