07/01/2016 | 1396

Memoria ferroviaria: “tiene que haber justicia”

Por Corresponsal (bajado del facebook de Ch. V.)


Durante 9 años trabajé en la estación Once. Lo hago actualmente. Tengo la desgracia de haber trabajado, vivido y sufrido, como muchos de mis compañeros, los dos accidentes, el de febrero y el de octubre.


 


Hoy nuevamente no puedo dormir. Como en los días posteriores al accidente. Recuerdo que cuando me dijeron que había chocado el chapa 16 en el andén, pensé que era mentira, una broma que se hace a veces.


 


Tuve que verlo para creerlo. Recuerdo el caos, la confusión, el griterío, que habían en el andén y la estación. Había personajes siniestros, que hoy están acusados y que espero sean condenados, que tenían perfectamente claro lo que estaba pasando.


 


Mientras en el andén 2 se trataba de socorrer a los heridos, ellos hacían correr los trenes por los andenes 4, 5, 6 y Miserere. Querían mostrar que no había pasado nada. Que TBA podía seguir corriendo los trenes. Mientras al lado de ellos la gente se moría.


 


(…) A las 13:30 vino la orden de desalojar la estación. Habían mentido durante toda la mañana. Ya no podían más.Eran 50 los muertos. Había que evitar que los medios tomaran registro de las víctimas cuando las trasladaban a la morgue.


 


Nos echaron de nuestro propio lugar de trabajo. Sólo importaba la imagen. O mejor dicho que no quedara ninguna imagen.


 


Pero la tragedia, no terminó ese día. Al siguiente cuando nos presentamos a trabajar, nos enteramos en forma directa que nuestro compañero de trabajo del turno tarde Facundo estaba buscando al hermano. Había muerto por asfixia. Coqui creo que le decían.


Recuerdo que pensé: Facundo no vuelve más. Y no lo volví a ver. Somos amigos de facebook.


 


La tragedia sigue. Al otro día, las protestas en la estación. Buscaban a Lucas. Recuerdo cómo policías de civil, que yo tenía vistos, agitaban en la estación de Once para que se armara quilombo. Sabían que Lucas estaba en el tren y tenían que tapar con la represión la cagada que se habían mandado.


 


Ahí tampoco tuvieron ni un poco de decencia hacia el dolor de la familia y sus amigos y de todos nosotros que queríamos que aparezca vivo.


(…) Y llegó el (accidente) de octubre. Era un sábado. Estábamos trabajando tranquilos. Y otra vez ese ruido. Inconfundible. Nos miramos a los ojos con mis compañeros. No hacía falta decir nada… salimos corriendo al andén. Otra vez. Increíble.


 


Recuerdo como el gerente de turno, entraba y le decía a Belén, desesperado: llama al Same, que mande todas las ambulancias que tenga… que mande todas las ambulancias que tenga. Pensamos lo peor, por suerte no hubo víctimas fatales.


 


(…) En estas cosas aprendimos de verdad lo que significa la palabra compañero… muchos quizá nunca lo van a entender… No puede ser un día más… tiene que haber justicia. No sé bien porque hoy escribo esto. Ni para quien lo escribo, supongo que el dolor… Para mis compañeros ferroviarios, porque no puede quedar en el inconsciente colectivo, que somos sinónimo de vagos, de irresponsables o de asesinos. Ser ferroviario tiene que ser sinónimo de lucha por un ferrocarril de los trabajadores y para los trabajadores.


 


(…) Exijamos justicia. ¡Condena y cárcel efectiva para los empresarios y funcionarios corruptos!


 


¡Absolución para Marcos Córdoba! Hoy en Tribunales voy y vamos a gritar bien fuerte, con los dientes y los puños apretados: ¡Justicia para las víctimas y heridos de la masacre de Once!

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