25/10/2020

Los fracasos del gobierno, los usurpadores que defienden la propiedad privada y los golpistas derrotados

Panorama político de la semana.
Por Iván Hirsch editor de Prensa Obrera.

Termina una semana muy intensa. Argentina bate récords de contagios de coronavirus por millón de habitantes, y también de brecha cambiaria, que orilla el 150%. Todo, como resultado de los sucesivos fracasos del gobierno de Alberto Fernández, desde el lado que se lo mire.

Como describe nuestro editorial semanal, escrito por Gabriel Solano, ni el supercepo ni el paquetazo de concesiones a los grandes capitalistas detienen la corrida contra el peso, a tal punto que se acabaron las reservas internacionales líquidas del Banco Central y el gobierno empezó a meter la mano en los depósitos en dólares. Este es el trasfondo sobre el cual el presidente «empoderó» a Martín Guzmán sobre Miguel Pesce, para concentrar el comando de la política económica en quien convergen las fichas de Kristalina Georgieva y Cristina Kirchner.

Sin embargo, un nuevo fiasco probablemente termine eyectando al ministro de Economía de nuevo hacia su cátedra en Columbia. Es que en este cuadro la gran incógnita pasa a ser si la megadevaluación llegará antes que la corrida bancaria.

En el medio, las pérdidas se facturan a las familias trabajadoras. Se amplía la brecha entre los salarios y la canasta familiar, como muestran los datos de septiembre con un incremento mensual de la canasta de pobreza del 4%, que trepa hasta los 47.200 pesos, cuando el salario (recontra)mínimo que acaban de pactar el gobierno y la burocracia sindical es de un 18.900 pesos. Entre los trabajadores con ingresos por debajo de ese umbral de pobreza, el salario promedio es de 26.700. Los acuerdos paritarios firmados por la burocracia sindical siguen pulverizando el poder adquisitivo, como refleja el magro acuerdo de la UTA (solo para los choferes del Área Metropolitana, abandonando a los del interior).

Son los trabajadores, además, quienes sufren el otro gran fracaso de Alberto Fernández, el de la estrategia oficial para afrontar la pandemia. El más de medio millón de bonaerenses contagiados y el colapso sanitario en cada vez más distritos del interior aparecen, no obstante su dramatismo, como la punta del iceberg de una situación aún más crítica: investigadores afirman que podrían haber ocho millones de infectados en el país. El subregistro de los casos de coronavirus, que impugna toda la política sanitaria porque hace imposible prevención alguna, es una de las causas del colapso. Ello junto con la desidia patronal y el ajuste a la salud, que nuevamente salieron a enfrentar los trabajadores, como los enfermeros movilizados en la Ciudad de Buenos Aires y los 15 hospitales de la Zona Sur que confluyeron en La Plata frente a la Gobernación.

Este agravamiento de la crisis social agudiza, como no puede ser de otra manera, la lucha de clases. Sobre los terrenos en los que se asientan las familias sin techo se libra un pelea de fondo, porque el derecho a una tierra para vivir y producir se choca de frente contra el sacrosanto derecho a la propiedad privada… capitalista. Los sucesos de la semana pusieron en evidencia como pocas veces quiénes son los usurpadores de la tierra en nuestro país.

La indignación «las familias bien» en defensa de los latifundistas hermanos Etchevehere, en Entre Ríos, quitó el velo sobre la trama de defraudaciones, esclavitud y apropiación a punta de pistola mediante la cual la clase capitalista argentina se apropió de las tierras sobre las que ahora exhibe títulos de propiedad. O, peor aún, las entregó a magnates extranjeros como los Benetton y Lewis en la Patagonia.

Sin embargo, ni siquiera el «radicalizado» Grabois concluye de ello que los trabajadores tengan el derecho de luchar por un trozo de tierra donde asentarse, a menos que logren primero el aval de algún «legítimo» heredero. Esto, claro, porque está integrado a un gobierno que responde a las tomas «con el código penal».

Con todo, la ferocidad represiva del gobierno de Kicillof y Berni, con sus ansias por desalojar la recuperación de tierras de Guernica, sufrió un revés público inapelable. El censo oficial (sobre el cual las organizaciones impusieron un control) desmintió al ministro Larroque, ese cuervo que pretendía instalar que no habían allí 200 familias y luego debió reconocer que superan las 1.400. Se van cayendo las caretas que pretenden preparar el terreno para un brutal desalojo. Es un buen ejemplo para ilustrar de qué hablaba Lenin cuando definió al Estado, en última instancia, como un destacamento de hombres armados.

El pueblo boliviano viene de un notable triunfo ante esos «hombres armados», cuyo mando revista en Bolsonaro y Trump. La aplastante victoria del candidato del MAS sobre quienes pretendían continuar el régimen golpista fue una derivación de la enorme movilización popular que resistió el golpe primero, y luego impuso la realización de las elecciones contra las maniobras dilatorias.

El Partido Obrero llamó a votar por el MAS partiendo del hecho de que la votación se había convertido en un plebiscito contra el gobierno títere del imperialismo, a pesar de la temprana capitulación de Evo Morales. Fue un punto de confluencia con las masas explotadas de Bolivia, y con aquellos trabajadores que en Argentina arrancaron movilizados su derecho a votar. Desde este lugar, pelearemos para que el movimiento obrero y campesino boliviano adopte una posición política independiente frente a la nueva tentativa nacionalista, y enarbolamos la necesidad de un congreso de bases de la COB que vote un programa de la clase obrera.

Para los militantes del Partido Obrero, esta semana estuvo marcada por el décimo aniversario del asesinato de nuestro compañero Mariano Ferreyra. Una intensa elaboración política colectiva de gran cantidad de militantes fue plasmada los últimos meses en artículos, cortos y un extraordinario documental del Ojo Obrero, a la par de los murales, afichadas y festivales que se realizaron a lo largo y ancho de toda la Argentina.

El acto que el martes 20 se montó en aquella esquina de Barracas donde la patota criminal de Pedraza y la burocracia de la Unión Ferroviaria perpetraron el cobarde ataque (que además hirió gravemente a la compañera Elsa Rodríguez), contrastó con el intento de Alberto Fernández y el kirchnerismo por escindir la figura de Mariano de las causas que él defendía con su militancia. 10 años después, queda claro que será por siempre una bandera de la juventud que se organiza contra la precarización, de los trabajadores que enfrentan a la burocracia sindical, y de la lucha por darle una salida obrera y socialista a esta podrida sociedad capitalista.

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