15/07/2004 | 859

MST Nº 1 y MST Nº 2

Se ha producido una fuerte división en el MST. La votación marginal de IU en las últimas elecciones puso al rojo vivo divergencias que se arrastraban desde hace algunos años. El resultado electoral fue un duro golpe porque la dirección del MST esperaba un corrimiento electoral hacia IU de hasta un millón de votos.


Este optimismo electoralista la llevó a tener, durante dos años, una política de preferencias por los golpes mediáticos. Este mismo propósito estratégico la llevó a ampliar IU hacia la derecha, mediante la alianza oportunista con el PS, de la cual esperaba un beneficio en términos de bancas parlamentarias. El resultado electoral, sin embargo, luego de la euforia que habían creado en torno a la victoria de Lula, lo puso en un callejón. Quedó planteada la necesidad de un balance, que quizás, como en todas las rupturas del viejo MAS, nunca termine de realizarse. Pero el fracaso del electoralismo, como estrategia, despertó en la dirección del MST el espectro nunca conjurado del movimiento piquetero.


Un fantasma recorre…


La reaparición del fantasma piquetero no cae del cielo. El MST despreció desde el vamos, en el período anterior al Argentinazo, la posibilidad del desarrollo del movimiento piquetero. Nunca le vieron posibilidades y siempre lo consideraron marginal y de marginales.


El MST fue la corriente de izquierda que fue más lejos en ese sentido. No solamente despreció a las organizaciones piqueteras, sino que trabajó incansablemente contra ellas. Luego del Argentinazo, les opuso artificialmente las asambleas populares. El ejemplo más elocuente se dio cuando dividió el acto del 1º de Mayo del 2002. La especulación electoral de este divisionismo se vio cuando IU copó el acto en el Obelisco, que supuestamente era una iniciativa de varias asambleas populares.


El acto divisionista del 2002 engendró en el MST una crisis política potencial, que estallaría dos años después.


Pero bloquear la fuerte irrupción de las organizaciones piqueteras fue un propósito al que el MST no le encontró la vuelta. En su congreso partidario, debieron reconocer que se habían quedado afuera de la inmensa mayoría de las luchas que se desarrollaron contra Duhalde.


Estuvieron ausentes en el Puente Pueyrredón, el 26 de junio, cuando lograron “prensa” con motivo del asalto al local barrial del PC; estuvieron ausentes del Acampe en Plaza de Mayo, de las ANT, y de todas las acciones de frente único de las organizaciones piqueteras.


Sin un balance político acerca del rol que jugaba el movimiento piquetero, intentaron resolver su ausencia real en la lucha de clases durante dos años de una manera empírica, “revitalizando el Teresa Vive”, esto mientras una parte muy importante de la dirección del MST seguía y sigue despreciando profundamente la intervención en el movimiento piquetero, al cual consideran como “piantavotos”.


De la falta de un balance nacieron dos posiciones. Un sector de la dirección del MST se “piqueterizó”, y otro sigue en la misma posición del año 2001, aunque ahora, en lugar de oponer a los piqueteros las asambleas populares, les ha inventado como adversario a la clase obrera “ocupada”. Obviamente, la categoría de “ocupada” no existe; la clase obrera es una sola, y la “ocupación” y la “desocupación” constituyen el mecanismo de competencia entre la propia clase obrera que fuerza el capitalismo.


Luego de tres años de orientación antipiquetera, la crisis dentro del MST se agravó.


Las dos fracciones se niegan a realizar un balance político y a abrir una discusión franca acerca del fenómeno peculiar de la historia argentina y de la clase obrera que es el desarrollo del movimiento piquetero.


Las dos fracciones del MST se empecinan en desconocer el carácter político y, por momentos, revolucionario que fue alcanzando el movimiento piquetero, el cual mantuvo el hilo de continuidad de la lucha de clases entre el período anterior al Argentinazo, pre-revolucionario, y el posterior a él, cuando la burguesía y el imperialismo deben lidiar con la resaca del Argentinazo: bancarrota no resuelta, gobiernos débiles, un régimen político paralizado, tendencia a los amotinamientos populares, intento de cooptación de las masas y el movimiento piquetero con los métodos clásicos, pero desgastados, del nacionalismo burgués.


El movimiento piquetero tiende a la fusión con todos los movimientos de lucha, desde la movilización contra el “gatillo fácil”, por la “Justicia” y los servicios, hasta, naturalmente, la lucha de estatales, docentes y universitarios (algo que ocurre en todas las provincias, como Tucumán, Buenos Aires, Chaco, Santa Fe) y en apoyo de las listas antiburocráticas del subte, TDO, ferroviarios, la alimentación…


Las diferencias de las fracciones del MST no han salido, hasta ahora, de lo instrumental; todos siguen defendiendo el sello de Izquierda Unida, cuya estrategia es la del Frente Amplio uruguayo, al que apoya con alma y vida. Las dos fracciones del MST apoyaron apasionadamente a Lula. Meses más tarde, sus propios dirigentes dejaron el PT, arrastrados ahora por un impresionismo derrotista, y lanzaron un partido electoral con toda la resaca de la izquierda democratizante brasileña.


Frente único


En el movimiento obrero y en el movimiento piquetero hay lugar para todos los que quieren intervenir. Cinco millones de desocupados es un campo enorme para el desarrollo de todas las organizaciones de la izquierda. Pero la condición para que esa intervención sea positiva y revolucionaria es que debe estar guiada por una política de frente único, no por una política faccional. El faccionalismo electorero llevó al MST a negar al movimiento piquetero; de aquí pasó a intervenir en las luchas piqueteras para “autoconstruirse”, no para llevar las luchas a la victoria mediante la acción revolucionaria unida. El MST ha sustituido el balance político y la discusión franca por un acuerdo de “protocolo” (como los matrimonios que se divorcian, pero siguen compartiendo el hogar y, algunas veces, hasta la cama). El anuncio de la suspensión sin fecha de su congreso, única instancia real para debatir un balance, es el reflejo de esto, pero por sobre todo persigue el fin de salvar a IU, por lo menos hasta el 2005. En resumen, un ambiente muy agitado, que oculta que las aguas siguen más quietas que nunca.

También te puede interesar:

Se trata de una jornada nacional de lucha, con una fuerte concentración en CABA y piquetes y cortes de ruta en todo el país.
Impulsa una agrupación barrial de cara a las elecciones venideras.
Una respuesta a nuestrxs compañerxs del PTS y el MST.