23/03/2011 | 1169

Los Kirchner y el vaciamiento del 24 de Marzo

La jornada de movilización popular del 24 de Marzo fue, desde sus orígenes, sinónimo de lucha contra la impunidad de los crímenes de la dictadura. El reclamo histórico de «juicio y castigo a los culpables» se afirmó en el tiempo como evidencia de la complicidad de la «democracia», sus gobiernos y partidos, en el encubrimiento de los genocidas y de los grandes capitalistas que financiaron el golpe militar. Una larga complicidad, además, porque se arrastra a los antecedentes del golpe: fue el gobierno peronista en los ’70 el que fundó los grupos de tareas de las Tres A. El gobierno de Isabel Perón se dedicó, no a la lucha contra el golpe, sino al «aniquilamiento de la subversión» -el pretexto de los golpistas. Ricardo Balbín, el jefe de la UCR, llamaba, horas antes del 24 de marzo, a acabar con la «guerrilla… fabril», es decir, con la vanguardia obrera que buscaba un camino propio frente a la completa degeneración del movimiento nacionalista en el poder. El PJ y la UCR aportaron centenares de intendentes a la gestión de los genocidas luego del 24 de Marzo de 1976.

Lo nuevo

Cada 24 de Marzo, en las últimas tres décadas, quedó planteado con el signo particular de su circunstancia. Como en las marchas masivas contra el punto final y la obediencia debida en la década del ’80 o en aquella multitudinaria manifestación de los ’90, en el 20º aniversario del golpe, cuando el menemismo se enorgullecía de los indultos y gobernaba con los Alsogaray y los Cavallo.

El kirchnerismo, cómplice de la década menemista, tuvo que lidiar con una bancarrota económica y una revuelta popular, y adaptarse, por lo tanto, a un cambio de frente de las prioridades capitalistas. Luego de tomarse un tiempo para estabilizar las precarias condiciones que lo auparon al gobierno, también buscó darle su impronta al 24 de Marzo: lo convirtió, tardíamente, en un feriado; es decir, en un día de recato y reflexión (una oportunidad, incluso, para una escapadita a la playa) de alcance «nacional», una suerte de reconciliación, que excluye a poco más que a las cúpulas de las Juntas Militares. Una absolución del entramado político y social del golpe genocida. A partir del ‘feriado’, el escenario de la lucha fue sustituido por un show artístico, naturalmente ‘combativo’.

La excusa de semejante empresa es que el gobierno derogó las leyes de la amnistía, aceleró los juicios y habría dejado de reprimir la protesta social. Un argumento que parece ganar autoridad a fuerza de repetirlo.

Lo cierto es que las leyes del punto final ya habían cumplido su cometido, de modo que fueron anuladas con el apoyo unánime de quienes en su momento las promovieron. Se trató, de esta manera, de evitar las extradiciones, como le había ocurrido a Pinochet. Las leyes amnistiadoras eran entonces tomadas por la justicia extranjera como justificación para abrirles juicios a algunos de los ilustres torturadores. De modo que su anulación abrió la posibilidad de que fueran retornados al país, como los propios represores reclamaban, con la expectativa de escapar a una eventual condena sumaria y más efectiva en el exterior. El paso del tiempo no solamente había convertido a los militares genocidas en carcamanes gerontes y el aparato represivo se había renovado generacionalmente, sino que, en lo esencial, le había quitado potencial político a la condena del elenco de miles de represores empeñados en el genocidio.

La aceleración de los juicios se desarrolló con ‘los ritmos de la justicia’, por un régimen procesal que garantiza alguna condena a cuentagotas en plazos tan largos como los de los créditos hipotecarios y que, además, nunca consideran la imputación a los autores intelectuales y políticos del genocidio ni tampoco, por supuesto, a la clase social que los amparó y financió.

Lo viejo

El vaciamiento del 24 de Marzo reposa ahora en otra metáfora simbólica; para decirlo con las palabras cartaabiertistas: «volvimos», «la guerra ha terminado». Videla está preso, los herederos del «tío» en el gobierno. Los intelectuales abiertos «a la carta» contribuyen con la liturgia de la palabra.

¿Volvimos? Aquella Jotapé convocaba a formar una «juventud trabajadora» para reconquistar los sindicatos de los Rucci y sus amigos; ésta propugna la acción común con la «juventud sindical» de los Lorenzo Miguel del siglo XXI. El planteo de la patria socialista ha sido sustituida por el de la patria asistencialista que se identifica con las «asignaciones universales» para los niños y los jubilados (un planteo del Banco Mundial). A la juventud que creía que podía estatizar el Sheraton hotel para convertirlo en el hospital público de la niñez, este peronismo pseudo-renovado ofrece la protección de las privatizaciones del menemismo -golpeadas de muerte por la bancarrota de 2001- la alianza con los pulpos mineros, el pago de la deuda externa con reservas, con la plata de la Anses y hasta de la Lotería (para inaugurar un nuevo endeudamiento), incluida la tercerización de los negocios con los Pedraza y tuttiquanti.

La actualidad

La lucha contra la impunidad es, desde siempre, la lucha contra el continuismo del aparato represivo, metamorfoseado en «gatillo fácil», en Gendarmería limpiando rutas de protesta, en uniformados enfrentando a obreros huelguistas y otras diversas formas de protesta del pueblo. ¿Cómo no señalar su vigencia en un año que, apenas en los últimos meses, se cobró la vida de Mariano, de los compañeros de los pueblos originarios en Formosa, de los asesinados el Parque Indoamericano, de los pibes de José León Suarez, del asesinato policial en Baradero?

En el pasado, la «conducción» de la «juventud maravillosa» se empeñó en la empresa de abrir una segunda oportunidad, contrarrevolucionaria, a Perón, disimulada por una lucha armada al margen de la lucha de clases de las masas. Eligió el terreno de una guerra de aparato y es políticamente responsable del callejón sin salida en el cual se inmoló en un desastre la vanguardia de una joven generación combativa.

La «conducción» actual tiene contradicciones aún más flagrantes: denuncia cada tanto a la Bonaerense, pero propugna la alianza con los Scioli; lamenta las muertes en Formosa y mantiene el compromiso con Insfrán; vota a la Corpacci… Saadi-Barrionuevo; se pavonean con la cárcel de Pedraza, pero mantienen a sus hombres en el riñón del Estado… Del mismo modo que se jacta de la pelea contra el capital «concentrado» mientras gobierna con la Barrick Gold, o de la pelea contra el monopolio mediático mientras pactan con Telefónica-Telecom.

La política de vaciamiento del 24 de Marzo no está al servicio de la causa nacional y popular, sino contra una movilización independiente a la que se acusa de ser «funcional» a la derecha para mejor encubrir los pactos oficiales de todo tipo con esa misma derecha, que se cobija, por sobre todo, en los pliegues del poder.

Marchar este 24 de Marzo, con la consigna de la cárcel para todos los Pedraza, la expulsión de la burocracia de los sindicatos; el desmantelamiento del aparato represivo cómplice en el secuestro de Julio López, con el comercio de mujeres y niños, y con las torturas en las comisarías -y hasta en solidaridad con los pueblos del mundo que son bombardeados por los demócratas del imperialismo, desde Gaza a Libia, Irak o Afganistán, Honduras y Bahrein- será también un saludable ejercicio de delimitación política.

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