Para el kirchnerismo, su oposición a Macri confronta «dos modelos de Ciudad y de país». Pero si esto es así, cabe preguntarse: ¿qué separa, por ejemplo, a un Scioli de un Macri? En verdad, Macri es una versión porteña de Scioli, el cual representa el método político de gobierno que reivindica el kirchnerismo.

En la Ciudad, el PRO ha combinado una política de aliento a la especulación inmobiliaria, por un lado, con el asistencialismo y la contención social, por el otro. ‘Mauricio’ debutó como una tentativa de recrear a la Ucedé de Alsogaray, prometiendo, por ejemplo, la erradicación de la Villa 31. En su momento, el propio Alsogaray se tuvo que conformar con un desvío ‘populista’ cuando tuvo que apoyar a Menem. Del mismo modo, los macristas entendieron enseguida los límites que le imponían el cuadro político posterior al derrumbe de 2001. Por eso, recalaron en la mentirosa ‘urbanización de villas’ y en organizar una red de punteros para aplicar este programa. Es lo que hace el kirchnerista Scioli; es decir que el macrismo se «kirchnerizó». Scioli, en la provincia, desarrolla, con sus intendentes, ese mismo papel de contención social a cargo del aparato de intendentes y los ex piqueteros de Pérsico o D’Elía -sin dejar de promover, como eje de política urbana, una desenfrenada especulación inmobiliaria, que gira en torno a la ribera del Plata. En los municipios avanza algo muy «PRO», el copamiento inmobiliario del ‘Barba’ Gutiérrez en Quilmes y la privatización de la costa del río a manos del Techint, y el japonés García en Vicente López, con su contaminante Vial Costero. En la lista figuran, destacados, los partidos de Escobar y Pilar, o las ciudades sojeras como Pergamino. Bajo la presión, por un lado, de la crisis social y, del otro, los intereses financiero-inmobiliarios, macrismo y kirchnerismo convergen en una suerte de populismo y bonapartismo, que solamente se distinguen por emplear un lenguaje demagógico diferente.

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