15/10/1998 | 604

Llamamiento del Partido Obrero ante las elecciones en Córdoba

Se ha consumado el pacto fraguado entre la Alianza, Menem, Mestre y el clero para liberar a Angeloz. Por esa razón los políticos del oficialismo y la‘oposición’ han saludado la decisión de los jueces, prácticamente sin excepciones. ‘Hoy por ti, mañana por mí’. Se congratulan de la absolución del hombre que incrementó su patrimonio en más de cuatro millones de pesos desde el inicio de su gestión de gobierno, que presidió los desfalcos del Banco Córdoba y el Social y que debería responder por el asesinato de Regino Maders.


Los jueces ‘independientes’, nombrados íntegramente por el propio gobierno del acusado, absolvieron, en Angeloz y los testaferros de su familia, a toda la clase social capitalista que se benefició vaciando las arcas públicas y que es responsable de la verdadera masacre social producida en la provincia.


Esta misma clase social es la que está detrás de las elecciones anticipadas en Córdoba. Aunque el gobierno mestrista pretende ‘usar’ al electorado radical cordobés en función de la interna de la Alianza, una preocupación todavía mayor es crear las condiciones políticas para lanzar un nuevo y mayúsculo ataque contra las masas frente el derrumbe de la provincia.


Esta crisis, en una provincia ya quebrada, plantea una situación terminal para los trabajadores. Hay más desocupación; la crisis presupuestaria afectará todavía más a la salud y la educación; crece la fuga de capitales y la falta de crédito; se acentúa el empobrecimiento completo de todo un sector de la clase media. Frente a este horizonte, las políticas del gobierno y la Alianza (incluido el Frepaso) se parecen como dos gotas de agua: cortar el gasto del Estado en salud, educación o ‘planes Trabajar’ para seguir pagando la deuda externa o auxiliar a bancos o grandes industrias, y para que los grandes capitalistas paguen menos impuestos.


Existe una alternativa a esta política patronal.


1. Que se repartan las horas de trabajo


Córdoba está en el centro de la crisis que se descarga sobre los trabajadores. Los voceros de la patronal no se cansan de advertir que «esta crisis será larga» y, en el caso de las terminales, las suspensiones son la antesala del despido. Aún el pago del supuesto 75% a los suspendidos (en realidad no más del 45) «no se puede sostener», dicen, por mucho más tiempo.


Cuando hubo que atraer ‘inversiones’ automotrices, el gobierno puso millones de dólares en subsidios, infraestructura, rebaja de impuestos y servicios (incluso el pago de la mitad de los salarios). La burocracia del Smata aportó lo suyo, firmando el ‘convenio’ más negrero de la historia del movimiento obrero argentino. El resultado fue la rebaja de salarios, la superexplotación, la desindustrialización (las terminales convertidas en armadurías e importadoras). Pero ahora, en lugar del ‘crecimiento’, tenemos el despido en masa.


El Partido Obrero dice que existe otra salida a todo esto. Que se prohíban los despidos y suspensiones y se repartan las horas de trabajo disponibles sin tocar el salario de bolsillo que se paga en la actualidad. Incluso que todos los desocupados sean incorporados a este reparto de horas de trabajo. Como la crisis capitalista es general y no hay industria que esté al margen, arrancar el reparto de horas exige movilizarse para que la paguen las patronales que han amasado fortunas en la última década y no los trabajadores.


La responsabilidad por la creación de los puestos de trabajo recae por entero en el sistema social actual, en quienes tienen el monopolio de las fábricas, de las herramientas, de los bancos, de los campos y del aparato económico del Estado. Los trabajadores no somos dueños más que de nuestra capacidad de trabajo. Si los que monopolizan los medios de creación de trabajo son incapaces de hacerlo, que el Estado los fuerce a repartir las horas de trabajo y, entre tanto, a pagar un seguro al parado de 500 pesos mensuales, además del goce gratuito de la seguridad social y la exención del pago de impuestos y servicios.


 


2. Abrir los libros de todas las grandes empresas y bancos


El gobierno de Mestre está en los umbrales de la cesación de pagos. La provincia encabeza el ranking de endeudamiento con la banca nativa y extranjera (casi 400 millones de dólares al primer semestre de este año) y se ha transformado en una colonia del Banco Galicia y de otros bancos. Se les garantiza, con los fondos de la coparticipación, el pago de tasas de interés que triplican la media mundial.


Los bancos públicos de la provincia han sido saqueados por la clase capitalista, que volatilizó millones de dólares. Saqueo sobre saqueo, el gobierno ha creado un Fondo Fiduciario, supuestamente para recuperar los 800 millones (más intereses) que quedaron de ‘clavo’ a los bancos provinciales y destinarlos a la capitalización del Banco Provincia (para su posterior privatización). Como estos fondos no serán devueltos jamás por los privados, el Tesoro provincial, con la garantía de los ingresos por coparticipación federal, se hará cargo de la restitución de fondos para los nuevos dueños del Provincia.


Menem y Mestre quieren una elección anticipada para aplicar este operativo de saqueo de las finanzas públicas en beneficio de una minoría de oligarcas.


Planteamos: abrir los libros de todas las grandes empresas y bancos, cobrar compulsivamente las deudas a los capitalistas que vaciaron los bancos estatales, cesar el pago de la deuda (usuraria) de la provincia con la banca, arrancar un impuesto extraordinario a todos los grandes pulpos para obtener recursos que permitan un plan de reconstrucción de la provincia al servicio del pueblo trabajador.


 


3. Poner fin a la flexibilización laboral


Córdoba es una de las ‘capitales’ de la flexibilización laboral. Aquí ha debutado el ‘convenio’ Fiat, que redujo los salarios en un 40% y pretende imponerse al conjunto de obreros de la industria; éste impone el contrato precario y destruye las conquistas incluidas en los convenios a través de décadas de luchas. Los capitalistas argumentan que necesitan bajar los salarios a niveles de hambre y extremar el esfuerzo de los trabajadores para poder competir, cuando son ellos mismos los que monopolizan el mercado mundial.


La ley laboral que acaba de sancionar el Congreso está en esta misma dirección: abarata las indemnizaciones por despido tornando en ‘basura’ todo contrato de trabajo y ha sido un registro inmensamente educativo de la complicidad de la burocracia sindical con esta política. Denunciamos el enorme fracaso de la política llevada adelante por las direcciones llamadas opositoras (MTA, CTA, 62) que confiaron en los partidos patronales opositores (incluso en Duhalde), en lugar de organizar una huelga general.


Planteamos la derogación de toda la legislación antiobrera y antisindical y la nulidad de las ‘actas’ flexibilizadoras que han ido destruyendo cada conquista. Exigir un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar, de 1.200 pesos; la defensa de los convenios colectivos por industria y la convocatoria de paritarios electos por los trabajadores (a fin de año vence el ‘convenio’ Fiat). Que se derogue la ley de riesgos de trabajo (acaba de morir otro compañero de la construcción en Alta Gracia) y se formen, en las grandes empresas, comisiones obreras de seguridad e higiene con poder de veto.


 


4. En defensa de la educación


La reforma educativa pretende la privatización de la educación (de toda aquella que pueda ser paga), la descalificación laboral y profesional. Es autoritaria y oscurantista en materia pedagógica y política.


El Partido Obrero llama a una lucha integral contra esta falsa reforma, uniendo las reivindicaciones docentes (700 pesos de básico, defensa del Estatuto del Docente) a la libertad de organización de los estudiantes y la triplicación del presupuesto educativo. No a la destrucción de la secundaria, no a la municipalización que es antesala del cierre de escuelas. Por una reorganización educativa bajo la dirección de los docentes, los estudiantes, los trabajadores de la cultura y la clase obrera.


 


5. Defensa de la salud pública y gratuita


Mestre es un agente de los grandes mercaderes capitalistas de la salud, incluyendo los laboratorios. Por eso, uno de sus grandes empeños ha sido la destrucción sistemática de la salud pública gratuita para poner en pie una ‘salud de mercado’, es decir, al servicio del negocio capitalista. A esto apunta la reducción de planteles médicos, la destrucción escalafonaria, el cierre de centros hospitalarios y la ‘autogestión’. Se propone que la clase capitalista deje de pagar impuestos para financiar servicios sociales, como la salud, que serán financiados por los trabajadores mediante aranceles. Esto, cuando el régimen impositivo ya consiste en un 90% en impuestos al consumo.


Planteamos impedir el cierre de los hospitales, arrancar la reapertura de los centros cerrados, defender los planteles médicos y de enfermería en relación con los pacientes, confiscación de los grandes centros privados de salud, 1.200 pesos por 8 horas de trabajo, reconocimiento a la Intergremial Médica y puesta en pie de una Intergremial Hospitalaria.


 


6. Juicio y castigo a todos los culpables


El crimen del pibe Julio Carrión, ocurrido hace más de cuatro años en una de las fincas de la familia Archilla (donde la explotación de menores es moneda corriente), jamás fue esclarecido. Todo el aparato del Estado y del clero fue usado para borrar las huellas. Lo mismo ocurrió con el asesinato de Regino Maders, que investigaba los negocios fraudulentos del angelocismo.


En Córdoba, los ex ‘grupos de tareas’ están incrustados en todos los rincones del aparato del Estado y en el propio gobierno.


El esclarecimiento de estos crímenes y de todos los del ‘gatillo fácil’ plantea agotar todos los métodos de la movilización popular para arrancar la nulidad de las leyes de indulto y el enjuiciamiento de todos los responsables militares, policiales, políticos, judiciales y del clero de la dictadura militar.


 


7. Por un partido de la clase obrera


Los trabajadores de Córdoba, como los de todo el país, no pueden esperar nada de los partidos oficiales. La Alianza gobierna Córdoba y ha logrado el‘milagro’, en sólo cinco años, de llevar a un tercio de la población a una situación de pobreza extrema. La Alianza no oculta a nadie que es un rehén de la banca internacional y pretende que los trabajadores paguemos la crisis mundial capitalista. El PJ es Menem y es Duhalde, un impostor que habla de ‘cambiar el modelo’ y ha sido el gran artífice de la votación a la ley laboral y a la reforma impositiva de Menem y el FMI.


El Frepaso es un sublema de la UCR y no merece más palabras.


Para enfrentar en serio la crisis mundial y llevar adelante la lucha por todas las reivindicaciones planteadas, es necesario dar un paso en apariencia sencillo, pero de una importancia extraordinaria: que las organizaciones obreras y populares rompan con los partidos patronales, rompan con la vieja y falsa idea de que los trabajadores no pueden gobernar y derroten a los burócratas sindicales que quieren que sigamos atados a los capitalistas. Es necesario un partido de la clase obrera. Que las organizaciones obreras rompan con el justicialismo y la Alianza y formen un partido que organice a todos los explotados.


Este es el mandato con el que los candidatos del Partido Obrero se presentarán en esta elección.


 


Una oportunidad


Si se analiza con detenimiento, estas elecciones pueden constituir una gran oportunidad para el movimiento de lucha de los trabajadores.


Primero, porque la política patronal se encuentra en una gran crisis. Menem, que es el mentor de la política mestrista, ha tenido que bajarse de la reelección porque lo repudia el 70% de la ciudadanía. Mestre está en franco retroceso. De la Sota es Menem y Duhalde acaba de ofrecerle el voto de ‘su gente’ a Cavallo. El Frepaso es lo que es, pero además no es uno sino tres.


Segundo, los trabajadores de Córdoba no toleran más esta situación.


Tercero: el peronismo y el radicalismo, como fuerzas históricas, han sido destruidos por los Menem, los Alfonsín, los Cafiero, los Angeloz, los Duhalde, los Mestre, los De la Sota…


Formemos un partido de la clase obrera: la presentación del PO en las elecciones está totalmente sometida a este objetivo es-tra-té-gi-co. No se trata, como plantea el resto de la izquierda, de ‘acumular’ para las elecciones del ‘99. No se trata, tampoco, de rehuir las elecciones, porque es necesario intervenir en ellas para conquistar la opinión pública que vive toda esta crisis para las posiciones y reclamos de los trabajadores en lucha.


NO VOTEMOS POR NUESTROS VERDUGOS.


VOTEMOS POR NUESTRO PROPIO PARTIDO

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