27/10/1999 | 647

La tercera vía (muerta)

El electorado argentino sí que sabe ponerse a la moda. En un solo día logró copiar, al mismo tiempo, las dos tendencias políticas que prevalecen en Europa: la ‘tercera vía’ seudoizquierdista de los Blair y de los Jospin, por un lado, y el derechismo fascistizante de los partidos que, en las últimas dos semanas, han emergido en Suiza y Austria, por el otro. Si cada uno de esos platos es de por sí indigesto, imagínense lo que será la pretensión de mezclarlos en una única olla.


Tanto en Europa como en la Argentina, lo que ha encandilado al electorado es la mediocridad del planteo que se le ha ofrecido. Jospin en Francia ha propuesto añadirle alguna cuota de sociabilidad a lo que él llama el capitalismo salvaje, y que se conforma con otorgar subsidios a las empresas que tomen nuevos trabajadores. Ya pasado su primer aniversario, la tasa de desempleo en Francia, del 11%, no ha bajado ni un poquito, pero sí ya ha comenzado un nuevo gran choque entre las clases como consecuencia de los despidos masivos en el pulpo Michelin, una manifestación de masas de las Apymes galas en defensa de la libre empresa y una contramanifestación popular convocada por el partido comunista, que se cuidó en subrayar que era contra los patrones y no contra el gobierno, y de la cual estuvieron ausentes con aviso los sindicatos. Mientras tanto, la producción y exportaciones de Francia han estado aumentando, simplemente debido a la desvalorización del euro, la nueva moneda europea.


En Gran Bretaña, Blair ha logrado, en cambio, disminuir la desocupación, pero en su caso como consecuencia de no haber hecho absolutamente nada para ello. Se ha limitado a dejar hacer una bicicleta financiera que ha provocado una euforia en la City de Londres y una nueva onda especulativa en el mercado inmobiliario. El resultado de esto es que la pobreza ha crecido a un nivel récord. Al alemán Schroeder le ha ido infinitamente peor, porque en este país la desocupación crece y la producción no sube, y las empresas se tercerizan explotando la mano de obra barata del Este europeo.


Blair y Jospin han entrado en la escena política para rescatar a sus respectivos estados, luego que los Chirac y Thatcher entraran en colapso. Y hasta Schroeder se encuentra seguro en el mando, por ahora. Tanta agua debe pasar todavía hasta que un gobierno derechista pueda volver al gobierno.


 


Por casa


En la Argentina, además de mezclar las modas europeas, hemos desarrollado dos variantes del mismo modelo. La más torpe la encarna el Chacho Alvarez y el Frepaso, quienes aseguran que los males sociales se acabarán apenas se le ponga un coto a la corrupción. Entre la plata de la coima y los fondos reservados del menemismo, existe la masa suficiente, dicen, para revertir la tendencia económica depresiva en la Argentina. Lo que esta gente ignorará hasta que la vida se los lleve a la eterna morada, es que si el choreo prevalece sobre la inversión la razón es que la tasa de ganancia del primero es mayor que la de la segunda, y que la única forma de revertir las opciones es revirtiendo la rentabilidad. Es por eso que proponen completar la reforma laboral menemista, derogando las indemnizaciones y acentuando la flexibilidad laboral. La explotación no es un problema contable que podría resolverse asignando el dinero a una cuenta diferente. Es una relación social que está sometida a una embestida constante de los intereses antagónicos de la burguesía y la clase obrera.


La variante más financiera y menos literaria de la tercera vía nacional, la encarnan De la Rúa y su equipo económico. Estos dicen que la reversión de la tendencia económica actual y la atenuación de la desocupación habrán de venir de una reducción del déficit fiscal, porque esto haría retornar a los capitales extranjeros, este retorno haría bajar los intereses y esta baja haría aumentar las inversiones y la producción, reduciendo la desocupación. Por eso proponen más ajuste y más impuestos. Es decir que la promesa de un mundo feliz empieza por hacerlo más infernal de lo que ya es. Pero tampoco todo esto saldrá como está prometido, por la simple razón de que no es el déficit fiscal sino el privado (deuda externa privada y remisión de utilidades al exterior) lo que causa la carestía financiera y porque esta carestía financiera es internacional, no ya nacional, como lo prueba el alza constante de las tasas de interés en los Estados Unidos —¡66% de aumento en los dos últimos años!


Y bueno, la mayoría de los electores coincidió en querer un gobierno honesto, transparente, opaco —pensando que si se cierra el circo menemista habrá pan. La experiencia habrá de ser muy dura con esto que ni es casi una ilusión sino una monumental ceguera.


 


El gobierno de la Bonaerense


Dientes postizos, risa forzada. Ruckauf no es un personaje peligroso sólo desde que aseguró que, detrás de la piadosa Férnandez Meijide, se escondía el anti-Cristo. Ya había hecho sus buenas porquerías con los grupos de tareas del miguelismo bajo los gobiernos nacionales y populares de Perón, de Isabelita, de López Rega y de Luder. Más recientemente, aseguró que la culpa de la desocupación la tenían los bolivianos. Ahora se destapó como uno de la Bonaerense. Pretender hacer un co-gobierno de honestidad administrativa con este personal político ya está demostrando que De la Rúa y el Chacho empezarán su ciclo con el pie izquierdo. Para peor, el lazo de unión entre la nueva vía y la vía antigua es el resucitado Coti Nosiglia y otros aparatos de la Ucr alfonsiniana. De modo que no cabe esperar el cierre del circo y de las mesas de dinero del menemismo sino la suspensión apenas de algunas funciones (y quizás ni esto).


La fuerza de estos gobiernos re-re-truchos no reposa en la solidez de sus respaldos sociales o históricos; descansa en la falta de una mira política propia del pueblo explotado. Esto ha quedado de manifiesto más acusadamente el domingo último, precisamente porque en los meses precedentes hubieron luchas de mucha importancia y crisis políticas de relevancia todavía mayor. Mientras esta situación no encuentre una vía de superación, deberemos convivir con el escándalo y el tedio, con la entrega y el retroceso social, con las luchas y la traición de las organizaciones encargadas supuestamente de apoyarlas. Pero la superación no necesariamente deberá ocurrir en forma gradual; es casi seguro que no ocurra gradualmente. Los pasos minúsculos serán acompañados por enormes saltos y precisamente debido a esta perspectiva es que deberán hacerse los mayores esfuerzos para impulsar cada avance de organización y de lucha por mínimo que sea (o que parezca ser).


 


¿Cuánto se prolongará la agonía del peronismo?


Para los ruckaufistas, el domingo se produjo una semi-victoria de la Alianza, no una victoria completa, debido a que el peronismo conservó la mayoría de las provincias, incluida la de Buenos Aires. Es cierto. Pero precisamente por esto, la derrota nacional del peronismo no podía haber sido más completa. Porque la única razón para que un partido pueda ganar en los estados federales y sea aplastado a nivel nacional es que carece por completo de una perspectiva o de una estrategia. De aquí en más, la crisis nacional se cobrará su precio mucho más con las provincias que con el gobierno nacional, lo que producirá, sea el derrumbe de sus administraciones, sea la confrontación constitucional con el Ejecutivo.


«Unidos o dominados», pontificó Perón, sin saber que sería el peronismo el que se encargaría de reducirnos al peor status de dependencia desde la época de la colonia, o quizás lo dijo, gran conocedor del paño, como advertencia a sus propias huestes. De cualquier modo, la década menemista demostró que el peronismo es un cadáver insepulto. La elección de uno de la Bonaerense demuestra que su olor a podrido ya es nauseabundo.


La agonía del peronismo durará tanto tiempo como demore el despertar político de nuestras masas.

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