16/03/2006 | 937

Militarizan una lucha histórica

Terrorismo de Estado en Las Heras

Todas las caretas, ajadas ya por el uso, han vuelto a caer: el que se hace llamar “hijo de las Madres”, el que hizo descolgar el retrato de Videla en el Colegio Militar, el Presidente “nacional y popular”, ha impuesto en su provincia un régimen formal de terrorismo de Estado.


 


“Si las Madres de Plaza de Mayo se han quedado sin trabajo en Buenos Aires, que vengan acá”, ha dicho el presbítero Luis Bicego, cura párroco de Las Heras, quien tiene más de cien personas refugiadas en su parroquia (“el único lugar seguro… por ahora”, añadió). Esa iglesia está rodeada por tropas policiales y de Gendarmería.


 


El lunes 13 de marzo, ya eran 19 los trabajadores detenidos por la muerte del oficial de policía Jorge Sayago, desparramados en distintas unidades carcelarias de casi todos los confines de la provincia, torturados, golpeados, amenazados bárbaramente durante el viaje, como sucedió, por ejemplo, con el menor Alexis Gómez, a quien le sacaron medio cuerpo de la camioneta que lo trasladaba y le prometieron, mientras los canas intercambiaban risotadas entre ellos, arrojarlo a la ruta desde ese vehículo que circulaba a más de 100 kilómetros por hora. El chico llegó a Pico Truncado en tal estado que la propia policía debió suministrarle atención médica para no tener un problema mayor.


 


El domingo 11 de marzo, efectivos de Gendarmería irrumpieron en una asamblea de trabajadores de la petrolera Indus y detuvieron allí a nueve compañeros. La soldadesca no mostró orden de arresto alguna, que fueron exigidas inútilmente por los abogados (entre ellos los de Apel y de otras organizaciones). También sin orden judicial, la Policía y Gendarmería detienen personas por la calle, y sólo después la jueza Graciela Ruate de Leone firma la orden de captura, por lo cual el párroco exige juicio político contra ella.


 


“Desde los tiempos de la dictadura no se veía algo así”, subrayó el presbítero. No le falta razón: desde el fin de semana Las Heras está sin Internet y han desprovisto de señal a los teléfonos celulares, de modo que el pueblo quedó incomunicado. Algo muy parecido a la recordada “Noche del Apagón”, en Jujuy, cuando la dictadura secuestró a la comisión interna y a todos los activistas de Altos Hornos Zapla que no habían logrado huir. Ahora, el mismo gobierno que bate el parche por las caras tapadas con que marchan algunas organizaciones piqueteras, envía a reprimir al temible GOE (Grupo de Operaciones Especiales) de la policía santacruceña, todos sin identificación y encapuchados con pasamontañas.


 


En cuanto a la muerte de Sayago, el mismo Bicego declaró: “Para encontrar a los verdaderos culpables hay que mirar la película desde el comienzo. ¿Y cuál fue?: el justo reclamo de los trabajadores”. El cura agregó: “Yo primero le echo la culpa de todo lo que pasó y de la muerte del policía a quien dio la orden de detener a (Mario) Navarro (delegado petrolero). Eso provocó la bronca. Luego ¿quién dio orden de reprimir aquella noche? ¿y quién da ahora la orden de detener a la gente? Porque detrás de la jueza hay alguien que está empujando…”.


 


Un desastre provocado


 


En ese punto, conviene recordar que la noche de la pueblada la concejala oficialista Roxana Totino, quien intentó mediar cuando empezó la represión, fue golpeada por la policía. En otras palabras: alguien había tomado la decisión política de reprimir y no sólo de reprimir; además, se quería provocar un desastre como el que ocurrió. A Sayago sus compañeros lo dejaron extrañamente solo y nunca podrá saberse de dónde le llegó el tiro y el fierrazo que lo mató, sobre todo cuando ya se ha hecho pública una interna policial feroz, tan feroz como la interna política que ha fracturado al bloque oficialista en la Legislatura provincial (por ejemplo, se eligió a un vicepresidente de la Cámara y al día siguiente, después de la ceremonia y los discursos, fue reemplazado por otra diputada amiga de Kirchner y enfrentada con el gobernador Acevedo, lo cual indica pugnas mayores en la trastienda del asunto).


 


La noche en que los trabajadores de Las Heras liberaron a Navarro, recuerda Bicego, “estuvo medio pueblo. Entonces… ¡que detengan a medio pueblo!”. El párroco también subraya que fue una noche neblinosa, que no se veía casi nada, que del video en poder de la Side no pudo extraerse dato alguno. En definitiva, no hay ni puede haber pruebas contra nadie.


 


Entretanto, las empresas aprovechan el terror estatal, la militarización general, para incumplir todos sus acuerdos con los trabajadores y, aún más, pretenden que ese terror destruya cualquier asomo de organización sindical y política de sus obreros.


 


En respuesta a Bicego, la nueva ministra de Gobierno de la provincia, Elsa Capuchinelli, le ha pedido al párroco que se ocupe “de las cosas de Dios, no de las cosas de la Tierra”. Las cuestiones terrenales, según parece, consisten en poner al aparato represivo del Estado en condición de esbirros de las petroleras, de las grandes depredadoras de las riquezas naturales del país, y aterrorizar para eso a los trabajadores y a toda la población.


 


El asunto tiene su lógica. El conflicto de Las Heras, un pueblo aparentemente perdido en la zona desértica del norte santacruceño, tiene una particularidad histórica: está desarrollando una lucha formidable, ejemplar, contra la flexibilización laboral y contra el impuesto al trabajo que afecta a 700 mil trabajadores del país. En otras palabras: la huelga apunta al corazón de la política antiobrera del gobierno. Por eso exhibe tan claramente hasta dónde es capaz de llegar Kirchner en materia de represión, por eso desnuda la miseria terminal de las burocracias de la CGT y la CTA, por eso muestra la necesidad imperiosa de una central obrera independiente de burócratas, patrones y gobierno.

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