06/04/2006 | 940

Moyano y De Gennaro ‘luchan’ contra la inflación


Hugo Moyano, y con él la inmensa mayoría de los dirigentes sindicales, ha decidido sacrificar los salarios de los trabajadores “para contribuir”, dice, “a la lucha del gobierno contra la inflación”. Lo que Kirchner no consigue arrancar a los ganaderos, a los supermercadistas, a las privatizadas de servicios diversos, se lo consigue imponer a los sindicatos, y en especial a los de la CTA de Víctor De Gennaro y Hugo Yasky. En Argentina se da el raro caso de que los burócratas más oficialistas son los de los sindicatos que tienen sus salarios virtualmente congelados, como los trabajadores del Estado. Como la CTA se jacta, además, de representar a los jubilados, a los monotributistas y a los minifundistas, se llega a la obligada conclusión de que cuanto más perjudicada es una rama de trabajo más oficialistas son sus dirigentes. El Congreso de la CTA, el fin de semana pasado, consagró la integración al Estado del llamado ‘sindicalismo independiente’, bajo la batuta de los D’Elía.


 


Moyano firmó un convenio para camioneros que sube el salario básico, en promedio, un 16%. Es cierto que obtuvo aumentos por fuera del básico y que las patronales han debido conceder por la enorme presión desde abajo de los trabajadores. Pero el rezago del básico desprotege al trabajador en materia social y jubilatoria. Refuerza la precariedad laboral y la presión a extender la jornada de trabajo. El acuerdo no contempla ajustes por inflación, de modo que una buena parte del aumento quedará anulado. Las patronales han aceptado ir más allá de lo que pretendían, con las sumas no remunerativas, con la expectativa de que el contexto inflacionario les permitirá trasladar esos aumentos a los precios. El gobierno está aumentando tarifas con retroactividad, la del gas por ejemplo, y ha logrado la ley que lo autoriza a agregar “cargos específicos” a las facturas de servicios, con el argumento de financiar inversiones. Pero Moyano hizo más que ceder gran parte de los reclamos a la presión del gobierno: también le dio el apoyo a los matones de la Uocra que fueron a apalear maestros en Neuquén, los cuales reclamaban precisamente un aumento del salario básico. Una semana después de la golpiza, la huelga docente neuquina fue levantada.


 


Lo de Moyano marca una pauta, quizás un techo, para el resto de la burocracia. Zanola firmó sin obtener aumentos en el básico, aunque las sumas extra-básico sean del orden del 20% debido a lo bajísimo que son los salarios de los bancarios. ¿Los bancarios también se sacrifican por la inflación? Solamente los bonos indexados, ajustados además al crecimiento de la producción, han dado a los financistas ganancias de más del 50% sobre la inversión. El Banco Central los subsidia vendiéndoles bonos o títulos propios, al punto de que la deuda financiera del Central ha llegado al nivel más alto desde el fin de la convertibilidad. Los delegados de los bancos Provincia, Bisel y Banco de Entre Ríos rechazaron el convenio bancario precisamente porque no tiene aumento sobre el básico ni cláusula de ajuste.


 


Todo esto ocurre cuando el gobierno se ha estado negando a convocar al Consejo del Salario y a modificar el salario mínimo, que sigue en 650 pesos. Como ya ocurrió con el mínimo no imponible, cuando fue cuestionado por los petroleros de Santa Cruz, Kirchner canjearía los ‘favores’ de Moyano por una reunión del Consejo. Entre lo que demore en hacerlo y el tiempo que pasará hasta que entre en vigencia un nuevo mínimo salarial, llegaremos a junio o julio. El tiempo que pasa es la plata que se quedan las patronales. Mientras los salarios y las jubilaciones siguen por el suelo, en beneficio del ‘superávit fiscal’, los desfalcos al Anses y al Pami —denunciados por todos los diarios— siguen como si nada, comiéndose una buena parte del sacrosanto ‘superávit’. De todos modos, como lo demuestra la explotación de bolivianos y no bolivianos en todo el país, no solamente en la Ciudad de Buenos Aires, o de los trabajadores agrarios, y en todas las tercerizadas que trabajan para los monopolios, el salario mínimo es la mitad del oficial. La CGT, incluida la de Moyano, ha abandonado por completo a los trabajadores desorganizados, que sin embargo son mucho más de la mitad de la clase obrera.


 


La recuperación económica pone al desnudo, aún mucho más que la crisis, el carácter superexplotador de la ‘burguesía nacional’, el carácter servicial del gobierno y el carácter entreguista y parasitario de la burocracia sindical. Nada más ilustrativo que los escasos cincuenta inspectores que tiene la Ciudad de Buenos Aires —‘podrida en guita’— para ejercer la “policía del trabajo” o lo que ocurre en Tartagal y el Departamento San Martín, en Salta, donde ni los ‘superávits fiscales’, las regalías petroleras, ni los ingresos por el juego, ni el boom agroexportador han alcanzado o servido para construir una infraestructura contra el desborde del llamado Río Seco, esto por la simple razón de que la plata se la embolsa la camarilla formada por el gobierno y los pulpos capitalistas. Lo mismo ocurre, por supuesto, en Santa Cruz o en San Juan o con los basurales de Gobernador Gálvez en Santa Fe, y así de seguido. Kirchner le ha pagado 10.000 millones de dólares al FMI, pero destinará 168 millones de pesos para enfrentar la contaminación del agua en la cuenca Riachuelo-Matanzas, por lo que demorará dos décadas la depuración del nitrato del agua.


 


¿Por qué sorprenderse, entonces, de que las ‘calificadoras de riesgo’ suban la ‘nota’ financiera de Argentina, a pesar de que todavía tiene 20.000 millones de dólares en default y conflictos contractuales con Aguas Argentinas? Argentina se ha reconvertido en un paraíso del capitalismo a costa de la mayor pérdida de poder adquisitivo del salario en toda la historia y de una superexplotación que no tiene precedentes.


 


Pero no solamente se acentúan los desequilibrios sociales. La inflación tiende a acelerarse y aún falta el aumento de las tarifas. El generoso ‘superávit fiscal’ tiene una contrapartida en el déficit ‘cuasi-fiscal’ del Banco Central, un déficit que tiende a crecer como consecuencia de la compra de divisas con que se busca recomponer el pago adelantado al FMI. La deuda externa crece a un ritmo de ocho mil millones de dólares al año, tanto como consecuencia de su ajuste por inflación como de la toma de nueva deuda en los mercados internacional y nacional. Moyano y De Gennaro sacrifican los salarios y las condiciones laborales contra una perspectiva que no es de estabilidad, ni mucho menos progreso social, sino de desequilibrios más intensos y más crisis.


 


Está planteada otra vez más, al rojo vivo, como un enorme problema para la clase obrera, la cuestión de la integración de las organizaciones populares al Estado y la cooptación de sus dirigentes y de nuevos arribistas al elenco kirchnerista. La independencia de la clase obrera con referencia al Estado, o sea la clase capitalista organizada y centralizada, es vital para salir de la miseria social. El camino lo han mostrado los petroleros de Las Heras y todos los movimientos sindicales que han roto con la burocracia. Lo muestran los asambleístas de Gualeguaychú y Colón, que si hubieran ido a la rastra del gobierno se hubieran tenido que resignar a vivir como viven los compañeros de Villa Inflamable, en el Dock Sud. Pero la independencia de las masas del Estado sólo puede avanzar, no si procede aisladamente, sino de conjunto, en la lucha contra el Estado. Por eso la tarea de todo este período es construir un partido político de la clase obrera.


 

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