Políticas

26/1/2022

Deuda externa

Movilicemos contra la entrega nacional al Fondo Monetario

Ante los nuevos pagos de deuda, ganemos la calle contra el ajuste y con un programa de salida.

Ojo Obrero fotografía

Dos vencimientos consecutivos con el FMI por más de 1.000 millones de dólares han puesto sobre la mesa el empantanamiento de la negociación del gobierno con el Fondo para arribar a un acuerdo de repago de la deuda y el quebranto de las reservas propias del Banco Central, pero sobre todo el drenaje de las riquezas del país mientras se recrudece la carestía y el ajuste. Contra esta orientación, el Frente de Izquierda Unidad y otras organizaciones movilizaremos para rechazar tamaña entrega.

Si bien todo indica que gatillarán, ni Alberto Fernández ni Martín Guzmán han confirmado aún los pagos. En parte esto puede leerse como un recurso de fuerza en la negociación con el directorio del FMI, el cual exige una hoja de ruta más clara y más ambiciosa en la reducción del déficit fiscal, de la emisión monetaria y de la brecha cambiaria. Es que la aceleración de la apreciación del dólar oficial, la subas de las tasas de interés que paga el Banco Central, los tarifazos anunciados y la ejecución de un ajuste por la vía inflacionaria no satisfacen los reclamos por un sendero definido para llegar a un “equilibrio fiscal” en 2024 -aunque sí golpean duramente a los trabajadores.

Sin embargo, luego de haberle pagado al Fondo más de 5.000 millones de dólares en 2021, lo cierto es que estos compromisos del 28 de enero y el 1 de febrero llegan cuando las reservas internacionales netas líquidas se encuentran en terreno negativo, lo que quiere decir que el gobierno está metiendo la mano en los depósitos en dólares de los ahorristas (los encajes en el BCRA) para hacer frente a sus compromisos. Con las cotizaciones paralelas de la divisa norteamericana subiendo en flecha -el blue y el contado con liqui superan los $220-, la situación es delicada. Incluso haciendo frente a estos vencimientos, los de marzo aparecen como ciertamente impagables.

En las últimas horas llegó un guiño desde Washington, con las declaraciones de la número dos del Fondo, Gita Gopinath, afirmando que “estamos adoptando un enfoque flexible y pragmático y esperamos lograr más avances en los próximos días”, aunque insistió en que Argentina debe “mejorar los desequilibrios”. Altos funcionarios de Joe Biden se estarían inclinando también por viabilizar un acuerdo. Esto muestra que detrás de cualquier diferencia “técnica” en cuanto al programa a firmar se halla un juego de presiones mucho mayores, ya que un pacto con el FMI no es un asunto meramente de deuda sino un condicionamiento de toda la política económica e incluso diplomática del país, cuando el imperialismo yanqui intenta reforzar su influencia en América Latina en un marco de turbulencias globales.

La alternativa de incumplir en el pago de los vencimientos o de arribar a un acuerdo precario -que postergue en el tiempo mayores definiciones pero brinde algo de aire financiero- forma parte de las opciones en danza. Pero no hay que confundir ello con defensa alguna de la soberanía nacional y menos del pueblo argentino. En ambos casos se derivaría de los problemas profundos que aquejan a la Argentina y su incapacidad de resolverlas, no de una ruptura con algún plan alternativo. Por eso las familias trabajadores seguirían padeciendo el ajuste, e incluso se agravarían la corrida cambiaria y la estampida inflacionaria. Ningún ala del gobierno, ni siquiera la que responde a Cristina Kirchner, presenta un rumbo alternativo a un acuerdo con el Fondo.

Lo dicho revela que es imperioso redoblar la movilización para enfrentar esta entrega nacional. El jueves 27 confluiremos en las calles diversos espacios políticos y organizaciones sociales para decirle “No al FMI”. La acción unitaria, sin embargo, no puede solapar la necesidad de denunciar al gobierno que viene pagando la deuda “con el hambre del pueblo” y plantear un programa de salida que no se limite a ahorrarse estos vencimientos.

A diferencia de la importante jornada nacional del 11 de diciembre, en esta ocasión coincidiremos convocatorias diferentes. El espacio Autoconvocatoria por la Suspensión del Pago e Investigación de la Deuda emitió un pronunciamiento al que suscribieron personalidades y organizaciones distintas, desde algunas combativas y partícipes de aquella movilización de fines del año pasado hasta funcionarios del actual gobierno nacional como Claudio Lozano.

El punto es que el texto con que llaman a marchar responsabiliza únicamente a los exmandatarios Macri y Trump y al directorio del Fondo, pero absuelve al Frente de Todos del ajuste que viene llevando adelante contra las masas para allanar un acuerdo. En ese sentido, guarda expectativas en el gobierno nacional, o al menos busca apoyar a un presunto sector progresista dentro de la coalición oficial. Por eso no recoge lo que denunciara el documento consensuado en instancias abiertas y colectivas hacia el 11 de diciembre pasado, el cual señalaba el robo de la movilidad a los jubilados, el ajuste a la salud en plena pandemia, los recortes presupuestarios en educación y asistencia social, y llamaba a enfrentar el “plan plurianual” que prometía el presidente y la reforma laboral en ciernes. Desde esa perspectiva clamaba por desenvolver un plan de lucha por todos los reclamos populares, desde el aumento de salarios y el reparto de las horas de trabajo para combatir la desocupación hasta “la nacionalización del sistema bancario, el monopolio estatal del comercio exterior, y un plan nacional de obras públicas controlado por la clase trabajadora”.

Estas reivindicaciones y el programa de salida a la crítica situación del país son fundamentales, porque es lo que traza una orientación incluso en caso de que se frustre o se trabe la renegociación con el FMI y Argentina termine en default. Finalmente, la cuestión no se reduce a cambiar el destino de ciertos fondos, si no a romper con toda una orientación de entrega nacional al imperialismo y el capital financiero internacional. Sin ir más lejos, el fracasado Presupuesto 2022 no contemplaba ningún pago al organismo y no obstante contenía un ajuste frontal contra los trabajadores. El fondo del asunto es quebrar la dirección de rescate de la deuda externa usuraria y fraudulenta que guía los pasos de este gobierno. Un default de quienes se esmeran en pagar no se acerca un ápice a un rechazo soberano de esta hipoteca que condena al país.

Ganemos las calles contra el acuerdo con el FMI, el pago de la deuda y el ajuste.