18/08/2011 | 1190

No hay peor astilla que la del propio palo

Protejamos al Frente de Izquierda

No fue necesario que pasaran cuarenta y ocho horas de la victoria inédita de la izquierda revolucionaria, el pasado 14 de agosto, para que se pusiera en movimiento una agenda de provocaciones contra el Frente de Izquierda. Esa agenda no la plantean el oficialismo ni la derecha, que previsiblemente han adoptado una línea de lisonjas hacia lo que llaman una “publicidad creativa”, con la indisimulada intención de neutralizar este triunfo y asimilarlo al sistema político vigente. Eduardo Feinmann, el último amigo que consiguió José Pedraza, saludó los 550 mil votos de nuestro Frente con la expectativa de que nos “aparten del camino de la violencia”. Con este subterfugio, vuelve a responsabilizar al Partido Obrero por el asesinato de nuestro compañero Mariano Ferreyra por parte de la patota oficialista de la Unión Ferroviaria, Ugofe y la Policía Federal. Pino Solanas dio su versión ‘amigable’ y adjudicó nuestra victoria política a un operativo del “grupo Vila-Manzano”, al que acusa de promover la campaña “#unmilagroparaltamira”. Solanas habría corrido otra suerte si en lugar de practicar la complicidad con la norma proscriptiva del 1,5%, la hubiera denunciado y llamado a combatirla -como hizo nuestro Frente con todo vigor.

Algo mucho peor está protagonizando la dirigente del PTS, Andrea D’Atri, que ha lanzado una campaña por Internet para denunciar lo que llama el “brindis” de Jorge Altamira con el periodista “Chiche” Gelblung en Radio Mitre, el lunes pasado al mediodía, para ‘celebrar’ la victoria del Frente sobre la proscripción. D’Atri no pidió explicaciones previas a Altamira o al PO en el seno del Frente antes de abalanzarse sobre ‘la red’, sino que decidió ‘contribuir’ a la próxima etapa de nuestra lucha con un ataque a la cabeza del Frente de Izquierda en el combate electoral -o sea a hacer un trabajo de liquidación política del Frente de Izquierda, apenas pocas horas después de la consagración de una victoria política harto difícil. Si esto hubiera ocurrido en el Partido Obrero, la actuación de la compañera habría sido enviada a la Comisión de Control. Proceder a una liquidación política del Frente por medio de una labor pública insidiosa -en medio de un accionar con pocos precedentes de la izquierda revolucionaria y sin habilitar antes la posibilidad de aclaraciones y delimitaciones al interior del Frente- es incompatible con una militancia revolucionaria.

La presencia de Altamira en el programa de Gelblung no fue una decisión personal de Altamira o, por caso, del equipo de prensa del PO. En la última década Altamira participó de numerosas entrevistas radiales con ese periodista, primero en Radio 10 y ahora en Mitre, así como de reportajes en la televisión. En este largo tiempo, a nadie se le ocurrió criticarlo por compartir la mesa con el ex director de la revista Gente y colaborador político de la dictadura. Los medios están plagados de este tipo de personas, que la ‘democracia’ ha recuperado para sus propios fines. Los militantes revolucionarios hemos participado de numerosas actividades periodísticas con gente de esta trayectoria -siempre con el objetivo de difundir nuestros planteos y programas y para polemizar con los planteos capitalistas. Se trata de aprovechar las brechas de ‘la democracia’. El llamado ‘brindis’ fue otra entrevista política luego de las elecciones, y una forma de mantener abierto el canal de Radio Mitre para la fase siguiente de la campaña del Frente de Izquierda. La conducta de Gelblung bajo la dictadura sólo guarda una diferencia de grado con la de, digamos, Eugenio Zaffaroni, un juez de centroizquierda que juró por el Estatuto de Reorganización Nacional de la dictadura.

D’Atri arguye que una compañera hija de desaparecidos ha iniciado una acción judicial contra Gelblung por la responsabilidad que le cabría en el secuestro de sus padres. Si es así, no lo sabíamos. En todo caso, este hecho invalidaría cualquier entrevista con Gelblung, anterior al llamado ‘brindis’ o en el futuro. Hasta donde llega nuestro conocimiento, Gelblung no figura en ninguna acción de las organizaciones de derechos humanos por colaboración práctica con crímenes de lesa humanidad. De todos modos, alguien debía haberle avisado a D’Atri que la realización del llamado brindis le fue comunicada a los dirigentes principales del PTS y de IS, en el café de Tucumán y Talcahuano el 8 de agosto, en la previa a la presentación del recurso de inconstitucionalidad del piso del 1,5%. En la ocasión, “Chipi” Castillo, Myriam Bregman, Giordano y otros varios dirigentes de ambos partidos celebraron el relato que hizo Altamira de la entrevista con Gelblung, que versó sobre la crisis mundial, así como de la invitación para participar de un ‘brindis’ el lunes siguiente, en una apuesta sobre el ingreso del Frente de Izquierda en la campaña electoral. El ‘brindis’, en una mesa de radio con numerosos periodistas que habían anunciado que votarían al Frente de Izquierda, no tenía por objeto festejar la graduación democrática de “Chiche” Geblung, sino una victoria -en ese momento eventual- del Frente de Izquierda. Ibamos con nuestras posiciones, no con las del periodista. En dos transmisiones directas por TV, Altamira fue el único dirigente que vinculó la lucha del Frente de Izquierda con la IV Internacional. D’Atri pertenece a una corriente histórica que celebró como una manifestación de independencia de la mujer la presencia de la esposa de Videla en el Mundial del ’78 y que, en 1981, reclamó una ley de amnistía para detenidos y para militares que hubieran violado derechos humanos -algo que nuestra corriente combatió con toda su fuerza junto a Madres y a Familiares. No sabemos si para aquella época la mencionada ya había nacido o tenía conciencia de sus actos, pero no recordamos que hubiera criticado semejantes tropelías políticas.

La campaña pública de D’Atri contra Altamira, a las pocas horas de una victoria de la izquierda internacionalista que lo tuvo como protagonista principal -y en el comienzo de una etapa aún más desafiante para nuestro Frente-, sólo puede explicarse a partir de una posición que considere un retroceso del Frente como un mal menor -lo peor sería una consagración del liderazgo conseguido por Altamira. No se encuentra otra razón para este desatino, que evita el camino de una clarificación al interior del Frente y una discusión interna entre camaradas de lucha. D’Atri consuma el paso que va de la ofuscación sectaria al liquidacionismo. En dos ocasiones recientes Altamira convocó a los partidos del Frente a un debate interno: en la asamblea con activistas de Foetra, cuando llamó a evitar fisuras en la exposición del Frente en la campaña electoral y discutir las divergencias pasadas y presentes en tiempo (luego de las elecciones) y forma (boletín interno), y en el acto frentista en La Plata, cuando advirtió contra los discursos auto-referenciales y llamó a aprovechar la campaña electoral para desarrollar el interés de las grandes masas y para iniciar un boletín interno para discutir la construcción de un partido revolucionario.

No hace falta decir que enfrentamos el peligro de un sabotaje al Frente de Izquierda desde adentro.

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