25/08/2011 | 1191

Los nuevos desafíos del Frente de Izquierda

El valor de las reivindicaciones inmediatas

Los 520.000 votos obtenidos por el Frente de Izquierda nos permitieron, es cierto, superar el piso proscriptivo del 1,5% y habilitar nuestra participación en las elecciones generales. Pero nadie puede pasar por alto que forjamos esta conquista en nombre de un programa. Y que lo expresamos a través de ciertas reivindicaciones urgentes, que presentamos ante las más amplias masas. Algunos detractores -incluso «de izquierda»- nos atacan en nombre de una supuesta campaña «light», en oposición a otra que debiera agitar sin mediaciones los propósitos socialistas y revolucionarios del Frente o de las fuerzas que lo integran. Semejante impugnación ignora, cuanto menos, el lugar de las reivindicaciones inmediatas en una etapa de bancarrota capitalista, o sea cuando «cualquier reivindicación seria del proletariado y hasta cualquier reivindicación progresiva de la pequeña burguesía conducen, inevitablemente, más allá de los límites de la propiedad capitalista y del Estado burgués» (Programa de Transición). En su acción política, el Frente de Izquierda ha seguido este método político, o sea, enlazar las reivindicaciones más urgentes con la necesidad de una reorganización social completa, que sólo podrá ser llevada adelante por un gobierno de trabajadores.

Salario y trabajo

Ello es muy claro, por ejemplo, con las reivindicaciones salariales y jubilatorias que presentamos en nuestra agitación, las que establecen una oposición de carácter socialista al kirchnerismo y a su régimen de rescate de los capitalistas. Las estadísticas señalan que, en el repunte económico producido después de la crisis de 2009, no se han creado nuevos puestos de trabajo en la industria. O sea que la tentativa de salida a la crisis se ha fundado en la prolongación de la jornada laboral, el desconocimiento de los convenios y el recurso a la tercerización. Aunque los jóvenes economistas K acaban de reunirse para declarar que «la crisis será enfrentada con caminos diferentes a los del Norte», la orientación social de su gobierno no difiere a la de los Obama o Zapatero -o sea, trasladarle la factura a los trabajadores. Por su parte, los trabajadores efectivos han recibido los aumentos «administrados» de las paritarias, que se ubican siempre por debajo de la inflación. En este cuadro, los planteos de salario mínimo igual a la canasta familiar (hoy cercana a los 6.000 pesos), de establecer el convenio más favorable en cada establecimiento para todos sus trabajadores y asegurar el pase a planta de precarizados o contratados, constituyen un planteo de defensa integral de la clase obrera y sus condiciones de vida, a costa del capital. La Unión Industrial acaba de rechazar un aumento del 41% en el salario mínimo, aun cuando el nuevo valor reclamado por la CGT y la CTA lo colocaría en menos de la mitad de la actual canasta familiar. Los libros contables de los remarcadores capitalistas delatan, sin embargo, que la «inflación en dólares» se ha trasladado integralmente a sus beneficios. Si se declaran «incompetentes» para nuestros reclamos urgentes, que abran sus libros y sus cuentas, que se anule el secreto bancario y comercial.

Jubilaciones, vivienda

Con todo, la mayor confiscación de todas se opera en relación a las jubilaciones, donde los fondos de la Anses están pagando la deuda pública y financian «barato» a los capitalistas, mientras el 80% de los haberes se encuentra en los 1.434 pesos. En este cuadro, asegurar el cumplimiento del 82% móvil conduce a cesar con el pago de la deuda usuraria y reclamar el sostenimiento integral de la asistencia social (y de las propias jubilaciones) a través de impuestos y aportes progresivos que recaigan sobre la clase capitalista.

La vivienda, en medio de crisis sociales inmensas y de ocupaciones de tierras, es otra de las reivindicaciones urgentes. El carácter capitalista del «modelo productivo» oficial se delata en el acaparamiento sistemático de tierras y del suelo urbano que llevan adelante los monopolios inmobiliarios, agroindustriales o mineros -todos ellos sostenedores de los K o de su «liga de gobernadores». La contracara de los superbeneficios de estos pulpos es el encarecimiento insostenible del suelo o los alquileres, otra forma de confiscación de la familia obrera. El Frente de Izquierda plantea un régimen de impuestos progresivos sobre la propiedad del suelo; la disposición de tierras fiscales de zonas urbanas para planes de vivienda popular, al igual que las tierras privadas ociosas; un régimen de créditos a tasa cero para la vivienda y un plan enérgico de urbanización y de obras públicas para los asentamientos y villas. Todo ello exige la centralización del ahorro social mediante la nacionalización de la banca, bajo una dirección electa de trabajadores.

Impuestos

La caja del Estado se sostiene, esencialmente, sobre los impuestos al consumo, mientras los capitalistas son beneficiados con subsidios, rescates generosos o créditos blandos; ello, sin tener en cuenta la evasión abierta o encubierta (valuación irrisoria de la gran propiedad). En oposición a este régimen de impuestos, que convierte a la caja del Estado en otro instrumento de confiscación social, planteamos la eliminación de los impuestos al consumo y un régimen financiado integralmente con impuestos progresivos a los beneficios y a las rentas del suelo u otros recursos. Podrá argumentarse que ante una eliminación de los impuestos al consumo, los monopolios capitalistas complotarán para no reducir los precios, apropiándose para sí lo que deja de percibir el Estado. Pero una agitación sistemática por esa reivindicación conduce a la lucha por el control obrero sobre la producción y los costos de la gran industria -otro paso en la transición hacia una gestión de la economía y de la sociedad a cargo de los trabajadores. Por otra parte, el cese de los subsidios multimillonarios a los privatizadores de la energía, el gas o el transporte plantea la nacionalización y la gestión obrera de estos servicios; sobre esta base, los recursos que hoy se destinan a subsidiar a los capitalistas podrían emplearse en un gran fondo de relanzamiento de la infraestructura ferroviaria, así como también a la exploración gasífera y petrolera.

El valor de un programa

Durante la primera fase de la campaña electoral, batallamos por el derecho del Frente de Izquierda a intervenir en las elecciones generales con un programa, el cual nunca dejamos de explicitar. Ahora, es el turno de desenvolverlo con la mayor pedagogía ante las más amplias masas, contraponiéndolo a la orientación del gobierno y de sus opositores capitalistas -en particular, de los «centroizquierdistas». La presentación de un programa nos permite reclamar la definición de todos los elementos progresistas o antiimperialistas en torno al voto al Frente de Izquierda. Nuestro programa de reivindicaciones urgentes es también la plataforma parlamentaria para el objetivo electoral que nos trazamos en esta nueva etapa: el ingreso de tribunos obreros y socialistas al Congreso y a las legislaturas.

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