19/11/1998 | 608

Ni ´el’ ni ´ella´

Cuando falten cinco días para la realización de la interna de la Alianza, los doce sindica­tos docentes de la Capital le van a hacer un paro general a De la Rúa y a la Legislatura porteña de la UCR y del Frepaso, debido a que el presupuesto del distrito para el año 1999 no prevé ningún au­mento salarial y porque la participación del rubro educativo disminuye un 1,20%, equivalente a 38 millones de pesos.


¿No es esto una radiografía definitiva de una Alianza que todos los días se dice comprometida con la educación? Los sindicatos denuncian que el pre­supuesto capitalino ni siquiera contempla el blan­queo de los sueldos, es decir que evade las cargas sociales que debe a los maestros. ¿No constituye esto una estafa política y moral, simplemente? A la revista Siglo XXI, Fernández Meijide señaló a título de preferencia que debería aumentarse el salario docente en 100 pesos, como “signo de buena vo­luntad política” (textual). Es decir que si el Con­greso lo aprueba en el primer año de gobierno aliancista, en el año 2000, el sueldo del maestro se iría a 400 ó 450 pesos.


¿Qué perfidia, no? De la Rúa, por su lado, no se comprometió a nada.


Y cómo podrían hacerlo, cualquiera de ‘ellos’, si en la Universidad de Buenos Aires, que ‘ellos’ dirigen, amenazan dejar de pagar los aportes patronales que pertenecen a los trabajadores! ¡Cómo podrían hacerlo, si en Río Negro, el aliancista Verani acaba de rebajar los salarios de todos los estatales en nombre de la misma ‘emergencia’ que ‘ella’ invoca para tirarles un eventual hueso de cien pesos a los maestros!


Ciertamente, ante la necesidad desesperante de una salida a la completa descomposición del mene- mismo, bastante gente de clase media puede llegar a decidir que debe participar en la interna aliancis­ta. Pero que no se engañen, porque una reciente encuesta de El Cronista señala que De la Rúa es el candidato preferido de los grandes empresarios, ¡mucho más incluso que Cavallo! (16/11).


El desprecio de ‘ellos’ por la educación y los docentes no cae del cielo, pues corresponde a una línea internacional del Banco Mundial y del Vatica­no. ‘Ella’ le acaba de decir a Siglo XXI que “privilegiaría (a) los colegios parroquiales porque están reemplazando a la buena escuela públi­ca”. ¿Pero cómo podría reemplazar en forma satis­factoria a una buena escuela pública un régimen educacional que discrimina a las chicas embaraza­das, a la mujer, a los ateos, a las otras creencias, a los homosexuales, es decir, a la ciudadanía, que proscribe el sexo y que es hostil a la filosofía basada en la ciencia? ¿Cómo podría hacerlo una institución que despide a los docentes que no se encuadran ideológicamente en los prejuicios clericales? ¿Qué autoridad moral para educar puede tener una insti­tución que fue cómplice de la dictadura militar?


Los dos candidatos aliancistas se declaran enemi­gos del laicismo, pero con ello se convierten en enemi­gos de la organización política que tiene por base a la ciudadanía, es decir de la república democrática.


Es significativo el desprecio de los precandidatos de la Alianza por los docentes y la educación, porque simultáneamente la ofrecen como una salida para la desocupación. Para ‘ella’, la única salida que men­ciona para la desocupación, es “que los adoles­centes entren más tarde al mercado laboral, pero con mayor capacitación”.


¿Será que ‘ella’ vive en Marte? ¿Qué van a comer mientras tanto los adolescentes que ingresen ‘tarde’ al trabajo (si alguna vez lo logran)? ¿Cómo van a ayudar a su familia de desocupados? ¿No sabe ‘ella’ que la “capacitación” importa un rábano y que la tasa de desempleo entre los “capacitados” es tan alta como entre quienes no lo son? ‘Ella’ finge ignorar que la desocupación es hija del capitalismo, pero aun así pretende ser presidente. También es pura ficción el cuento de la ‘capacitación’, pues como ya fue dicho la Alianza capitalina, la rionegrina (y la cordobesa) han reducido el presupuesto de educación.


Cuando De la Rúa tiene que responder al mismo asunto, dice que va a ayudar a las pymes. Hasta el hambre del pueblo es un buen pretexto (¡el mejor!) para proponer subsidios para sus socios capitalistas.


Ninguna interna puede levantar la lápida que significa este programa. Un programa que ‘ellos’, los ‘transparentes’, no ‘transparentad sin embargo en sus actos y apariciones públicas, para evitar que sea cuestionado. Por eso la campaña de ‘ellos’ es más despolitizada que la de la farándula menemista. El lugar de la pizza y el champán lo ocupa el verso.


Lo más patético de estos candidatos que se enjua­gan la boca cada mañana con la declaración de los derechos humanos, es cuando le dicen a Siglo XXI que responderán con el Código Penal a la práctica del aborto por parte de la mujer. Nada menos que ‘ella’ escamotea la realidad de los miles y miles de abortos clandestinos que tienen lugar debido a la prohibición de que lo realicen las instituciones pú­blicas y calificadas, para justificar su posición contra el derecho de la mujer a abortar con el argumento de que “golpea su cuerpo y psíquica­mente Pero la mujer trabajadora que recurre a un aborto lo hace debido al hambre, a la desocupación, a los bajos salarios, a la carestía de la salud, a la falta de vivienda, a la ausencia de perspectivas humanas y sociales, y debido a la propaganda reaccionaria del clero contra la prevención del embarazo y contra la relación sexual como tal, es decir, como la forma más enérgica de la relación social en general.


Los mismos que defienden el régimen social que imposibilita realizar el derecho a la maternidad, responden con la represión a la víctima de esa aspiración incumplida.


No, nada ni nadie podrán levantar la lápida de este programa.


Los trabajadores necesitamos un partido propio. Para eso, las organizaciones obreras deben romper con los partidos de ‘ellos’, es decir, de los Menem, de los Duhaldes y de la Alianza.

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