11/11/2020 | 1609

Los banderazos y el pacto con el FMI

La necesidad de la "unidad (anti)nacional" para acordar con el Fondo domina el escenario.

El domingo pasado tuvo lugar el octavo banderazo de la oposición de derecha con una convocatoria muy mermada con respecto a los anteriores. Esta vez apareció más nítidamente que atrás de la convocatoria estaba el sector «duro» de Cambiemos, con Patricia Bullrich (presidenta del partido y exministra de Seguridad bajo el gobierno de Macri) que viajó a Córdoba para encabezar la movida en la capital provincial. Macri ya había declarado en varias oportunidades sus simpatías con estas convocatorias. Otro dato significativo es que por primera vez en el Obelisco hubo oradores y se destacó un referente de la juventud del PRO, como se ve hay un proceso para darle una referencia política más precisa a los «banderazos». El lema usado es el de la remanida «defensa de la Constitución, la libertad y la propiedad privada», y en particular el rechazo al fallo de la Corte sobre los jueces trasladados.

Que la convocatoria haya mermado no es un síntoma de la estabilización de la situación política o económica del país; estas movidas son una expresión de un descontento en un sector de la pequeño burguesía ante la crisis que se potenció con la pandemia y que la derecha alentó en la perspectiva de tallar en la situación política. El tema es que de conjunto la clase capitalista está apostando a una «unión nacional amplia» para hacer pasar el acuerdo con el Fondo Monetario, en una política de ataque cada vez más agudo a las masas.

Esto fue lo que propuso CFK en la carta que envió a Alberto Fernández el 27 de octubre pasado, «corriéndose» de alguna manera del centro de la escena (como lo hizo cuando lo puso al frente del binomio) para que se creen las condiciones políticas que el FMI exige. En esta misma tesitura está el sector «moderado» de la derecha, con Horacio Rodríguez Larreta a la cabeza, y esta es la orientación que se impone. Los sectores de derecha extrema que impulsaron la movida no se presentan hoy como la alternativa sino que cumplen un papel secundario pero siguen batiendo el parche de la protesta para no desaparecer de escena. Por último son todos conscientes que la crisis plantea una agenda traumática incluso para sectores de la propia clase capitalista y como se sabe «el que no llora no mama».

La agenda del FMI

Toda la clase capitalista quiere un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Y está claro que el gobierno está dispuesto a ajustar al pueblo en pos de seguir la agenda que dicta el FMI. De hecho ya comenzó con la reforma de la movilidad jubilatoria, pero se extenderá al sector laboral, sanitario, educativo, energético y la oposición derechista acuerda de lleno en esta orientación. Este punto es fundamental para no caer en «la grieta»: entre el gobierno nacional y los convocantes al banderazo hay coincidencia en el pacto de la deuda usuraria.

Pero, por otro lado, las condiciones de dicho acuerdo son incompatibles con todos los subsidios que reclaman los sectores del capital agrario o las cámaras empresariales. El «ajuste fiscal» que aplicará el gobierno afectará a estos sectores, que hoy se encuentran movilizados bajo su propia agenda. Al capital que reclama más subsidios y exenciones impositivas se le suma la pequeña burguesía acomodada, expresando un descontento con el propio régimen que no puede dar respuestas.

La presencia del excandidato a presidente José Luis Espert y del economista Javier Milei, quienes se presentan a sí mismos como » liberales antisistema», pegados a las convocatorias de Macri y Bullrich demuestran su inexistente independencia política y subordinación al régimen de saqueo a la población trabajadora que estos llevaron a cabo.

Estas manifestaciones y convocatorias se duplicarán conforme avance la crisis económica y política. La agenda del Fondo impone un ataque contra las condiciones de vida de la población, pero también deja al gobierno con la «frazada corta» para contentar a todos los sectores de los capitalistas. Hasta ahora, este sector del banderazo no es alternativa pero le marcó el rumbo al gobierno, por ejemplo con el recule en la expropiación de Vicentin y el impuesto a las grandes fortunas.

Y el «gran acuerdo nacional»

La iniciativa fue mostrada por CFK en su carta de recomendación al presidente sobre avanzar en un «acuerdo nacional»: el gobierno busca darle viabilidad de acuerdo político a la entrega nacional con el Fondo.

En este sentido de darle «viabilidad política» al acuerdo, el ministro de Economía Guzmán se reunió con Magnetto, Rocca y Alfredo Coto entre otros representantes del empresariado local. No suscitó ni reproches del kirchnerismo frente a esta reunión con los antaño «miserables de Clarín y Techint». El acuerdo central de la reunión fue en eximir impositivamente a los capitalistas y «aumentar la productividad» sobre la base de ataque a los salarios y a los convenios colectivos de trabajo. También se reunió con el Consejo Agroindustrial y las petroleras.

Este espíritu de «colaboración» se extendió a la oposición donde el sector dialoguista, tras Larreta y Carrió, empezó a reagruparse. Luego de una reunión entre Larreta, Vidal y otros referentes del «macrismo moderado» con Techint, el actual jefe de Gobierno dijo que “hay que terminar con la grieta para lograr un plan de desarrollo a largo plazo, la construcción de puentes es imprescindible para fijar los objetivos de nuestro país” (La Nación, 5/11).

Hoy en día impera la unidad nacional con el Fondo, por eso la derecha pierde la relevancia que tuvo anteriormente.

Por una salida de los trabajadores a la crisis

En este cuadro de profunda crisis económica y política, los trabajadores y trabajadoras debemos tomar conciencia del contenido antiobrero y antinacional del pacto con el FMI y de la «unidad nacional» para imponerlo. Los Magnetto y Rocca son los destinatarios del llamado oficial a la unidad, y todo para darle sustento al pacto con el Fondo Monetario Internacional. Como en Guernica, la verdadera grieta es la que separa al pueblo trabajador del gobierno represor y los defensores acérrimos del capital. Para darle una salida, es necesario darle a esa grieta de clase una expresión política.

Es la perspectiva que plantearán las tribunas que el Partido Obrero va a levantar el sábado 14 de noviembre a las 15.30h en Plaza de Mayo, y que propone que sea asumida como tarea central por el Frente de Izquierda – Unidad.

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