17/04/2003 | 797

Las «cien» macanas de Rodríguez Saá

Cuando Rodríguez Saá les dijo a los patrones de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) que coincidía con «las cinco cuestiones claves» que le plantearon (ajuste fiscal, acuerdo con los acreedores externos, reestructuración bancaria, ayuda para la deuda privada y dólar alto), no mentía.


El programa de Rodríguez Saá encarna como pocos el planteamiento de un vasto sector de la burguesía agraria e industrial. Esto explica el apoyo que recibe de la «patria contratista» (Techint, Cartellone, Roggio), de un sector de la banca nacional y de las Afjp (las no vinculadas a los bancos extranjeros), de la Iglesia, de sectores de las FF.AA. y de la burocracia sindical. Mientras algunos ven en este mosaico de fuerzas sociales un «cambalache», lo real es que Rodríguez Saá busca coordinarlos políticamente. La presencia de Rico y Moyano indica que «el Adolfo» apunta a combinar la represión con la regimentación del movimiento sindical.


El eje del planteo de Rodríguez Saá de mantener el dólar en 3 pesos, «eliminar las retenciones a las exportaciones que afectan al agro» (dejó de lado las retenciones petroleras) y financiar un plan de construcción de vivienda y obra pública, costará, según su candidato a ministro de Economía, Jorge Benalcázar, 13.900 millones de pesos. Ese dinero saldría de una nueva renegociación de «plazos y tasas» de la deuda pública interna y externa. Otro punto clave es «un salario de 300 pesos por mes por 6 horas diarias de trabajo» con «derecho a una obra social y ART» (100 Medidas).


Los trabajadores de 300 pesos no tendrían derecho a salario familiar y tampoco a jubilación, lo que significa que las patronales no pagarían los aportes correspondientes y además tomarían los 150 pesos del plan Jefes a cuenta de esos 300 pesos, porque Rodríguez Saá «propuso redistribuir los 3.000 millones de pesos de los planes Jefes y Jefas de Hogar en un plan de obras públicas, que contemplen la cuenca del Salado, la canalización del río Bermejo y la construcción de 150.000 viviendas» (Clarín, 11/4). Con la inflación pasada y la futura, los 300 pesos de Rodríguez Saá equivalen a los 150 pesos del plan Jefes de Hogar de mayo del año pasado. Este es el significado del Pacto Social que propugna Rodríguez Saá y que deberían asegurar Rico y Moyano.


La postura de renegociar «plazos y tasas» de la deuda coincide con las Afjp y los acreedores externos. Significa alargar los plazos de pago y menores tasas de interés, pero reconociendo el 100% de la deuda y la redolarización de la deuda interna pesificada. Las supuestas menores tasas serán, sin embargo, sustancialmente más altas que las que rigen en los mercados internacionales. (Por ejemplo, Ibarra renegoció al 7% anual cuando la tasa de interés está en el 3% anual). A cambio de redolarizar la deuda interna, las Afjp – en especial aquella de la que es socio Rodríguez Saá, Profesión – plantean financiar fideicomisos para la construcción y exportación, de los grupos «nacionales» como Techint y Cia.


Con las empresas privatizadas, Rodríguez Saá aclaró en la Cámara de Comercio de EE.UU. que «no estamos hablando de rescindir, decimos revisar para determinar el grado de cumplimiento», lo que preanuncia un aumento de tarifas pero conciliando con las necesidades de la gran burguesía agraria e industrial que usa esos servicios y pretende tarifas pesificadas y dólar alto.


El planteo de Rodríguez Saá de llevar el salario mínimo a 500 pesos y las jubilaciones a 300 pesos es un completo engaño, porque esas cifras hace tiempo que están desactualizadas. Con la inflación del año pasado y la prevista para este año, los 500 pesos de Rodríguez Saá representan los 150 pesos de jubilación mínima y los 200 pesos de salario mínimo que rigieron durante el gobierno de Menem. En sus 100 Medidas no se dice ni una palabra de aumentar los salarios, llevar el mínimo al nivel del costo de la canasta familiar, aumentar el seguro de desempleo y los planes sociales a 500 pesos (el mínimo según Rodríguez Saá), ni tampoco confiscar las fábricas que están en manos de los trabajadores.


La burocracia de Moyano ha quedado nuevamente al desnudo.