18/08/2016 | 1424

Lo único que crece es la pobreza


La Universidad Católica Argentina realizó otra presentación de su afamado Observatorio de la Deuda Social Argentina. Ese proyecto, con financiamiento del Vaticano, consiste en un relevamiento periódico de condiciones de vida en la Argentina. En las actuales condiciones de apagón estadístico (el Indec no publica datos de encuestas de hogares desde mediados de 2015), la UCA se ha convertido en la única fuente disponible de información estadística sobre las condiciones de vida de los trabajadores argentinos. En realidad, la UCA tampoco posee la información que dice analizar, ya que (como señala su propio informe) aún no han recolectado datos para 2016 y la pomposa presentación sólo mostró proyecciones basadas en los datos del año anterior. En Argentina no existen datos actualizados sobre cuestiones fundamentales como pobreza, indigencia, desempleo, informalidad o desigualdad.


 


 


Como en 2001 y 2002


 


Los resultados del informe sólo pueden ser calificados de catastróficos. La tasa de pobreza alcanzó el 32,6%, en otras palabras, 13 millones de personas en nuestro país perciben ingresos por debajo de la canasta familiar. La indigencia (pobreza extrema) alcanza al 6,2% de la población, más de 2 millones de personas. Estas cifras son mayores a todas las registradas durante la década del ’90, los años 2001 y 2002 son los únicos registros que superan los niveles actuales en la historia de nuestro país. La propia UCA reconoce que estas estimaciones son “conservadoras” y que bien podrían ser revisadas al alza cuando la auténtica información esté disponible.


 


 


Abismo social y cacerolazos


 


Según el informe oficial del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, la mitad de los trabajadores porteños ocupados cobra menos de 10.000 pesos. A mayo de este año la canasta límite de pobreza estaba en 10.580,5. Este solo dato revela que disponer de un sueldo o exime a la persona o la familia de vivir por debajo de la línea de pobreza. Dicho de otro modo, el capitalismo no ofrece, al día de hoy, un ingreso al asalariado que siquiera le permita lo sustancial para subsistir. A medida que se baja en la escala social, el escenario es más pavoroso. Desde diciembre 2001 a 2015 los precios subieron 14 veces pero la canasta básica alimentaria -que define la indigencia- subió 24.


 


La escalada inflacionaria, los tarifazos, los despidos y el empeoramiento general en la calidad del empleo son las razones que explican este vertiginoso aumento de la pobreza, como el propio informe señala. Hasta los medios oficialistas reconocen que estos fenómenos no son sólo consecuencia de la “herencia recibida” del gobierno pretendidamente nacional y popular, sino de las políticas de ajuste implementadas por el gobierno de Macri. Los mismos diarios que anunciaron con bombos y platillos al “mejor equipo económico en 50 años”, hoy no tienen más remedio que admitir este descalabro social agravado. Enfrentar el ajuste es una tarea esencial en defensa propia de los trabajadores.


 

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