04/01/2002 | 736

Las expectativas de la izquierda en Rodríguez Saá

Por J.O.

El breve «interinato» de Rodríguez Saá puso al desnudo una peligrosísima tendencia capituladora en la izquierda, que en otras circunstancias podría significar una dura derrota para el movimiento popular. El temprano apoyo que le dieron las Madres de Bonafini, D’Elía y la CCC, trae a la memoria el apoyo que el movimiento indigenista de Ecuador le otorgó, en enero de 1999, después de derrocar a Mahuad, a una «junta nacionalista» que se quedó en el poder sólo un par de horas, pero suficientes para confundir y desviar la insurrección popular y provocar su posterior derrota.


El MST se ha inscripto en esta peligrosa tendencia, al caracterizar que con el anuncio de no pagar la deuda externa, Rodríguez Saá realizaba «los reclamos del pueblo trabajador» (Alternativa Socialista, 28/12). Es cierto que esta posición repetía la que el MAS había tenido en su momento frente a los roces de Alfonsín-Grinspun con el FMI, y más tarde cuando Alan García, de Perú, y Sarney, de Brasil, anunciaron la suspensión en los pagos de la deuda. Pero ahora el error tenía lugar en una situación revolucionaria, cuando la demagogia de turno pretendía, no una cosecha electoral, sino descabezar el levantamiento del pueblo.


Lejos de recoger los reclamos populares, Rodríguez Saá mentía como un animal. No había anunciado el repudio a la deuda sino la cesación de pagos, o sea una renegociación; pero ni siquiera era cierto el «default», porque sacaba de él a los 50 ó 60 mil millones de dólares del «canje local» que había armado Cavallo, así como a los 27.000 millones de dólares de las deudas de las provincias con esos mismos bancos. ¡En su breve y única semana, Rodríguez Saá no se olvidó de pagar una cuota de la deuda con el FMI! ¡Cómo es posible que un partido trotskista le crea por anticipado a un político patronal, y para colmo a uno de los peores! Es cierto que el MST exhortaba «a seguir la pelea por nuevos pasos», pero la condición para seguir cualquier pelea es la voluntad de luchar contra el explotador o gobierno de turno, lo cual es muy difícil si se parte de que concreta las reivindicaciones del pueblo. A partir de la confianza política que surge de reconocer en Rodríguez Saá a un gobierno luchador contra la dominación financiera, es imposible cualquier lucha ulterior. Nuestro partido, en cambio, denunció al «gobierno usurpador», desenmascaró cada una de sus mentiras y le dijo al pueblo que «el 2002 será nuestro SI NO NOS DEJAMOS ENGAÑAR».


El engaño del MST respecto de la posición de Rodríguez Saá sobre la deuda, obedece a que pone un signo igual entre la cesación de pagos y el repudio a la deuda externa. Lo primero es una declaración de quiebra, o sea de la posición de uno de los polos capitalistas de la relación financiera de crédito-deuda, que se resuelve en el marco de una negociación y de las leyes vigentes; lo segundo es una posición anticapitalista de confiscación de los derechos de propiedad y de exacción de la banca en su conjunto. Si la consigna de «no pagar» es equivalente a cesación de pagos, no es revolucionaria, sino que es la consigna del capitalista quebrado, en este caso el Estado capitalista argentino y un conjunto de empresas locales, así como de las relaciones sociales capitalistas envueltas en esta crisis. La izquierda no debe cumplir la función de síndico de la quiebra, o sea de encargarse de reparar el desastre financiero, que es precisamente lo que la burguesía reclama a los partidos políticos, sino de declarar la caducidad efectiva del régimen burgués. A partir de esto, el repudio a la deuda plantea un programa integral de nacionalizaciones anticapitalistas y control obrero. No es novedad para nadie que existe en la izquierda argentina una manifiesta y ostensible tendencia pequeño burguesa populista, que se devanea por defender a las Pymes y a los pequeños productores, no desde un punto de vista socialista sino capitalista. Porque la denuncia de la confiscación inevitable que caracteriza a todo el proceso capitalista, no implica la defensa de los derechos de explotación del pequeño propietario, sino la necesidad de luchar por el socialismo.


La posición del MST no es un hecho aislado, ni en su manifestación teórica, ni como una tendencia de la situación política, sino que es una manifestación común a varias organizaciones de izquierda, y por lo tanto una posibilidad muy peligrosa para el conjunto del movimiento obrero y popular. Se trata de una tendencia que ha sido una de las principales causas de las mayores derrotas de la clase obrera internacional del último siglo y medio.

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