12/08/2016

Los intentos de recomposición de la Side


Si hay un ámbito en el cual el gobierno de Cambiemos intenta en verdad “cambiar”, es el de los servicios de inteligencia. El “cambio” implica volver a la Side de diez años atrás, a la que había organizado Néstor Kirchner con Antonio “Jaime” Stiuso, Francisco Larcher, Héctor Icazuriaga y Fernando Pocino (el que consumó el crimen de transformar a la Asociación Madres de Plaza de Mayo en una estación de la Secretaría de Inteligencia, y se ocupó, con Sergio Schoklender, de reprimir a trabajadores despedidos y a vecinos cuando estalló el escándalo de Sueños Compartidos). Aquella Side, por encargo de Kirchner, trabajó con Alberto Nisman, ladero de Stiuso, para armar las acusaciones contra Irán en el caso AMIA con un refrito de informes de la CIA, el FBI, el Mosad israelí, el M16 inglés y hasta los alemanes de la BND, según confesiones del propio Nisman.


 


En otras palabras: el gobierno trata de desanudar el desmadre en que se transformó la Side cuando empezó la pelea de CFK con Stiuso y compañía, precisamente por la cuestión iraní, y que derivó en una guerra interna de servicios con el asesinato incluido de Pedro “Lauchón” Viale, espía de confianza de “Jaime” acribillado a tiros por un comando de sicarios de la policía bonaerense. Macri y su gente quieren “reordenar” la inteligencia para espiar y reprimir, y para organizar con alguna eficacia operaciones de todo tipo contra la ciudadanía.


 


 


Una ciénaga antigua


 


La Side (ahora Agencia Federal de Inteligencia, AFI) es un lugar clave de la política argentina. No es cierto que, como dice Carlos Pagni en La Nación (4/8), “durante la última década quedó convertida en una ciénaga”. Siempre fue una ciénaga, un pozo ciego, desde que Juan Domingo Perón la creó con el nombre de Coordinación de Informaciones de Estado (CIDE) en 1946. Stiuso entró en esa Secretaría antes del golpe de 1976, fue un represor durante la dictadura y tuvo de compinche al proxeneta Raúl Martins, protegido de Macri y también ex agente de esa cloaca. Desde tiempos de Carlos Menem la Side es el organismo por medio del cual el Ejecutivo controla al Poder Judicial, cosa que llegó a límites extremos durante el gobierno de los Kirchner. El encargado de esa operatoria en los Tribunales fue Stiuso, y ahora intenta serlo Daniel Angelici (un ex director de la Side en tiempos de los K, Darío Richarte, ex vicerrector de la UBA, es vicepresidente de Angelici en Boca y hombre de llegada a varios juzgados importantes).


 


En ese propósito de recomponer el espionaje, Macri tiene el respaldo del peronismo en todas sus variantes. El pliego de los dos nuevos capitostes de la AFI, Gustavo Arribas y Silvia Majdalani, fue aprobado en trámite exprés en el Senado, donde lo votó rápidamente el bloque conducido por Rodolfo Urtubey, hermano del gobernador salteño. En este caso acierta sin duda Pagni (ídem), cuando dice que “para un área tan controvertida no tiene otro programa que la continuidad del orden anterior”. A tal punto es así que los 200 “camporistas” que el kirchnerismo puso en la Side siguen ahí, solo que ahora espían para Macri o para quien se les diga.


 


La recomposición de la Side es parte del rearmado represivo que tiene su eje en la reinstalación de las Fuerzas Armadas en la política nacional, ya comenzada por los K con César Milani; es decir, de un aparato casi en ruinas desde hace más de 30 años. Esa política explica la “reconciliación” impulsada por Macri con el envío de genocidas a prisión domiciliaria y el intento de fraude con el número de desaparecidos. La lucha por las libertades democráticas, por el derecho a pelear por el salario y por nuestras condiciones de vida y trabajo, obliga a exigir la disolución de esa usina de conspiraciones contra el pueblo que es la Side, la AFI o como quieran llamarla.

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